La mañana era gris y húmeda, y la niebla aún colgaba sobre los terrenos de Hogwarts cuando Dumbledore recibió el informe final del Ministerio.
Apwnas tuvo aquel papel en sus manos, lo leyó con atención, y aunque comprendía la gravedad de la fuga de Sirius Black, un escalofrío de desaprobación le recorrió la espalda. Los dementores permanecerían rondando los terrenos del colegio durante todo el trimestre por órdenes del Ministerio. Aun así, su sentido de la justicia y la protección hacia los alumnos le decía que era un error grave permitir que esas criaturas se acercaran a ellos. Lo había señalado al Ministerio, lo había repetido en mas de alguna oportunidad, y, sin embargo, sus advertencias habían sido ignoradas.
Con mucha preocupación reunió esa mañana a los profesores antes de rexibir a los estudiantes y consciente de que necesitarían guía y coordinación ante la amenaza que se cernía sobre los estudiantes les comunicó la noticia que todos seguramente ya manejaban.
— Esta mañana recibí el informe definitivo del Ministerio. — comunicó Albus con un tono de voz preocupante y furioso. — Los dementores permanecerán rondando los terrenos de Hogwarts durante todo el trimestre. — de inmediato el profesorado se hizo notar y las interrogantes surgieron. Estaban preocupados al igual que él.
— Entiendo la magnitud de la preocupación que esto puede provocar en ustedes. Aún comprendo la gravedad de la fuga de Black, y sigo pensando que permitir a estas criaturas acercarse a mis alumnos es un error severo. Lo dije, lo repetí y, a mi pesar, fui ignorado.
Les solicito a ustedes, que vigilen de cerca el estado emocional de los estudiantes, particularmente aquellos cuyas historias personales los hacen más vulnerables a la presencia de estos seres. Sé que algunos de mis ustedes se muestran inquietos; otros, francamente indignados, con justa razón.
Pero confío — dijo mirando en esta ocasión a Severus discretamente— en que cada uno mantenga su peculiar forma de protección hacia los alumnos, y que la llegada de nuestro profesor Remus, que ha viajado hoy en el tren junto al resto, con su serenidad y comprensión, sea un punto de equilibrio para todos. — luego agregó con enfasis—
Ningún alumno debería tener que enfrentar recuerdos tan oscuros.
Dumbledore dejó el pergamino a un lado y tras varios murmullos y conversaciones la reunión previa al banquete de bienvenids termknó. El anciano director miró la niebla que cubría los terrenos del castillo. Los dementores no mostraban misericordia, pero Hogwarts debía seguir siendo un lugar seguro.
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Los Secretos de Dumbledore
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