Mientras Libertad caminaba sin rumbo fijo por el pueblo, pensando en todo lo que había hecho y lo que probablemente habría pasado, en la consulta de Francisca aún se encontraba la pareja abrazada, sin decir nada más que consolarse mutuamente.
Secaron sus lágrimas y también caminaron, pero ellas fueron rumbo al lago, a un hermoso lugar que había un poco más alejado de todo, el que les brindaba la seguridad para poder hablar sin que nada ni nadie las interrumpiera. Suspiraron al llegar y pese a que ya se habían abrazado debían afrontar una conversación seria en la que dejaran claras las cosas de una vez por todas.
Se sentaron una frente a la otra mirando la hermosa luna que les regalaba esa tranquila noche, la que les daba la luz perfecta para mirarse a los ojos y hablar con el corazón. Akiko le explicó detalladamente qué le había pasado, qué es lo que escuchó y lo que la hizo sentir tan mal, mientras Francisca solo la miraba y seguía atando cabos en su cabeza, la borrachera había disminuido, pero aun sentía los estragos en su cuerpo, no quería arruinar nada, y aunque, sabía que eso no era lo que tenía en mente, debía decir la verdad. Al mismo tiempo, no podía dejar de sentirte avergonzada, porque había confiado en quien no debía, y al hacerlo pudo echar toda su relación por la borda.
Francisca le explicó vagamente el cansancio acumulado que traía desde hace un tiempo, el estrés que significaba el trabajo, el cual había sido mucho últimamente, y fuera de eso, que necesitaba ayuda para algunas cosas y estúpidamente confió en quien no debía, pidió disculpas por eso, quería decir la verdad, pero al mismo tiempo evitar el tema, porque eso significaría hablar del porqué pidió ayuda, pero no quería hablarlo así, después de haber llorado y estar hecha un desastre a causa de lo mismo. Pero el llanto de su novia la hizo aterrizar, Akiko le había advertido en varias ocasiones respecto al acercamiento de Libertad y sus intenciones, se sintió tan mal porque inconscientemente dañó a la mujer que tanto amaba, y aunque pidiera mil perdones, no bastarían porque la incertidumbre y el daño que generó en Akiko, ya estaba hecho.
-Sé que aunque me deshaga en disculpas, no cambiará el hecho de que te dañé y dejé que las cosas avanzaran hasta convertirse en este desastre.
-Sé que no fue a propósito, pero sí, me dolió.
-Amor, todo lo que escuchaste fue un mal entendido. Sé que no debí confiar en ella, pero necesitaba ayuda y ella estaba ahí y dejé que lo hiciera.
-Sé que fue su plan alejarnos, y sé que no sabías acerca de sus intenciones, confío en ti, pero por favor tú confía en mí cuando te diga algo, porque no siempre son celos, mi intuición es grande y veo cosas que para ti pasan inadvertidas.
-Nunca más volverá a ocurrir algo así. Sé que muchas veces ambas sentiremos celos, pero por mi parte evitaré cualquier cosa que te haga sentir insegura o aumente tu ansiedad.
-Francisca, no necesitas hacer grandes cosas por mí, sabes que te amo infinitamente y que confío en ti, pero no todas las personas tienen buenas intenciones y yo solo quiero cuidarte, si en algún momento te enamoras de alguien más, yo sabré entender, pero mientras estamos juntas solo quiero cuidarte y hacerte ver todo eso que tu muchas veces ignoras por confiar en el resto, sé que tienes gente valiosa a tu alrededor y soy feliz por eso, pero así como hay personas buenas, también hay malas y no quisiera que alguna vez alguien te dañe, tú eres mi tesoro, Francisca.
En ese minuto se le quebró la voz, pero aun así siguió hablando porque era el momento de sincerarse y decir todo aquello que guardaba en el rincón de su mente que se abría pocas veces; los celos y la incertidumbre. Siguió hablando.
-Eres el regalo más hermoso que la vida puso ante mí, e incluso antes de conocerte lo sabía, sabía que un día llegarías, porque nunca perdí por completo la fe, y ahora que estás aquí no te perderé a ti, porque te amo, porque siempre te protegeré y me esforzaré por darte la mejor versión del amor, porque lo mereces, porque todo lo que me entregas es mi fuerza para el día a día, y sé que no debo depender de nadie emocionalmente, pero tu amor es el motor de mi vida, y sé que tú también me amas, por eso quiero seguir luchando, quiero que sigamos juntas hasta que seamos viejas, hasta que la vida nos alcance con su último aliento, hasta que nuestras manos arrugadas se tomen por última vez, quiero todo contigo Francisca.
