Capitulo 7.8

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1980

El castillo estaba envuelto en un manto de cielo oscuro y totalmente desolado, sin dinámica. Las estrellas parecían haber desaparecido junto con el fondo. Era una noche especial marcaría la vida de todos. Pero una en particular; Harry Potter sobrevivió.

Dumbledore había regresado sobre la misma en cuanto salió a confirmar la noticia durante la madrugada, e hizo su entrada por la sala del gran comedor, percatándose de unas cuantas envolturas de dulces repartidas sobre la mesa, donde algún estudiante habían aprovechado los dulces del banquete de Halloween de la noche anterior.

Amaba esa fiesta, pero esa noche Dumbledore no estaba tan jovial o contento como hubiera deseado a pesar de haber demostrado lo contrario ante los demás para darles tranquilidad ante tan dolorosas pérdidas, a lo que él llamaba una pequeña pomada ante la herida.
Voldemort había sido derrotado -o mejor dicho- eso creían todos, pero él sabía que probablemente este no era el capítulo final de su historia y solo marcaría un punto suspensivo de lo que estaba por venir. La desaparición de Lord Voldemort no representaba más que un simple descanso que se prolongaría quien sabe cuánto tiempo.

La mente de Albus estaba consternada ante la victoria de un ser indefenso ante una magia tan maligna. Para una mente lógica jamás hubiese pensado que la magia de el amor hacia esa criatura le había salvado de la muerte. El amor le había salvado.

Él estaba absorto por los pensamientos y necesitaba de alguna manera canalizar toda información de inmediato para poder estar preparado a cualquier cosa que aconteciera después. Y así lo hizo.

Se dirigió por las escaleras hacia el pasillo hacía la entrada a su oficina para poder pensar a solas, y una vez estuvo allí vio a Fawkes esperándolo como el buen amigo que era;  como si hubiese sabido que esa noche había sido trascendental. Era increíble como la criatura había esperado hasta su llegada, atento.

—Ya llegué, Fawkes — anunció apaciblemente conmovido con voz cansada y agitada, alcanzando su mano huesuda hacia la cabecita de Fawkes, mientras este se dejaba acariciar con sus ojos cerrados.

He aquí, el sentido del amor que se dejaba seducir por la mínima muestra de afecto y que podía contagiar a los demás con tan solo un poco si estabas dispuesto a recibirlo. Siempre y cuando tú alma no estuviera contaminada como lo era la de Tom.

Sin duda, esa era la magia más difícil de comprender y para sí mismo, la más poderosa contra la maldad, porque en ella estaba la bondad.

El anciano director que se apresuró hacia donde estaba el pensadero. Con un gesto de la mano, y las puertas del armario se abrieron para él; la piedra finamente incrustada se mostró oscilante en la cima del mismo, el plateado impalpable pensamiento se acercaba al rostro del director.
Albus sacó la varita y la posó cerca de la cien entrecerrando los ojos cansados, como si quisiera llegar hasta la médula del recuerdo. Uno, tras otro, los pensamientos los sacaba y los colocaba a flotar en la fuente.

Una vez acabó, el anciano se dirigió al otro lado, abrió lo que parecía ser una frágil estructura de cristal, encajado en finas estructuras doradas y extrajo dos pensamientos más, la cabeza inclinada hacia la mano derecha que sostenía la varita, la punta le rozaba la sien y descansó en ese objeto mágico y misterioso lo que definitivamente eran dos recuerdos diferentes, más importantes fundamentales.

En todos estaba el mismo sentido. Todos habían luchado por amor hacia los demás, por algo mejor y fue allí que lo entendió aún más.

Albus arregló todo después de un rápido gesto del director y se sentó en su escritorio despabilado, hasta que vio en una esquina su reflejo en el espejo que insistía mantener junto al sofá acolchado.
Hacia mucho que no lo miraba porque cada vez que lo hacía se llenaba de nostalgia, pero por alguna razón al mirarse no vio a Ariana, o a Gellert, sino que en sus pensamientos se centró solamente en una nítida e indeleble y dulce cara de ese niño de ojos tiernos y el cabello ensuciado.

James y Lily lo habrían protegido, él lo sabía, y desde esa noche, la hermana de la hermana a la que había entregado a ese pequeño también lo sabía.

Dumbledore sabía que con con ella probablemente viviría en la oscuridad durante los próximos once años, pero sería necesario hasta que conociera su verdad. Dumbledore hubiera hecho cualquier cosa por proteger a ese niño. Ahora se lo debía a Lily y James y sobre todo se lo debía al mundo mágico. Jamás volvería a cometer el error pasado cometido con Grindewald

¿cuánto costó ganar esa batalla? ¿Cuánta sangre se derramó?, Tal vez por primera vez, claramente tuvo la revelación de que esa pronto, en algún momento vendría alguna guerra final. Es por eso que justamente en ese momento de paz decidió que de allí en adelante, dedicaría sus esfuerzos por prepararse para la guerra, la final... ¡Voldemort habría sido destruido! Harry Potter era el elegido esa noche.

Harry Potter habría tenido de su lado al mago más grande de todos los tiempos: Albus Dumbledore, y él una vez asistiera a Hogwarts lo prepararía para lo que tendría que enfrentar algún día. Seguramente no estaría sólo, y sobre eso siempre se lo haría saber.

Los Secretos de DumbledoreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora