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Llegó octubre y con ello la tan esperada fiesta de Halloween.
Extraños alimentos alusivos a la celebración de la noche se extendieron sobre las cuatro hileras de mesas, y del cielo adornado de velas y relámpagos, caían sobre las paredes fibras finas de telaraña. Uno a uno los profesores fueron ocupando un asiento en el gran comedor en la mesa principal para celebrar en conjunto Halloween llenandose el lugar de murmullos y risas. Sin embargo, para Dumbledore esta fecha tenia un sabor diferente, aunque disfrutaba de fiestas como estas, por lo que fijó su atención en buscar a una sola persona, pero pronto notó la particular ausencia del estudiante. Aquel muchacho en particular era alguien de gran importancia para el mago. No por su fama, o la fortuna, sino, porque esperaba que ese día fuera especial dentro de todo.
Desde el comienzo del tradicional discurso de la fiesta de Halloween, Albus Dumbledore estaba buscando a una persona, Harry Potter. Solo estaba en segundo año, pero Albus a menudo se había preguntado cómo reaccionaría el chico en esta noche particularmente sombría. No sólo era Halloween, sino que era una fecha donde se le recordaba año el motivo por el cual era huérfano.
El director se puso de pie lentamente y salió del pasillo mientras todos comenzaban a degustar sus platillos, sin que nadie se diera cuenta, excepto la profesora McGonagall, que intuía a donde iba.
Recorrió el pasillo y giró a la derecha para subir una escalera que conducía a la sala común de Gryffindor. La señora gorda lo dejó pasar al instante, sin necesidad de contraseña. Entró silenciosamente sin provocar el menor ruido, deteniéndose en el agujero del retrato escuchando un ruido suave proveniente del interior. Mientras avanzó unos pasos, vio algo que rompió su viejo y frágil corazón.
Harry estaba sentado en la sala común esa noche.
Seguramente había esperado a que todos se fueran, dándoles a Hermione y Ron una excusa para tener un momento a solas, y él sabía que lo encontraría allí sentado en una silla acolchada junto a la chimenea hojeando las páginas del álbum que le dio Hagrid, que él mismo fue de la idea para alimentar buenos recuerdos de sus padres, pues el amor era la mejor fuente de magia que cualquier persona puede tener en los momentos más dolorosos. Aunque no tuviera recuerdos de ello, el amor recibido habitaba dentro de sí desde incluso antes que naciera.
—Está bien extrañarlos, Harry—el chico volteó hacia el anciano.
—Profesor Dumbledore.
Había estado llorando. No podía negarlo en su mirada. —Tranquilo, Harry. — señaló, para luego acercar un asiento y ponerlo a su lado. —Dejame contarte una historia. —Cuando yo era un niño pequeño como tú, solo un poco mayor, perdi a mis padres. Claro uno después del otro y en diferentes circunstancias y en ambas situaciones dejé de mostrar emoción, creyendo que me haría más fuerte. —expresó serenamente sin entrar en mayores detalles. —y fue solo después que me di cuenta de aque ocultar y embotellar tus emociones no te hace más fuerte, solo menos humano.— Hizo una pausa por un segundo, luego continuó. Harry lo escuchaba atentamente.
—La razón por la que Voldemort pudo convertirse en una criatura tan repugnante es porque se aisló de todos sus sentimientos. No escuchar nuestra conciencia, y sin sentir remordimiento es una forma fácil de vivir... pero no la correcta. —Harry esta vez lo miró fijamente y por unos momentos le pareció ver a Lily y James a través del niño. —Ahora, tienes amigos aquí, para ayudarte, para cuidarte. No los evites, no te aisles. Habla con ellos, llora con ellos y ríe con ellos y serás mucho más feliz y un poco más pleno.
Harry simplemente asintió y sonrió levemente. —Simplemente los extraño— dijo Harry.— pero supongo que no querrían que estuviera triste porque me amaban, ¿verdad?—Terminó con incertidumbre.
—Sí Harry, te amaban mucho— respondió Dumbledore.
El agujero del retrato se abrió y alguien tropezó con alguien a quien Harry reconoció de inmediato. El enmarañado cabello castaño y los ojos color chocolate de Hermione aparecieron y Dumbledore le devolvió una sonrisa con simpatía, levantándose del asiento dando por terminada la charla.
—Hermione, ¿qué haces aquí?— Harry se levantó de donde estaba sentado, limpiándose los ojos, tratando de ocultar la evidencia de que estaba llorando, pero era demasiado tarde.
—¡Oh Harry!—Hermione corrió hacia él y lo abrazó con fuerza. —¡Oh Harry, sabía que estabas triste por algo todo el día y luego Ron y yo estábamos en el Gran Comedor y recordé... a tus padres!. Lo siento mucho, ¿cómo pude ser tan desconsiderada? ¡Ni siquiera me di cuenta!
—Hermione
La castaña rápidamente dejó de hablar y se apartó un poco para mirarlo a los ojos.
—Está bien... El profesor Dumbledore me ayudó mucho y ahora estoy bien, no te preocupes por eso.
Ella le sonrió dulcemente y se giró hacia el director, sonrojándose cuando se dio cuenta de que él estuvo allí durante todo su arrebato y nunca lo notó.
—No hay necesidad de avergonzarse Srta. Granger— dijo de inmediato Dumbledore, meneando los bigotes bajo una ligera sonrisa. —y Harry...espero que recuerdes lo que hablamos.—Harry sonrió y asintió.
—Gracias Profesor.
—Entonces me despediré. —dijo dejando sobre el asiento un par de golosinas con forma de troll de su bolsillo para ambos —Dulce o travesura.
Ambos jóvenes sonrieron por la forma de los dulces y y Dumbledore salió de la sala común satisfecho.
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Los Secretos de Dumbledore
FanfictionTodos los escritos son de mi propiedad. No copie o se inspire en ellos.
