Deslizó la pantalla para contestar la video llamada.
-¿Cómo estás? Se oyó desde el otro lado al mismo tiempo que lanzaba una cara de intriga.
-Bien, cansada solamente, ha sido un día agotador. ¿Y tú?
-Bien también, ya en casa con los gatos.
Así fluyó la conversación hasta llegar a temas más importantes y otros más triviales, esa era la magia de Vanessa, podían hablar durante horas de lo que fuera, día a día era así y siempre había algo nuevo que contar, y las veces que no era así, podían repasar conversaciones anteriores y reír o llorar nuevamente, pero jamás un silencio incómodo. La confianza y el respeto era la base principal de su relación.
FLASHBACK.
Era el primer día de clases del primer año de enseñanza media, Francisca se sentó al fondo del salón esperando pasar desapercibida, la persona que entraba por la puerta no pensó lo mismo puesto que entraba en aquella sala, atrasada y con una gran sonrisa en su rostro. Divisó un asiento desocupado que casualmente se encontraba delante de Francisca. Ella solo se limitó a observar dando paso a una extraña sonrisa acompañada de un pensamiento nuevo...
Fin del Flashback.
-Bueno, ese fue mi día... Ahora hago un poco de aseo, más tarde viene Matías por mí, hoy cenaremos fuera de casa.
-Me alegro de que estés bien, solo era cosa de tiempo, sabíamos que el día llegaría para ambas y así está siendo, al menos para ti. Añadió Francisca con una sonrisa.
Vanessa siempre había sido una mujer de esfuerzo, provenía de una familia religiosa donde por cosas del destino ella de a poco terminaría siendo la oveja negra ante los demás, pero esta era la oveja más justa y real que hayan visto sus ojos alguna vez. Su familia sanguínea se componía de su madre, su hermana y su marido, y el resto eran familiares a los que lejanamente veía, pero su familia más importante era su hijo Ignacio, su casa llena de plantas y sus amados gatos. Siempre se esforzó por que a su hijo no le faltara nada y pese a que a veces fue difícil, siempre siguió adelante, costó lágrimas y ataques de pánico, a veces sentía que sus lágrimas la inundarían, pero siempre pudo volver a la superficie, sabía que algo mejor vendría para ella y su entorno. Más que desearlo, lo merecía, ella merecía que cada día de su vida fuera más feliz que el anterior.
Ella era una mujer solitaria, arisca, asocial, pero con un corazón puro, inteligente, autónoma, independiente y empoderada eran algunas de las palabras que le hacían juego a su personalidad. El día de hoy Vanessa estaba en la cima de su vida y su carrera, luego de años de sufrimiento debido a una mala experiencia amorosa, varias malas experiencias laborales y unas cuantas más personales, logró sacar adelante su segunda carrera y convertirse en la abogada exitosa que siempre quiso, y no solo eso, hoy en día era la mejor del país. Gracias a su esfuerzo, al fin había comprado aquella casa que al principio estaba en ruinas, pero ella siempre vio su potencial. Era abogada de profesión, pero artista de corazón y gracias a eso siempre pudo ver más allá de todo, en este caso de aquella casa que comenzó a embellecer con sus propias manos, poco a poco fue haciendo y cumpliendo cada uno de los sueños que tenía para ese lugar, especialmente las hortensias que adornaban un hermoso jardín que hoy estaba lleno del pasto que alguna vez escaseaba en el lugar. Pero el logro que más la emocionaba era que por fin en un rincón de ese patio se encontraba el "Catio" un lugar diseñado y adornado exclusivamente para que sus gatos jugaran por horas, verlos ahí era una de sus postales favoritas en la vida, en realidad ver a sus gatos haciendo nada ya lo era, pero verlos cumpliendo uno de los tantos sueños que alguna vez tuvo, era una sensación incomparable.
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Esos ojos Japoneses
RomanceUna mujer deja atrás su pasado para rehacer su vida, cambiando en todo sentido, incluso su rumbo. Su nuevo destino le trae esperanza, quizá aquí conozca a quien podría ser su alma gemela Solo sabe que está dispuesta a vivir nuevamente.
