La noche estaba despejada por completo, ni una sola nube distorsionaba la vista hacia las estrellas del cielo. El día había pasado más rápido de la cuenta, y a pesar de haber estado toda la tarde meditando enfurruñado y pensando en todas sus preocupaciones debía cumplir con el último deber ahora que estaban próximos a retomar las clases.
El mago de nariz aguileña, sobre la cual se posaban unas gafas con forma de media luna y una barba blanca, casi plateada que le llegaba a la altura de la cintura, se adentró hasta llegar a las proximidades de Hogmeade, caminando decididamente a paso vivo hacia el punto de encuentro solo detuviendose en una taberna que tenía un letrero colgante con la imagen de un puerco degollado y rezaba la inscripción: "El Cabeza de Puerco".
La entrevista duraría tal vez no se extendería más de unos veinte minutos. Luego de ese trámite le quedaban otras cosas por atender.
Mientras él ocupaba una mesa junto a una mujer que usaba unas gafas que le aumentaban los ojos de una manera descomunal y que estaba envuelta en chales y varios collares de cuentas, el hosco tabernero se aproximó a la mesa con una bebida para ambos mientras ambos iniciaban la entrevista:
— Entonces, ¿es usted descendiente de Cassandra Trelawney? — preguntó Dumbledore sin perder mucho tiempo, iniciando con la conversación.
— Así es, por supuesto, soy su tataranieta, el don se salta algunas generaciones, que es completamente normal — contestó Trelawney, con una voz forzadamente teatral.
— Ya veo. Tengo mucho respeto por esa rama de la magia, sin embargo, no es una rama que me interese enseñar en mi colegio, sin embargo, accedí a venir a esta entrevista porque siento que debía darle una oportunidad de escucharla. — explicó Dumbledore.
— Yo veo a usted en un grave peligro — interrumpió Trelawney, moviendo las manos con nerviosismo y abriendo sus ojos de una forma extraña. Sin embargo, Dumbledore no se inmutó. Todo ella era sub- real para él.
— Disculpe, no crea que subestimo sus poderes de la clarividencia, soy consciente de su potencial, sólo que no deseo impartir esa asignatura en mi colegio— le explicó Dumbledore mirándola de manera seria y penetrantemente. — Sin embargo, quisiera escuchar por qué cree o siente que los estudiantes deban aprenderla. Cuando ambos sabemos que este don tan particular no es para cualquiera...
— ¡Oh, claro que lo sé!— respondió la mujer— es una rama difícil, no cualquiera está apto para abrir su mente y comprender entre líneas...—estaba hablando cuando de repente, los ojos de Sybill Trelawney se desorientaron y como hipnotizados miraron fijo al techo, en un susurro y con la voz increíblemente ronca comenzó a decir:
— El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas se acerca. Nacido de los que lo han amenazado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes...
Por un momento pensó que comenzaba a hablar incoherencias, pero pronto se dió cuenta que la mujer estaba en una especie de trance, como los que se les conocía que le daban a Cassandra, la conocida vidente. Sin embargo, él jamás esperó nunca ser testigo de un hecho de esa similitud.
El mensaje fue tan breve y repentino que trató de captar mayor parte del mensaje, comprendiendo que se trataba del futuro en la guerra que estaban viviendo. Cuando Trelawney terminó, llevó su mano al pecho y salió de su estado aclarando su garganta y sus enormes ojos volvieron a parpadear.
— Eso fue más que justo— dijo Dumbledore, saliendo de su asombro, reteniendo las primeras lineas del mensaje. Solo quedaba analizarlo a fondo. — El puesto es suyo. Necesito que acordemos los demás ajustes en estos dias, por lo pronto, considere a Hogwarts como su nuevo hogar.
Trelawney estaba agradeciendo un poco desorientada, pero feliz de recibir su nuevo empleo cuando la atención de Dumbledore por unos instantes se vio interrumpida; el tabernero, abrió la puerta de un golpe, sorprendiendolo a una persona detrás de la puerta, gritándole asperamente:
—¡Hey, tú! ¡Vete no vuelvas, o te las verás conmigo! — decía Aberforth.
Y el anciano mago pudo ver una silueta negra separándose de la puerta marchándose a paso firme. ¿Estaría espiando?, fue lo que pensó, ¿que tanto habría escuchado y por qué se quedó?
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Los Secretos de Dumbledore
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