Capitulo 7.15

5 0 0
                                        

La tercera noche regresó a su lugar en la esquina del salón de clases no utilizado inmediatamente después de la cena.

Estaba empezando a retrasarse en su propio trabajo, y sabía que su escritorio tenía muchas lechuzas sin abrir para que las ordenara cuando regresara, pero también sabía que él era el indicado para ayudar a Harry a comprender el poder del Espejo de Erised. Así que esa noche decidió quedarse.

Antes de lo que había aparecido las últimas dos noches, Harry entró al salón de clases apresuradamente, quitándose la capa y hundiéndose en el suelo frente al espejo. De inmediato Albus se percató que esta noche estaba solo. Esa sería la mejor oportunidad para él de poder dialogar con el muchacho.

-Entonces, ¿de vuelta otra vez, Harry? -dijo Dumbledore resurgiendo desde la oscuridad desde la esquina donde había estado oculto esperando.
Harry se puso rígido y lentamente se giró cuando escuchó la voz del Director; el pobre niño parecía aterrorizado y muy pequeño bajo la mirada de Albus Dumbledore.

-Yo... yo no lo vi, señor.

-Es extraño -respondió-lo miope que puede hacerte ser invisible- dijo Albus, sonriendo, pensando en su propio encuentro con la Dama Gris en esa misma habitación la noche anterior. Dumbledore se aproximó y se sentó en el suelo cerca de Harry, balanceándose sobre sus rodillas y agregó de manera reflexiva: -Tú, como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del Espejo de Erised.

-No sabía que se llamaba así, señor.- respondió Harry sorprendido.

-¿Pero supongo que ya te habrás dado cuenta de lo que hace?- preguntó. Albus estaba decidido a hacerle entender a Harry la función del espejo. Era mucho más fácil lidiar con su hechizo una vez que sabías cómo podía cautivar la mente.

-Es...bueno, me muestra a mi familia.-respondió Harry y Dumbledore supuso que el pequeño niño necesitaría un poco de ayuda para entender la función del espejo. De una manera extraña, estaba ansioso por ayudar a Harry a comprender el Espejo de Erised.

-¿Y mostraba a tu amigo Ron como Campeón?

-¿Como lo supo? -preguntó apresuradamente, notando que Dumbledore lo había estado vigilando sin darse cuenta.

-No necesito una capa para volverme invisible-respondió Albus suavemente. -Ahora, ¿puedes pensar en lo que nos muestra a todos el Espejo de Erised?

Harry volvió a negar con la cabeza.

-Déjame explicarte. El hombre más feliz de la tierra sería capaz de usar el Espejo de Erised como un espejo normal, es decir, se miraría en él y se vería exactamente como es. ¿Eso ayuda?

Harry parecía sumido en sus pensamientos, como si la respuesta estuviera en la punta de su lengua. Formó una respuesta pero parecía inseguro en su forma de expresarlo.

-Nos muestra lo que queremos... sea como sea...

Albus pensó que el muchacho había estado cerca de la realidad, pero no lo suficiente.

-Sí y no -dijo Albus en voz baja. Estaba muy consciente de que los dos estaban solos en un viejo salón de clases polvoriento en un pasillo vacío. Aún así, el tema era tal que habló en un tono bajo y deliberado. -Nos muestra ni más ni menos que los deseos más profundos y desesperados de nuestros corazones. Tú, que nunca has conocido a tu familia, los ves a tu alrededor. Ronald Weasley, quien siempre ha sido eclipsado por sus hermanos, se ve a sí mismo solo, como el mejor de todos. Sin embargo, este espejo no nos dará ni conocimiento ni verdad. Ante él, los hombres se han consumido, fascinados por lo que han visto, o se han vuelto locos, sin saber si lo que muestra es real o incluso posible.

Harry estaba atento a cada una de sus palabras, sus manos jugueteaban lentamente con las desgastadas mangas de su pijama, sus ojos verdes brillaban bajo su descuidado flequillo negro. A Albus le parecía muy joven, pero sus ojos contenían una comprensión que delataba una madurez sorprendente. Harry era en verdad un joven extraordinario.

Dumbledore continuó:

-Es por eso que el Espejo será trasladado a un nuevo hogar mañana, Harry, y te pido que no vuelvas a buscarlo. Si alguna vez te lo encuentras, ahora estarás preparado. No es bueno pensar en sueños y olvidar vivir. -dijo- Ahora, ¿por qué no te vuelves a poner esa admirable capa y te vas a la cama?

Harry se paró a su lado, pero Albus permaneció sentado frente al espejo.

-Señor, profesor ...¿Puedo preguntarle algo?

Sintiéndose travieso, Albus contestó:- Obviamente, lo acabas de hacer... Sin embargo, puedes preguntarme una cosa más.

-¿Qué ve usted cuando te mira en el espejo?

Por el rabillo del ojo, Albus podía ver la tranquila escena, él mismo, también rodeado por su familia, intercambiando regalos, pero parecía algo bastante privado para compartir, por lo que decidió ceder. No le mentiría a Harry, pero tal vez una verdad a medias sería suficiente.

-¿Yo? Me veo sosteniendo un par de calcetines gruesos de lana.

Harry lo miró como si estuviera loco, pero aceptó la respuesta mucho más rápido que el propio Albus. Confiaba como suelen ser los niños y haciendo alarde a la creencia de que a veces sus respuestas eran bastante chifladas.

-Uno nunca puede tener suficientes calcetines- continuó Albus -Otra Navidad llegó y se fue y no recibí ni un solo par. La gente insiste en darme libros.

Cuando Harry salió de la habitación, Albus dejó escapar un suspiro. Todavía estaba sentado frente al espejo y, por tercera vez en otros tantos días, estaba solo allí. Llamó silenciosamente a Fawkes para asegurarse de que se distraería del espejo antes de que pasara demasiado tiempo. Luego volvió a mirar su superficie brillante, absorbiendo la imagen de Aberforth y Arianna y los felices días felices de su juventud llenos de calcetines.

Los Secretos de DumbledoreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora