Cambios.

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Akiko pensó que tendría problemas al llegar a casa, pero solo tuvo la indiferencia de un hombre que parecía desconectado de la tierra, uno que estaba viviendo en otro mundo, y volvía de vez en cuando de diferentes formas, incluso las peores, pero no había golpes, no aún, y no esperaba que los hubiera, pero sabía que debía manejar diariamente las situaciones cotidianas a su favor para que todo siguiera de esa forma. Eso ya la estaba cansando, día a día era un calvario vivir en la incertidumbre de no saber de qué manera volvería Max, con qué actitud de parte de él se enfrentaría cada vez que cruzaba la puerta de la casa al regresar del trabajo.

Esta vez tenía apoyo nuevamente y eso la distraía, poder compartir con sus vecinas quienes ahora eran su mayor respaldo, trabajar para desconectarse y sus amadas mascotas hacían que valiera la pena intentarlo. Si bien es cierto Olivia no sabía la verdad porque ella se lo hubiera dicho, Olivia solo había visto que de parte de ella solo existía la evidente molestia que le generaba su futuro esposo, tampoco sabía lo que Francisca había hablado con ella, pero no había que ser muy inteligente para darse cuenta de que esa mujer sabía la verdad, tampoco iba a entrar en conversaciones respecto a eso, no hacía falta hablarlo, pues Olivia era muy buena consejera y gracias a todos sus consejos estaba llevando los días con mayor alegría, pero de vez en cuando tenía que ceder ante una caricia, un beso y a veces algo más, no se sentía orgullosa de aquello, buscaba el valor para enfrentarlo, sabía que él la engañaba, pero eso no era lo que más le importaba en ese momento, sino la violencia, eso no acabaría por más que él se lo prometiera, porque aunque en todo ese tiempo no había vuelto a haber golpes como tal, existían otras cosas, y algo no menor, el hecho de que en la cabeza de él aún habitaba la intención del matrimonio y eso la ponía nerviosa, sabía que ese día no llegaría porque no se permitiría llegar hasta él, pero ahí estaba, dejando pasar más y más días sin enfrentar nada, sus amigas la apoyaban y aconsejaban, eso era lo más importante ahora.

Max, su amado Max, ese que alguna vez la hizo temblar con solo mirarla, ahora era un ente casi sin vida, a veces quería ayudarlo, pero recordaba cada golpe, cada grito, cada mal trato hacia ella, cada vez que se veía obligada a ceder a estar con él íntimamente, y aunque, lo evitaba con todas sus fuerzas sentía que ya no podría aguantar más, simplemente debía reunir el valor que le faltaba y empezar de nuevo, eso la hacía desistir de la idea de ayudarlo o verlo como víctima, independiente a lo que le sucediera, eso no era excusa para todo lo malo que la hacía vivir, sobre todo después de tantos años de haberle dado todo, de haber querido compartir su vida con él, con quien solía ser su mejor amigo, hoy no había siquiera un vestigio de aquello, solo un cuerpo que era el mismo de siempre, solo que hoy no le provocaba nada bonito, ningún sentimiento bueno, solo repulsión y rechazo.

Se acercaba su cumpleaños y no quería arruinarlo, aún se encontraba en la disyuntiva de si hablar con él antes o después de ese día para aclarar las cosas, sabía que si lo hacía antes, su cumpleaños nuevamente sería gris y no quería eso, ya lo había pasado bastante mal desde hace un tiempo, no es que toda la vida haya sido así, al principio, Max se encargaba de llevarla a algún lugar especial para cenar y luego hacían cualquier otra actividad que una pareja hacía, lo típico, pero eso le bastaba a ella para ser feliz, se conformaba con sentir su abrazo y estar con él, pero al menos los dos últimos años ya se había perdido un poco esa magia junto con la chispa que a estas alturas no recordaba cuándo se había extinguido, siempre pensó que fue cuando él se mudó con ella, porque ya no era el príncipe que solía idealizar en su cabeza, a veces pensaba que nunca existió tal cosa, aun así hasta hace un tiempo atrás sentía que aún lo amaba, y eso mantuvo sus fuerzas en salvar la relación, pero desde que le puso un dedo encima todo cambió, el primer golpe no había sido el de meses atrás, había sido mucho antes y ella se empeñó en borrar ese recuerdo, hacer como si no hubiera pasado para seguir con su historia de amor, aún hasta ese momento lo amaba, pero ahora era distinto, ya todo había cambiado, lo quisiera o no, las cosas jamás volverían a ser lo mismo, y pese a que lo intentó mucho tiempo, ya no podía... no podía con ese sentimiento que la ahogaba, hoy sentía que solo era la costumbre y el miedo, pero debía afrontarlo ¿cuándo? eso era lo que seguía pensando, pero decidió que sería después de su cumpleaños, quería realmente tener una buena celebración, lo merecía, y estaba decidida a tenerlo. En su cabeza había varias ideas para ello.

Esos ojos JaponesesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora