Capitulo 3.9

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Veía cuanto le concernía, como él hubiera querido. Cuando su espíritu libre parecían inerte, lo seguía, lejos, en acciones extrañas y complicadas, buenas o malas.
Por un tiempo estuve seguro de no querer penetrar jamás en su mundo, junto a su querido cuerpo dormido. Pero no pude evitarlo seducido por la embriaguez de su mente, y las caricias que su cuerpo me ofrecían.

Cuántas horas nocturnas he velado, preguntándome por qué ansiaría tanto evadirme de esa realidad. Reconocía —sin temer por él o mi familia— que jamás lo negaría, porque un amor tan profundo, así, no merecía permanecer oculto bajo las sombras. Aunque esto pudiese representar un serio peligro para la sociedad.
¿Tendría el acaso secretos para cambiar la vida que al igual que yo incansablemente buscaba mejorar?
En fin, su todo de él está hechizado, y yo soy su prisionero. Ninguna otra alma tendría fuerza suficiente para aferrarme tanto. No me imaginaba con otra alma y otro cuerpo.
Yo residía en su alma como en un palacio que se ha desocupado para no recibir a una persona tan innoble como todos los magos o brujas ordinarios.

"Te comprendo"

Sentía más y más hambre de él. De sus besos y sus cariñosos abrazos. Aquello era un verdadero cielo, un sombrío cielo en el que yo penetraba, y en el cual hubiese querido que me dejaran, sordo, mudo, ciego. Ya me iba habituando a ello.
Yo nos veía como dos buenos muchachos que pueden pasearse libremente en el paraíso de la Gloria o de la tristeza. Nos compenetrábamos. Llenos de emoción, trabajábamos juntos. Pero, después de una penetrante caricia, él me decía: "Qué extraño te parecerá todo lo que has pasado, cuando ya no esté. Cuando ya no tengas mi brazo bajo tu cuello, mi corazón para que reposes, ni esta boca sobre tus ojos. Porque tendré que irme, muy lejos, algún día. Pues tengo que ayudar a otros: es mi deber. A menos que vengas conmigo y me sigas hasta el fin de los tiempos ".

En seguida, yo me presentía ya lejos de él si no tomaba una decisión pronto. Preso de un vértigo que me precipitaba en las más horribles de las sombras: la muerte.
Le hacía jurar que no me abandonaría veinte veces, hizo esta promesa de amante.
Era tan frívolo como yo cuando le decía: Qué estaba dispuesto a dejar a mi familia por él.

Los Secretos de DumbledoreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora