Capitulo 7.4

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La conversación con Horace sobre la situación académica de un alumno en particular y su compromiso con el alumno en sí, llevó Dumbledore a prestar mucho más interés en el menor de los Black como no solía hacerlo cuando algo, alguna idea se alojaba en su cabeza como un mal presagio.
Durante dos días— como mucho—dedicó gran parte del tiempo en establecer conversaciones con alumnos del curso y entre conversaciones también fiarse de algún comentario de algún profesor. En su mente, no tenía ninguna idea prejuiciosa acerca de él o aún no tenia conocimiento de algo que pudiera despertar preocupación sobre el muchacho, pero Dumbledore estaba comprometido con ayudarlo y tener un acercamiento.

Entre las opiniones, muchos describian a Regulus como un joven audaz e inteligente. Un excelente duelista y un adolescente que demostraba un carácter muy marcado cuando expresaba su opinión, cualidad que a Dumbledore no le extrañó después de recordar un par de veces en que habian interactuado y el recuerdo de los ideales arraigados de su familia. Pronto llegó a la conclusión de que tal vez era la fortuna de ella lo que le daba tranquilidad económica para no querer continuar su preparación en algún puesto importante, o tal vez sus ambiciones iban hacia otro rumbo. Sólo alguien había notado un cambio radical en él y eso fue lo que le llevó a pensar que había algo más.

Como ocurria en algunos casos similares, pero en particular como este que tenia la intuición de haber hallado la respuesta, lo citó esa tarde en su oficina y le esperó sentado en su escritorio, leyendo un tomo grueso escrito en el idioma de los duendes y pronto la puerta se abrió y escuchó el silencioso susurro de la túnica hacia la oficina circular. Albus entonces se enderezó y miró a Regulus por encima de sus gafas de media luna:

— Adelante —saludó Dumbledore.

—Buenas tardes, profesor — saludó Regulus, laconicamente deteniéndose firmemente delante del escritorio. Dumbledore sonrió. Por un momento se imaginó como a esos seguidores que siguen fielmente a alguien.

—Siéntense, por favor. — lo invitó cordialmente y su rostro esbozo una sonrisa.

Mecánicamente, Regulus avanzó y se sentó en la silla que Dumbledore señaló.

—Supongo que le sorprende que le haya enviado a llamar —cuestionó Dumbledore suavemente, clavando sus ojos en él y el contrario asintió. —Como sabrá, se ha otorgado un espacio para que los alumnos puedan recibir orientación vocacional para sus planes a futuro y tanto como usted y otros estudiantes han sido privilegiados de tener una charla conmigo, debido a sus respuestas en la última entrevista con el encargado de casa. ¿o me equivoco? —inquirió amablemente.

El joven abucheo  —Sí así es. Y creí que había quedado clara mi decisión al respecto. —insinuó algo cansado, con las manos bajo la mesa.

—¡Oh, sí! Creo que el profesor lo ha comprendido muy bien y yo también — aceptó. — Como colegio, pretendemos dar las mejores herramientas para nuestros alumnos, pero al final, la decisión transita libremente en cada cabeza y usted si ya lo ha decidido, sepa que también puede cambiar de opinión y ver otras opciones. —dijo tratando de invitarlo a hablar, pero el muchacho permaneció serio, en silencio. No obstante su mirada le decía otra cosa.

—¿De verdad quiere saberlo, profesor? —Las palabras le fallaron a Regulus y Albus sin entender, por lo que trató de indagar entre sus líneas de expresión y pensamientos, pero por alguna razón no pudo ir más allá. Como un deja vú, como una luz reflectante observó por un segundo algo una serpiente verde similar a la que había visto un par de veces en el cielo.

—Claro que sí, me importa mucho saberlo. —respondió en el mismo lenguaje misterioso y luego añadió: —¿Alguna vez ha estudiado oclumencia, Sr. Black?—preguntó Dumbledore después de una pausa.

Los Secretos de DumbledoreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora