Vecinos.

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Los primeros rayos de sol aparecían iluminando el valle de ensueño que se apreciaba a través de la ventana de su habitación. Se levantó con energía suficiente para preparar un buen desayuno y comenzar su día, alimentó primero a su manada quienes desde temprano se hicieron notar, en realidad habían ladrado toda la noche, pero era tanto el cansancio que Francisca no se molestó en averiguar el porqué de los ladridos, y lo atribuyó a al cambio de casa.

Su pijama de verano era un short con diseño de galaxia y una polera oversize con el dibujo de un alien, en sus pies unas pantuflas en forma de pizza y esta mañana lucía un peinado no muy ordenado, acostumbraba a tomarse el pelo a la rápida para hacer las cosas de la casa. Siempre se acomplejó por ello, porque en el pasado le cuestionaron hasta eso. Hoy se miraba en el espejo y ya no le importaba, total seguiría haciéndolo siempre. Le gustaba como lucía, finalmente había bajado de peso dejando atrás kilos que guardaban dolor, mucho dolor, logrando al fin la figura que siempre quiso tener, hoy se preocupaba realmente de ello, hacía ejercicio regularmente para mantenerse, se había propuesto nunca más volver a cómo estuvo años atrás y no solo por un tema de apariencia, sino que de actitud, todo el cambio que se encontraba realizando hace más de un año daba frutos y lo notaba en su cuerpo que ahora podía mirar y admirar en un espejo, su pelo era largo y negro con toques color violeta en las puntas, piel blanca, ojos grandes de un brillante café con enormes pestañas, y hoy al fin lucía una hermosa sonrisa. Físicamente estaba como se había propuesto y psicológicamente estaba digamos que en camino; había tomado terapia, había hablado con su amiga, había cambiado sus hábitos y hasta se cambió de casa, en definitiva estaba cambiando de rumbo, hizo lo que pudo para salir del hoyo que se encontraba hasta hace un tiempo atrás, por eso no podía volver, por nada del mundo a lo que fue aquél infierno para ella, ahora lo veía con claridad: sí, era un infierno.

Estaba observando su ahora amada figura en el espejo cuando escuchó que su manada ladraba hacia un punto fijo de la casa. Salió a corroborar de qué se trataba, cuando divisó a unos metros de la entrada de su casa un pequeño perrito asustado, su primer pensamiento fue que lo habían abandonado y como vieron que ahí había varios perros, lo dejaron, era lo más obvio, o al menos eso la hizo pensar la costumbre de su experiencia en el antiguo pueblo, hasta que lo tomó en brazos y se dio cuenta que tenía un distintivo con el nombre "Akari". Pensó que su dueño/a estaría cerca y que probablemente fuera algún vecino, llamó al número que aparecía en el distintivo y no comunicaba, lo intentó varias veces y nada. Le ofreció algo de agua y lo acarició hasta que el miedo en él desapareció.

Pasó alrededor de una hora y nadie venía por él, así que comenzó a tomarle fotos al can para publicar en redes sociales y así encontrar a su familia, se notaba que lo cuidaban, que seguramente habría alguien desesperado buscando por él. Pasó otra hora y nada aún, solo gente que compartía la publicación.

Se soltó el pelo, lo peinó un poco con sus manos, se lavó la cara y los dientes, se "arregló" un poco, amarró un extremo de su polera a un lado quedando marcada su silueta, estaba por cambiar sus zapatos cuando oyó nuevamente a sus perros ladrar con desespero, aún lucía sus adorables pantuflas. Tomó a Akari en brazos y se dispuso a salir en busca de quien pudiera ser dueño de aquel adorable perrito. Estaba abriendo la puerta que daba hacia una calle que no era para nada concurrida, de hecho los vecinos más cercanos estaban a una distancia considerable, comparado con lo que era tener vecinos en la ciudad, pero para su mala suerte, solo alcanzó a ver el destello de lo que sería un auto gris, el cual iba a toda velocidad dejando en el aire una nube de polvo, alcanzó a divisar el a una mujer que llevaba unos lentes de sol que cubrían la mitad de su rostro, el cual reflejaba estar lleno de amargura.

Cuando la nube de polvo desapareció vio frente a ella a un hombre no muy alto, rubio, de ojos azules, con una amplia sonrisa que transmitía tranquilidad, su angelical rostro hacía juego con sus pecas.

Esos ojos JaponesesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora