Francisca logró dormir casi dos horas después de casi solo repetir las palabras de Jena en su cabeza. Su cuerpo dolía, le costó moverse porque había permanecido en la misma posición desde que Akiko se quedó dormida, y eso aparte del dolor provocado por los golpes, la tenía acalambrada. La observó dormir mientras pensaba en lo que venía, en todo lo que la echaría de menos si en realidad se concretaba el viaje.
Quiso no meter ruido o hacer el menos posible, pero no era muy buena en la cocina, y quería tener todo a listo a tiempo para que al despertar ambas hermanas desayunaran sin tener que preocuparse por preparar algo, el día extrañamente era soleado, así que para no estar dentro de la casa arregló todo en la terraza. Ambas agradecieron por el desayuno y se incorporaron a la mesa para disfrutar de aquellos manjares.
La conversación que tuvieron en la mesa fue dolorosa, pero cuanto antes la tuvieran, mejor sería para digerir todo de una vez y ponerle fin al asunto, dilatarlo más, sería aún más doloroso a largo plazo. Con mucha tristeza reconocieron que lo mejor era que Jena se llevara a Akiko por un tiempo a Japón, era necesario hacer algo al respecto, quedarse ahí significaría recordar a diario lo ocurrido y su sistema nervioso ya no soportaría una crisis más, necesitaba sanarse y volver a sus raíces quizá le haría bien, viajar, disfrutar, conocer, expandir su experiencia laboral, había muchos puntos positivos respecto al tema, pero por otro lado había una sola razón que le hacía el peso a todo lo demás y aunque fuera una sola, la balanza se inclinaba hacia su lado, porque para poder cumplir con cada uno de esos maravillosos puntos positivos debía alejarse de la única persona de la cual no quisiera separarse nunca. Francisca no lloró, durante la noche pensó que lo más probable era que pasara justo aquello, y se preparó mentalmente para el momento. Sostenía con fuerza la mano de Akiko haciéndole saber que todo estaría bien, que ella seguiría estando ahí aunque fuera en la distancia.
El viaje de Jena estaba programado de antemano, solo tenían cinco días para arreglar todo, querían aprovechar el mismo vuelo y así lo harían, Jena se estaba ocupando de aquello y lo conseguiría. Francisca tenía esos días de reposo por las lesiones, entonces podía pasarlos con ellas, así que para no quedarse en casa fueron a pasear por lugares cercanos para despejarse un rato y aprovechar, querían pasar el menor tiempo posible en casa, y el día estaba lindo para disfrutar, luego de pasear almorzaron en un restaurante y finalmente fueron al cine. Akiko nuevamente se sentó en medio de su hermana y Francisca, pero esta vez en vez de acurrucarse con su hermana, lo hizo con Francisca, entrelazaron sus manos y juntaron sus cabezas, ni siquiera vieron la película porque ellas estaban en la propia, entre caricias, miradas y suspiros. Desearon que la película durara más porque así habrían tenido más tiempo para perderse en su burbuja y navegar por alguna galaxia, con todo el universo de testigo.
Volvieron a casa y compartieron una cena que prepararon entre todas, hablaron de los pormenores del viaje y aunque fuera doloroso era necesario afrontarlo cuanto antes y asumirlo de una vez, ya no era tenso hablar de eso, doloroso seguiría siendo siempre, pero tenso no, era parte de la realidad que debían enfrentar. Luego de un momento Jena dijo que iría al baño y no regresó más. Francisca y Akiko se quedaron con sus manos entrelazadas, cuando notaron que probablemente Jena no regresaría más se abrazaron y apagaron las luces para permanecer perdidas en el fuego de la chimenea que alumbraba todo el lugar. Jena se había dormido en la cama y eso significaba que si querían dormir juntas nuevamente como la noche anterior, tendrían que hacerlo ahí, en el sillón y no era nada cómodo puesto que ambas estaban lesionadas y Francisca no había dormido casi nada la noche anterior, Akiko se preocupaba por su salud y quería verla bien, así que permanecieron un momento más abrazadas para luego despedirse, les quedaba poco para disfrutar y les dolía despedirse, este cambio tan repentino les hacía doler el corazón, pero ambas sabían que era lo mejor, demoraron como últimamente hacían cada vez que se despedían, pero ya se hacía tarde y debían descansar. Quedaron de acuerdo que los siguientes días pasarían un tiempo a solas para hablar y poder despedirse. Durante esos días compartieron lo que podían dentro de lo que sus adoloridos cuerpos les permitían. Pero la última noche querían que fuera especial.
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Esos ojos Japoneses
Любовные романыUna mujer deja atrás su pasado para rehacer su vida, cambiando en todo sentido, incluso su rumbo. Su nuevo destino le trae esperanza, quizá aquí conozca a quien podría ser su alma gemela Solo sabe que está dispuesta a vivir nuevamente.
