Tan pronto Quirrell se fue, una figura alta se precipitó por la puerta en llamas. Era Albus Dumbledore, pero no se parecía en nada como Harry lo había visto antes. Su mano se mostró en alza cual espada sostenida experta en mano de un campeón de duelo, y había una frialdad verdaderamente escalofriante en sus ojos mientras miraba el lugar donde Quirrel había estado segundos atrás.
—¡Lo siento tanto, profesor! —jadeó Harry, tratando de estabilizarse, pero Dumbledore caminó apresuradamente y se arrodilló junto a él poniendo su mano reposando la cabeza azabache. Harry penas tenia fuerzas—. Intenté detenerlo, pero él sabía mucho más de magia que yo, no tuve oportunidad.
Dumbledore se giró a ver a Harry, y sus ojos se suavizaron. —No te culpo, Harry. Hiciste lo mejor que pudiste. Voldemort es uno de los magos más hábiles del mundo, y el propio Quirrell es un duelista excepcional. Sería bastante injusto de mi parte esperar que tengas éxito.
Harry asintió, agradecido, con Dumbledore que sonreía suave mientras agitaba su varita y liberaba al menor de sus ataduras.
—De hecho —agregó el anciano —, estoy muy impresionado de lo lejos que llegaste. No todos los niños de once años podrían haber pasado mis pruebas.
Harry sintió su cuello calentarse, y bajó su mirada con timidez. Aún estaba semi inconsciente. Pero la volvió a elevar sorprendido cuando grabó algo. —¿Señor? ¿Cómo supo que Quirrell era quien robó la piedra? ¿Y cómo supo que era para Voldemort? Todos pensábamos que era Snape.
—El profesor Snape, Harry —corrigió Dumbledore suavemente—; y en cuanto a tu pregunta, creo que descubrirás qué, después de pelear con alguien por tanto tiempo como lo he hecho con Voldemort, podría decirse que tiendes a reconocer su estilo de pelea. Este plan tenía escrito su nombre por todas partes para mi pesar, aunque esperaba estar equivocado. Y ahora, Harry, hay mucho que hacer aunque lastimosamente deba escribirle hoy mismo a mi amigo Nicolas lo sucedido.
—Señor, la piedra...— dijo con esfuerzo.
Albus se llevó llevó el dedo índice en los labios y trató de calmarlo. Sabía que tenia muchas dudas, pero debía llevarlo a enfermería.
— Mi amigo Nicolas Flamel ha estado esperando desde hace mucho su robo, y creo que podría estar preparado para este tipo de situación. Por lo tanto, el siguiente paso sería contactar a Nicolás y contarle lo que pasó. Por ahora, creo que iremos a la enfermería. —¿Te sientes capaz de levantarte, Harry? — preguntó preocupado, a lo que el ojiverde asintió —Creo que sí, Señor— dijo él, y con ayuda ambos apoyándose se levantaron y bajaron los peldaños.
Dumbledore posó su mano sobre el hombro derecho del muchacho y añadió:
—Esta noche, Harry, has asumido la responsabilidad de un adulto y, como tal, siento que tienes derecho a ser tratado de la misma forma. La mayoría de los niños se habrían asustado demasiado como para intentar hacer algo contra el robo de la Piedra. Y gracias a tu iniciativa, siento que me ha demostrado que eres lo suficientemente maduro como para saber lo que está sucediendo.
Harry sintió su rostro calentarse una vez más y sonrió por lo bajo de agradecimiento.
—No lo habría logrado sin Ron y sin Hermione. Por cierto, ¿donde están?
—Tranquilo, ellos están bien. —Albus sonrió tiernamente bajo la barba blanca.
En ese momento se abrieron un paso a través del fuego hacia la sala de acertijos, donde Dumbledore cogió la misma botella que Hermione había usado, bebió de ella y le exigió a Harry que tomara un sorbo. Ambos atravesaron las llamas púrpuras y salieron a la habitación de ajedrez. Dicho juego había sido reparado y cada una de las piezas estaban reestablecidas en su posición inicial.
Harry buscó a Ron, y Dumbledore captó su movimiento. —Ellos no están por aquí. Ya envié al señor Weasley al ala del hospital donde la señora Pomfrey lo está cuidando, y su muy leal amiga la señorita Granger, está allí con él. Puedes unirte a ellos una vez que salgamos de aquí y luego tendremos nuestra charla. Se que tendrás muchas dudas.
—Gracias señor —dijo Harry.
Llegaron al inicio en poco tiempo, Dumbledore los levitó sobre el lazo del diablo, pasaron la trampilla y llegaron a la habitación donde Fluffy aun roncaba mientras un arpa en el rincón emitía música clásica.
Una pequeña caminata después, ambos ya se hallaban en un pasillo y Dumbledore le alentó a continuar, notó que las piernas de Harry ya no le seguían el ritmo y los ojos le pesaban. Seguro a causa del esfuerzo fisico. Para ese momento, alguien más los esperaba junto a la escalera y antes de que Harry mirara de quien se trataba se desvaneció y con ayuda de Dumbledore lo sostuvo antes de que se cayera en aquel profundo sueño.
—Llévalo a la Enfermería, Severus. Ya está dormido profundamente — le pidió. Pero el mago aún se rehusaba en acercarse y tardó un poco en ayudar.
Snape había sido el que estaba más al tanto de los movimientos de Quirrell y quien había seguido todo esa noche. Y sabía que aunque el niño no era de su devoción, algo tan simple como cuidarlo ese día e informarle, le confirmaba que Snape siempre le cuidaria.
—Con cuidado —resopló Dumbledore— no queremos que se despierte.
En aquel acto, el mago de túnica oscura lo tomó de los costados y lo llevó a sus brazos de camino al ala de enfermería cuidadosamente. Dumbledore les siguió desde atrás siguiendo la escena con curiosidad.
ESTÁS LEYENDO
Los Secretos de Dumbledore
Hayran KurguTodos los escritos son de mi propiedad. No copie o se inspire en ellos.
