Capítulo 52

7.4K 874 173
                                        

Canción que debéis escuchar para este capítulo: Pillowtalk- Zayn. (Ya sabréis en que momento ponerla, sin defraudarme.)

Dario no aparta la mirada de mí ni un segundo, sus ojos ardiendo con un fuego que amenaza con consumirlo

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Dario no aparta la mirada de mí ni un segundo, sus ojos ardiendo con un fuego que amenaza con consumirlo. Inari entra a la sala, con pantalones de vestir oscuros y  una camisa blanca desabrochada, sin corbata. Nunca lo había visto tan poco formal en mi vida, y ese detalle, solo lo hace más peligroso.

Sus ojos encuentran los míos al instante, y no vacila al avanzar hacia mí con pasos firmes. Su postura es tranquila y nada defensiva, incluso el tono de su voz es estable, casi monótono.

—Te dije que debías confiar en mí. —dice, recordándome una de nuestras citas, cuando me pidió que le entregara mi lealtad sin reservas. —Había, al menos, mil formas de convencerme a unirme al hombre que está arrebatándome lo que hace más de dos décadas me prometieron. —su mirada nunca se posa en Dario; las palabras son para mí, pero el toque amenazante es palpable. —Para acabar con los Qing y dejarte libre. —añade, suavizando su tono en las últimas palabras. —Pero has hecho que una jodida asesina venga tras algo que es únicamente mío, Ann. Eso no te lo dejaré pasar fácilmente.

Su amenaza es clara y brutal, pero antes de responderle, Millan me interrumpe.

—¿Qué ha hecho Cero para cabrearte tanto?

Inari gira hacia ella con una sonrisa calculada. Sin embargo, su próximo ataque no es para Millan, sino para Alessandro.

—¿Dejas que una mujer hable en tu nombre? Los italianos y su obsesión por cambiar la historia del crimen organizado. —dice, soltando una risa de puro veneno.

Pero el Don, le devuelve el golpe con la misma letalidad.

—¿Crees que me ofendes? Al menos mi mujer no lleva el hijo de otro hombre. Y, para ser exactos, de un italiano. —se reclina en su silla con la confianza de un rey, mientras toma la mano de Gianna y la posa deliberadamente sobre su muslo.

La sonrisa de Inari se amplía, como si el comentario no le afectara.

—Voy a salir victorioso de esto, Alessandro. No soy yo quien ha venido con todos sus seres queridos a territorio enemigo. —Sus ojos vuelven a encontrarse con los míos, y esta vez sus palabras caen como un látigo: —¿Es mío?

El mundo se tambalea bajo mis pies.

Benelli exhala un suspiro pesado, mientras que Dario, con un movimiento seco, deja caer su silla hacia atrás poniéndose de pie, llenando la sala con su altura.

—¿Por qué dices eso? Tú y yo no hemos... —intento responder, pero mi voz se apaga antes de completar la frase.

—No has tocado ni un jodido pelo de ella, así que no inventes. Ann ha sido únicamente mía. —dice Dario avanzando hacia mí. La chispa está ahí, a punto de encenderse, e Inari, con una sonrisa cruel, está decidido a ser la llama que lo quema todo.

Srta.ColtDonde viven las historias. Descúbrelo ahora