Era final junio, en plena época de verano en aquel lado del continente. Atrás fueron quedando los copos de nieve y las fuertes lluvias y aquel crudo frío que hacía tan complicada cada misión para nuestros valientes integrantes de la Orden del Fénix.
Tal vez no vivíamos en ese momento en la mejor época, Sin embargo, sin remediarlo demasiado, muchos de los jóvenes y adultos habían aprendido a disfrutar y agradecer lo poco que significaba poder seguir con vida y ver o poder abrazar a uno de sus seres queridos, y agradecer que este no hubiese sido torturado o asesinado. Yo había vivido demasiado para ese entonces, pero lo más importante era siempre mantener la esperanza y la llama de luz encendida en la juventud y en los niños.
Cada vez que un miembro de la Orden regresaba victorioso, sin importar cuan exitosa fuese, era motivo de celebración, tal como había sido la vez en que Frank y Alice Longbotton se enfrentaron por primera vez a Lord Voldemort o James y Lily luego se atrevieron a hacer lo mismo, o la ocasión en que los McKinnon luchaban con otros Mortífagos que a veces les doblaban en cantidad. Black que en más de alguna ocasión tuvo que luchar con su propia prima, o los hermanos Prewett cuando demostraron no ser solo unos creativos creadores de bromas.
Por aquellos días se celebraba la vida.
La Orden del Fénix recibió un mensaje vía patronus como Dumbledore había indicado en algún momento, citándoles en la mansión de un viejo familiar de Edgar Bones, dónde tendría lugar una importante reunión. Era la hora del atardecer cuando el cielo se cubrió de tonos rojos y naranjados, y desde allí, uno en uno, los miembros fueron apareciendo para ocupar un espacio dentro del sitio.
Los saludos, abrazos cargados de compañerismo no se hicieron esperar hasta cuando apareció el último miembro, quién fue ni más ni menos que Remus Lupin. El salón de la Mansión se vio repleto y Dumbledore al fin anunció el motivo de la reunión:
— Amigos míos, me he tomado la pequeña libertad de reunirlos, pese a lo difícil de las circunstancias. Pero me ha parecido necesario reunirnos después de la última vez. — el reencuentro acrecentó un poco los ánimos entre unos a otros y el viejo director evidenció como incluso su hermano Abeforth en una esquina allí presente, mostraba algún ápice de felicidad. — Como ya sabrán la guerra se torna difícil y cada vez más nos llevan ventaja nuestros enemigos. El futuro es tan incierto como el sabor de la gragea que sacamos de la caja, y me gustaría que supieran que aunque los he hecho enfrentarse a más peligros de los que nunca hicieron, los aprecio, los quiero y valoro sus vidas tanto como valoro el hecho de que decidieran unirse a la causa. —las palabras del mago lograron emocionar a más de alguno que abrazó a su compañero de al lado, y entre tanto el mago quitó la sabana que cubría un viejo artefacto, dejando al descubierto una vieja cámara fotográfica sostenida por tres alargadas patas.
—Para conmemorar nuestro tiempo juntos, y para recordarnos que este grupo peleó hasta el cansancio por el bienestar del mundo tanto mágico como muggle, y que es por este batallón que las esperanzas nunca mermaron y la unión nunca se empañó, es que he pensado que deberíamos retratarlo en una sola imagen. Mi querido amigo Edgar Bones, ha conseguido un fotógrafo que retratara este momento y que nos daría esa foto esta misma noche, ¿qué les parece?— terminó de decir Albus Dumbledore.
Los presentes se vieron entusiasmados y sin perder tiempo, todos comenzaron a arreglarse y preparar.
Neville y Harry quedaron al cuidado de la esposa de Edgar, y el fotógrafo, un muchacho de apenas unos 16 años, tomó su lugar detrás de la Cámara como si las personas presentes se tratasen de unos grandes héroes. Desde el viejo Mundungus, hasta el enorme Hagrid, los Potter, los Longbotton, Sirius, Remus, Peter, Dumbledore y Aberforth, Moody, la joven señora Figg, Caradoc, los Prewett, Benjy, Dodge, Emmeline, Dorcas, McKinnon, McGonagall y Sturgis Podmore, todos se acomodaron y se hacían espacio para inmortalizar ese momento con sus mejores sonrisas, y posaron ante el flash que retrato su imagen en movimiento y con majestuosidad.
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Los Secretos de Dumbledore
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