Ahí estaba nuevamente Akiko abriendo su corazón totalmente nerviosa, siempre hablaba mucho en situaciones complicadas y se enredaba sola, pero ella estaba siendo totalmente honesta frente a la persona que sentía y estaba totalmente segura era el amor de su vida.
En ese minuto lo supo, no importaba la hora, el día, la situación o el lugar, solo importaba la compañía y el profundo amor que existía entre ellas, eso era suficiente para dar cualquier paso. Después de semanas de darle vueltas, de buscar maneras para hacerlo, después de casi perderlo todo por encontrar "la forma perfecta" supo que nada de eso importaba si la mujer que tenía al frente quería lo mismo que ella, el pensar en ambas envejeciendo la hizo estremecer completamente, tomando al fin el valor necesario.
-¿Quieres envejecer conmigo entonces? Dijo Francisca mirándola a los ojos con lágrimas aun en ellos, y sacando de su bolsillo trasero una pequeña caja con un hermoso anillo.
-Francisca yo... amm
Francisca pensó que todo se había ido al diablo y que recibiría ese temido no como respuesta a su petición, pues la cara de asombro de Akiko era evidente, y no sabía si eso era bueno o malo.
Akiko se abalanzó sobre ella robándole un beso y el aliento, mientras ella se dejaba llevar por el momento.
-Es lo que más deseo en el mundo. Respondió sin poder creer lo que estaba pasando.
-Sé que no es el momento más adecuado, o el lugar que había pensado para este momento, incluso yo aún estoy un poquito ebria. Dijo sonriendo, para luego añadir: Pero no quiero ver más esos ojos de dolor en ti, me parte el alma saber que sufres por mi culpa, y no podré perdonarme nunca saber que hoy lloraste por mí, jamás volverá a suceder, tú y nuestra manada son mi vida entera, y solo quiero vivir en este momento para siempre.
-Francisca, mi amor. Mírame. Le dijo tomando su rostro y secando lágrimas que caían sobre él. –Yo te amo, te amo tanto, tanto, que no imaginas. Nunca importará el momento ni el lugar, si es contigo siempre estaré bien. Mírame.
-Es que aún tengo pena...
-¡ACEPTO! Acepto ahora y siempre. Ven acá.
-¿De verdad? Dijo sin poder creerlo aun.
-Sí, amor. De verdad.
Se unieron en un abrazo suave y cálido, como si quisieran permanecer allí por el resto de la noche. Luego se miraron con esos ojos y esa mirada que guardaban exclusivamente la una para la otra, esos ojos de enamoradas, de perdidas en el tiempo y la existencia misma a causa de su amor, esa mirada profunda y atrapante que las incitaba a romper toda distancia con un beso necesitado, un beso de fuego que sellara su promesa de amor eterno.
Ambas permanecían abrazadas frente al lago con la luna de testigo, mientras se acariciaban y se perdían en el perfume de la otra, como de costumbre. Ya había pasado bastante tiempo desde que llegaron allí y la brisa de la fresca noche las hacia desear cobijarse bajo una manta y el calor de sus cuerpos. Supieron que debían irse cuando el viento comenzó a levantar la arena, haciendo incomodo el momento. Se levantaron rápidamente y comenzaron a correr tomadas de la mano.
Mientras corrían, Francisca veía el anillo en la mano de su prometida y aunque fuera la mujer más feliz del universo en ese momento, algo seguía doliendo y era la sensación de haberla dañado. La nostalgia de los días sin ella la hicieron detenerse y abrazarla, en medio del viento que cada vez tomaba más protagonismo. La abrazaba tan fuerte y delicadamente al mismo tiempo mientras tocaba su espalda de forma suave. Al separarse la miró llorando de emoción y le dijo:
-Kiki, yo te amo. Te amo demasiado y no quiero fallarte nunca. Solo quiero darte lo mejor de mí, perdón por dañarte, juro que es lo que menos quiero en la vida, te prometo que yo nunca te haría sufrir.
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Esos ojos Japoneses
RomanceUna mujer deja atrás su pasado para rehacer su vida, cambiando en todo sentido, incluso su rumbo. Su nuevo destino le trae esperanza, quizá aquí conozca a quien podría ser su alma gemela Solo sabe que está dispuesta a vivir nuevamente.
