La piedra de la Resurrección

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La vieja casa de los Gaunt se levantaba ante su vista entre los altos setos sin intención de desmoronarse a pesar de su aspecto herrumbroso. A medida que se iba acercando, pudo fácilmente visualizar un par de ventanas delanteras que estaban rotas y ennegrecidas. Las paredes lucian agrietadas y cubiertas de una hiedra seca y de color marrón.

Los alrededores aledaños se encontraban abandonados; la hierba seca y amarillenta crujía con la leve brisa del viento y los setos que ocultaban aquella parcela era lo único que seguía vivo y le causaba una sensación de angustia con las sombras que proyectaban.

Dumbledore contempló la casa con detenimiento desde la distancia a medida que se aproximaba. Apenas había cambiado mucho desde que los Gaunt la abandonaron contra su voluntad años atrás, pues antes de aparecerse allí, había visitado en el pensadero. La casa era pequeña y apenas tenía un salón que daba hacia la cocina, la sala de estar y otras dependencias. Sus pies hicieron crujir la hierba reseca al acercarse a la puerta de la casa y a un par de metros sacó la varita de su túnica y comenzó a recitar algunos encantamientos para desbloquear cualquier clase de encantamiento. Eran inaudibles, Dumbledore los pronunciaba tan rápido y en una voz tan contenida que apenas podían diferenciarse del viento.

Los hechizos que envolvían y protegían la casa se desvanecieron y eso se pudo sentir en el crujir de las podridas maderas de la casa. Albus reparó esto unos segundos antes de pensar entrar. No cabía  duda que habían  utilizado poderosos hechizos, ya que el lugar estaba cargado de esa atmósfera, pero el tiempo había jugado en su contra y apenas conservaban su poder. Sin embargo, antes de romper el último, Albus alentó que faltaba aun quedaba algo mas por hacer.

Metio su mano en el bolsillo de su túnica, uno con encantamiento extensible que le permitió sacar un pequeño abrecartas algo afilado, y con él corto levemente la yema del dedo. Comprimio para que la sangre fluya y agito la mano en dirección a la puerta. Las gotas de sangre chocaron contra un muro invisible, que de inmediato brilló hasta extinguirse.

El aire reverberó con fuerza cuando finalmente el último hechizo de defensa se deshizo y así Dumbledore prosiguió a dar un paso seguro y atravesar el umbral de la casa sin contratiempos. Tal y como lo imaginaba, la sala estaba totalmente arruinada, cientos de telarañas se habían hecho cargo del techo y las paredes. Un repiqueteo en el suelo y una cola larga y peluda desapareció por una ventana, asustada de la intromisión del director. Pero algo capto la atencion de Dumbledore y no era la magia antigua y maligna que sentía desde que habia llegado incluso tras las multiples capas de hechizos.

El suelo de madera estaba carcomido y cubierto de polvo en muchos lugares salvo uno donde permanecía inalterado, casi nuevo. El anciano director blandio con elegancia la varita, y un simple hechizo revelador dejo al descubierto un maleficio de permanencia inalterable. Lo que tenía ante sus ojos ante unos pocos metros demostró con creces que aquel objeto que estaba allí inhaderente ante sus ojos, era el primer o segundo Horrocrux de Voldemort, ya que, allí seguramente había sido el lugar específico donde se aconteció la fragmentacion de alguna parte de su alma.

Solo Merlín sabia cuanto temía por su seguridad en ese momento. Lanzó un nuevo encantamiento, esta vez envolviendolo en una extraña burbuja en la que el tiempo no tenía cabida, pero se asombró cuando esto dejó al descubierto sus efectos sobre la madera que se encontraba por encima.

El anciano director se acercó con paso rápido a aquel rincón y se agacho frente a él levantando lentamente las tablas con la varita en alto, atento a cualquier rareza.
Por suerte aquel maleficio no era pernicioso y se pudo atravesar sin problemas. Por último, bajo ellas descubrió lo que esperaba encontrar. Un anillo muy sencillo con una piedra pulida engarzada y brillante. Precavido de que podria estar hechizado cogio el anillo con delicadeza. Lo examino a fondo y la respiración se le cortó. Aquella roca negra y pulida, como un rombo tridimensional, llevaba gravado en ella un símbolo que Dumbledore no quería volver a ver y de inmediato reconoció aquel objeto. Una linea vertical encerrada en un circulo prisionero de un triangulo. El dibujo era basto y rudimentario, pero reconocible. Se trataba de una de las Reliquias de la Muerte.

