Confesiones... Y una penitencia.

43 4 4
                                        


Eran alrededor de las 20:00 horas y Francisca ya se encontraba en su casa, como de costumbre se aseguró de que sus perros estuvieran bien y estuvo con ellos, se dio la anhelada ducha en la que pensó desde que se puso a llover. Hizo sus cosas con tranquilidad y mientras secaba su pelo encendía la música que la acompañaría esa tarde. Había comido suficiente ya, pero se sirvió una copa de vino que disfrutaba bailando al son de la música.

Si bien es cierto, no era una persona sociable, pero en ese minuto sentía ganas de conversar y compartir, quizá porque pensaba quedarse hasta más tarde en el bosque, pero la lluvia había arruinado sus planes. Pero sentía ganas de compartir, llamó a Vanessa pero en ese momento estaba ocupada, así que no podía contestarle. Le gustaba estar sola, disfrutaba los momentos con ella misma, pero a veces la nostalgia la envolvía, igual que aquél tabaco que enrolaba con sus manos, normalmente no fumaba cigarrillos, solo de marihuana, pero cuando la nostalgia aparecía, de una forma muy cliché le hacía honor encendiendo un tabaco y tomando de la copa.

Ya no llovía, o no de corrido al menos, la noche era oscura, casi sin luna y el cielo era completamente negro, corría un viento tibio que consumía más rápido su cigarrillo. Sintió ganas de preguntarle a su vecina si tenía algún plan, Max llegaba la siguiente noche, pero creyó que quizá era demasiado para un solo día, estuvo varios minutos decidiendo si enviar un emoji o no, pero no lo hacía, cuando estaba por servir una segunda copa, una notificación iluminó la pantalla de su celular. Y al abrir el mensaje quedó sorprendida porque nuevamente esto le daba indicios de que había una conexión.

El mensaje contenía solo un emoji y dos signos de interrogación: 🍻?? Francisca sonrió y respondió que una hora llegaba allá.

Y así fue, puntual como siempre, una hora después estaba frente a la puerta de Akiko con una bolsa que contenía hamburguesas vegetarianas y papas fritas. Ella sabía que su vecina la invitó a tomar cervezas, pero nunca le gustó llegar con las manos vacías a alguna parte, y esas hamburguesas llamaron su atención el otro día en el pueblo. Fuera de eso, asumía que si ella la había invitado, ella tendría las cervezas, y en efecto, así era.

Abrieron una cerveza cada una y se sentaron a comer, ambas disfrutaban de la comida y la compañía, Akari estaba con ellas, y Tora, su gato las miraba desde arriba del refrigerador. Mientras comían veían televisión, al parecer una película de intriga y suspenso y ambas se metieron en la trama hasta que las envolvió y ni siquiera notaron cuando estaban una en cada sofá de la sala de estar de Akiko, con los ojos pegados a la pantalla, cuando la película terminó, hablaron acerca de la interesante trama por un tiempo, hasta que llegaron a otros temas.

Ambas sentían que ya compartían un vínculo, era inevitable sentir que tenían la misma vibra, que se llevaban muy bien, pero no sabían cómo avanzar, a ambas les costaba, pero entre ellas era distinto, podían mirarse y no necesitar palabra alguna o hablar durante horas, y este era el caso, ahí estaban hablando fluidamente. La última vez que Francisca vio la hora era temprano aún.

Mientras hablaban Francisca le preguntó si podía salir a fumar afuera un tabaco. Akiko le respondió que podía fumar adentro, que no le molestaba el olor, y añadió levantando una ceja, que ella también quería fumar. Pero Francisca le insistió en salir, le gustaba sentir el viento tibio mientras expulsaba el humo y sus pensamientos se iban con él. Akiko la acompañó, pero tapada hasta la cabeza con una frazada. Ella no podía entender cómo Francisca podía estar solo con una polera manga corta, simplemente no podía entenderlo, y a Francisca le pasaba lo mismo, no podía entender que su vecina tuviera tanto frío. Pero no era algo que a ninguna le molestara, solo les llamaba la atención.

Encendieron el tabaco y comenzaron a filosofar de la vida, conversando del espacio, las estrellas que no veían en ese instante y se les ocurrió que sería un buen panorama, tanto así que la próxima noche despejada se juntarían a observar el cielo.

Esos ojos JaponesesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora