Capítulo 4

8.6K 745 117
                                        

Ha dudado demasiado en dispararme, llega a ser un enemigo y estaría descuartizada

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Ha dudado demasiado en dispararme, llega a ser un enemigo y estaría descuartizada.

Mientras va a por su maletín, huelo su almohada como un adicto y la suelto cuando entra en la habitación.

Lleva un pijama rosa y el pelo recogido en un pequeño moño con algunos pelos sueltos, es muy adorable.

Se desinfecta las manos y se pone unos guantes, mientras yo la observo.

Corta mis pantalones y analiza bien mi herida.

— No está muy profunda, puedo sacártela aquí mismo.— Dice como una experta.

— Hazlo, entonces.— Asiente sin mirarme y va a sacar un sedante.

— No me gustan los sedantes, hazlo sin.— Frunce su ceño.

— ¿Estás seguro? Ya sabes que debo meter las pinzas para sacarla.— Se me escapa una pequeña sonrisa y ella se queda mirándola.

— Estoy muy seguro, adelante.

Trabaja tranquilamente y concentrada mientras yo miro su cara.

— Deja de mirarme así, me estás asustando.

— ¿Me tienes miedo?— Para de trabajar y levanta la mirada hacia mí.

— Un poco.— Dice dudosa.

— Está bien eso, es lo mejor.— Vuelve a meter las pinzas y sigue intentando sacarla.

— ¿Cómo has podido entrar? ¿Y cómo has subido hasta un noveno por el balcón?

— ¿Quién ha dicho que he subido?— Introduce fuerte las pinzas, por los nervios y siseo de dolor.

— Lo siento.— No sé qué provoca en mí cada vez que pide disculpas.

— Si no puedes sacarla, abre más mi piel y sácala, total, puntos tendré que llev...— Antes de terminar de hablar, ya tiene la bala brillando en sus pinzas.

— Listo.— Dice orgullosa.— Te desinfecto y te coseré.

Y así lo hace, termina de ponerme los puntos y se levanta, llena de sangre, mi sangre y me gusta.

— ¿Puedes levantarte?

— Bueno, me duele un poco.— Miento, puedo hasta correr.

— Solo quiero cambiar las sábanas para que puedas descansar.— Mierda, ¿me va a dejar quedarme? ¿En su cama?

— En ese caso, espera que lo intento.— Me hago el cojo y gruño haciendo el mejor papel de mi vida.

Ella saca las sabanas rápidamente y abre un cajón del que coge unas nuevas y limpias.

Cambia todo en un tiempo récord y me mira.

— ¿Quieres ducharte? Estás lleno de sangre.

— Sí, pero no sé si podré solo.— Me mira con carita de pena y no entiendo cómo mierda es tan buena persona.

— Puedo ayudarte, aunque en calzoncillos si puede ser, me incomoda ver a la gente desnuda.— Esto es mejor de lo que esperaba, quiero que me dispare más a menudo.

— Tenemos un trato.— Se acerca a mí y no sé qué va a hacer, pero es un sí a todo.

Me agarra del brazo y se lo pasa por el hombro, y me ayuda para llegar al baño.

Su baño es grande y tiene todo organizado, y de color rosa.

Me suelta lentamente y procede a sacar toallas también de color rosa.

— Lo siento, solo tengo de este color.— Dice sonrojándose.

¿Por qué hace eso?

— Lo he notado.— Le digo mientras me quito la camiseta y ella se gira para darme "privacidad"

— ¿Por qué te giras? ¿A caso no me vas a ayudar a ducharme?

Se aclara la garganta y vuelve a girarse hacia mí, sus ojos se disparan a mi pecho y mis abdominales y se pone como un tomate.

Me desabrocho los pantalones y se pasa la mano por la frente apartando su flequillo, parece que se esté midiendo la fiebre.

Bajo la bragueta lentamente y veo como su garganta hace el esfuerzo de tragar fuerte. Realmente no entiendo si le gusta o no esto, si no me lo dice con sus palabras, poco podré deducir ya que a veces me cuesta entender las emociones de otra persona.

— ¿Estás bien?— Le pregunto.

— S... Sí, por supuesto, ja ja.— Se ríe nerviosa.— Es solo un cuerpo humano, no es nada.— Me aguanto la sonrisa que amenaza por salir y me bajo los pantalones.

Llego hasta mis muslos y hago el que no puede agacharse más. Quiero llevarla al límite hasta que hable.

— ¿Puedes ayudarme a bajarlos?— Asiente varias veces con la cabeza y se pone de rodillas. Santa mierda, es tan pequeñita que verla así me está matando.

Posa sus manos en mis pantalones y los baja lentamente para no lastimarme en la herida.

Una vez llega al suelo, levanta su mirada hacia mi y tengo que respirar y contar hasta diez, para no decir lo que pienso ahora mismo.

Se levanta y me mira de arriba abajo, cuando ninguno de los dos habla, se acerca a la bañera y abre el agua.

Entro y veo todos los jabones que tiene, todos brillantes y con olores a fresas.

— Lo siento, no tengo nada más.— Y sí piensa que me va a molestar llevar su olor en mi cuerpo, está loca, más que yo.

Mi cuerpo empieza a mojarse y ella me repasa con la mirada. Me enjabono rápidamente la cabeza y empiezo con el cuerpo, cuando llego a mis piernas, Colt se acerca y me mira pidiéndome permiso, y solo Dios sabe lo guapa que es cuando actúa así.

Pasa la esponja por mis muslos y noto como su mirada va directa a mi polla tapada por una simple tela, que está más dura que una piedra, pero es tan buena que aparta la mirada y sigue enjabonándome las piernas.

Sus manos resbalan por mi piel y siento que si no la freno, esto no acabará bien.

— Está bien, Colt.— Se levanta de prisa y asiente. ¿Por qué es tan servicial?

— Voy a por algo de ropa.

Srta.ColtDonde viven las historias. Descúbrelo ahora