La piedra de la resurrección estaba ahora en sus manos. De inmediato olvidó  que aquel objeto podría contener alguna maldición y en su mente atravesaron todos los elementos que podía obtener de esa pequeña valiosa piedra que quizá el propio Lord Voldemort había pasado inadvertida.

La sonrisa de su hermana le cruzó la mente para quedarse. Si lo usaba podría volver a verla, podría volver a ver a sus padres, a todos aquellos que el tiempo se encargó injustamente de arrebatarle. Sentía un deseo incontrolable y le embargó sin remisión. Colocó el anillo entre sus dedos y lo acercó a su otra mano. Notaba la sensación electrizante de algo que sabe que es peligroso, pero no puede impedirte no hacerlo. Su dedo anular ya tocaba los límites del interior del anillo cuando una imagen le golpeo a todos los niveles posibles. Veía a James Potter, tirado de cualquier forma al pie de las escaleras de su casa. Sus ojos vacios le devolvian la mirada con una frialdad que helaba la sangre. Otra imagen sustituyo al padre de Harry. Lily Potter muerta delante de la cuna de su único hijo. Dumbledore no le vio el rostro, pero verla allí tan cerca de la inocencia de un bebé fue aun más doloroso que ver a James totalmente solo. Escuchó llorar a Harry, pero no tardo en apagarse y que otro recuerdo lo ocupase todo.

Dumbledore no estaba preparado en absoluto para lo que estaba viendo. Cerró los ojos con tal fuerza que del rabillo brotaron lágrimas, no obstante una imagen mental como aquella no se podia cegar. Era Ariana.

Volver a ver a su hermana le estremeció el corazón, pero no era precisamente la imagen que esperaba ver a simple vista. Ella gritaba de forma descontrolada intentando separar a sus hermanos y Gellert hasta que su voz se apagó repentinamente y nadie sabía lo que había pasado hasta que Ariana tocó el suelo y exhaló su último aliento. Visualizo a Gellert que salió corriendo de la casa, pero Abeforth y Albus permanecieron estáticos mirando el cuerpo sin vida de su hermana. La imagen la había repetido una y otra vez a lo largo de estos años en fechas importantes. Aún en esa imagen ninguno sabía quién la había matado y tras tantas décadas Albus seguía sin saber o querer averiguar quién fue el verdugo de su hermana. Temía que las manos cubiertas de sangre inocente resultaran las suyas.

Dumbledore con dolor, tiró el anillo lejos de él mientras se sentaba en el suelo sollozando. No había logrado ir más allá. Había demostrado formas trágicas que él no era digno de poseer las reliquias. Siempre que había ansiado encontrarlas y poseerlas alguien había salido muy mal parado. Primero fue su hermana, ella solo quería que sus hermanos dejasen de pelear pero las ansias de Dumbledore de poder, el poder que las Reliquias le otorgarían, le nublaron la mente y ella acabo pagando el más alto precio para que volviera a ver la realidad.

Pero no aprendió la lección, al descubrir la capa de lección de James no dudo un segundo en pedirla para examinarla. James y Lily podrían haber seguido vivos si hubieran tenido la capa en su poder. Indirectamente Dumbledore fue el causante de la orfandad de Harry y es una de las muchas acciones que no se perdonaría jamás. Y ahora, había estado a punto de cometer un acto suicida al intentar gobernar la reliquia. Él solo podía tener una reliquia en su poder, solo para impedir que manos menos juiciosas la portaran y esa era la Varita de Sauco.

Saco la varita del bolsillo y la miro detenidamente, un objeto tan pequeño que había causado tanto mal a lo largo de la historia. Sin duda la más peligrosa de las tres pero no la más poderosa. Albus levantó con cuidado, aun con sus piernas temblando y recogió el anillo de nuevo para guardarlo en un bolsillo. Aquel anillo sin duda alguna era el más poderoso de las tres reliquias. Salió de la casa, pensativo mientras palpaba aquel anillo a través de la tela. Era en ese momento cuando notaba la maldición escondida en aquel objeto. El dedo donde habia antes puesto el anillo comenzaba a arder, pero eso no le impidió sus planes de destruirlo y rescatar la piedra con otros fines.

Dumbledore se desapareció de allí. Aun no sabia como destruirlo. Debía examinarlo una vez que regresara al castillo en su despacho.

Los Secretos de DumbledoreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora