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Merezco un amor bonito.

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Los problemas con Max llevaban un tiempo, tal como se lo había confesado a su vecina la noche anterior. Sentía que le mentía y como si fuera poco, en una de las últimas discusiones se habría exaltado de sobremanera por una estupidez, tanto así que el teléfono de Akiko voló por los aires hasta estrellarse en el suelo, quedando completamente inservible, y dejándola a ella incomunicada y temblando, los últimos días antes de que él se fuera por trabajo, habían sido así; gritos, peleas, y faltas de respeto que daban como resultado a una cada vez más delgada y ojerosa Akiko, ese era el porqué de sus gafas de sol, aquellas que cubrían su rostro de "amargura". Pero antes de irse había sido distinto, él anteriormente intentó arreglar las cosas el día de su aniversario, y todo fue medianamente bueno, hasta ahora que tuvo que marcharse, era por trabajo y lo entendía, pero de cierta manera esperaba que alguna vez se diera el tiempo de escucharla, de mirarla a los ojos y sentir algo más que una costumbre de tenerse al lado por años. Ella esperaba volver a sentir lo que alguna vez fue suspirar y pensar en un par de ojos azules, y escribir sus nombres mil veces, hace tanto había desaparecido, y no solo ahora último por las peleas, era de mucho antes.

Pensaba en eso mientras tomaba el segundo café de la mañana. Cuando Francisca se fue, se puso a ordenar de inmediato, ella ofreció a ayudarla, pero se negó, le gustaba asear su hogar a solas, porque lo disfrutaba, y porque de cierta manera quería reflexionar acerca de las confesiones que había hecho a una completa extraña, pero no se sentía mal por ello, al contrario, se sentía aliviada.

Ya se había duchado y ahora iba por la mitad de su segunda taza de café cuando sintió la voz de un hombre que debiese llegar supuestamente por lo menos en diez horas más, pero ahí estaba. Un enfadado Max entraba sin sigilo alguno a la casa, no esperaba encontrarse con su futura esposa despierta tan temprano, cuando la vio se sorprendió y pareció cambiar ligeramente de actitud, como si le agradara verla ahí, aun así solo dijo buenos días y se dirigió al baño. Después de unos veinte minutos salió renovado, pese al frío de la mañana, salió envuelto en una toalla que cubría solo la mitad inferior de su cuerpo y sorprendió con un abrazo por detrás a Akiko, quien servía el desayuno que preparó mientras Max se duchaba.

-Buenos días, mi amor. Dijo tomándola de la cintura y susurrándole al oído, muy cerca, para luego separarse y darle una palmada en el trasero.

Ambos desayunaron, esta sería la tercera taza de Akiko, quien solo había bebido café, pero no había comido nada, ahora lo hacía, por minutos hubo un silencio bastante incómodo. sabía que las cosas terminarían mal si le preguntaba el porqué de su temprana visita, si se supone que llegaría de noche, no le preocupaba que él llegara, era su casa, podía llegar cuando quisiera, pero sentía que le mentía y no sabía el por qué, empezaba a sospechar que era por ejercer algún tipo de control sobre ella. Quizá no era el único que pensaba que le mentían.

Pero no fue necesario preguntar, pues el solo le aclaró que quiso sorprenderla para poder pasar el día juntos porque la había extrañado, dijo cerrándole un ojo de manera coqueta.

-¿Por qué? Dijo como si ella hubiese sido quien preguntó.

-¿Tienes miedo de que te sorprenda en algo? Dijo en un tono un tanto sarcástico, ¿o era de broma? A estas alturas ya no sabía interpretar el lenguaje de Max, de ninguna manera en que lo hiciera, se sentía ajena, sin ganas, sin chispa.

Ella solo lo miró y luego miró hacia otro lado negando con la cabeza, dejando en clara su decepción, a lo que él reaccionó tomándole la mano y queriendo acercarse más para besarla.

-Se te enfriará el café. Debes comer algo, te ves cansado. Lo interrumpió ella.

-Tienes razón, debo tener fuerzas para lo que quiero hacer luego... Insinuó de una manera más vulgar que seductora.

Esos ojos JaponesesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora