Dumbledore caminó hacia su oficina esa misma noche para darle la información a Nicolas sobre la piedra. Una vez que pronunció la contraseña: empanada de calabaza, se acercó a la gárgola y comenzó a subir por la pequeña escalera de caracol móvil, llegando al final a una puerta de madera por la que Dumbledore entró suavemente, revelando su oficina.
Era una habitación circular muy iluminada con un gran escritorio frente a un estante en el que posaba el Sombrero Seleccionador. Sobre aquel mueble, descansaban filas y filas de retratos parecían estar durmiendo la siesta, y esparcidas por la habitación, había pequeñas mesas de patas largas y delgadas que llevaban extraños instrumentos plateados que hacían todo tipo de curiosos ruidos. Incluso había uno que daba bocanadas de humo cada un segundo, mientras en un costado, cerca de su escritorio, reposaba hermoso ave rojo que estaba posado sobre el escritorio presentado un pequeño canto de reconocimiento cuando Dumbledore entró.
Dumbledore se dirigió a la parte trasera de la habitación, sacó una cadena de llaves de su bolsillo y abrió un gran gabinete negro que estaba contra la pared revelando una chimenea con llamas crepitando alegremente dentro del gabinete.
Entonces se deslizó hacia su escritorio y de un cuenco curiosamente tallado, tomó un puñado de polvo verdoso y volvió a la chimenea, arrojando aquel polvo a las llamas volviéndose el fuego color verde esmeralda.
Dumbledore se inclinó y metió su cabeza dentro del fuego. Las llamas parecían no tener ningún efecto nocivo en Dumbledore, quien gritó: —¡Número dos de Deadman's Lane, Londres!
Durante unos momentos no pasó nada, hasta que volvió a hablar y está vez le respondió una voz amortiguada por el fuego.
—¡Perenelle! Soy yo, Albus.
—¿Albus? — bostezó la voz femenina dentro del fuego.
—Sí...—la interrumpió —lamento mucho estar llamando a esta hora, pero es una emergencia. ¿Podrías decirle a Nicolás que venga de inmediato?
—Sí, por supuesto — aceptó la mujer.
—Gracias, Perenelle, y de nuevo, disculpa por la hora. Buenas noches.
Dumbledore sacó su cabeza del fuego, y este volvió a su color original.
Caminando lentamente hacia su escritorio, el director tomó asiento en una enorme silla que había tras él y esperó la llegada de Nicolas Flamel.
Unos minutos habían pasado, y comenzó a removerse nervioso en su silla hasta que escuchó un zumbido tras de sí, que le hizo voltear a esa dirección para ver una figura alta salir de las llamas. La figura parada frente a él lo saludó, era Nicolas:
—¡Dumbledore! —exclamó, dirigiéndose directo al enorme escritorio del director y Albus Dumbledore luego de saludarlo también le invitó a sentarse.
—Dijiste que era una emergencia —continuó Flamel, ignorando la oferta de Dumbledore de tomar asiento—. Supongo que eso significa que hubo otro intento de robar la Piedra. ¿Fue exitoso?
Dumbledore asintió con seriedad. —Sí, Nicolás, me temo que sí.
Nicolás Flamel asintió. —Me lo imaginé. ¿Por qué me has llamado?
—Bueno, en julio, cuando abordé por primera vez el tema de que la Piedra estaba en peligro de ser robada, me aseguré que tuviera muchas protecciones para evitar que Voldemort la use antes que sea demasiado tarde. Pero me queda la duda de si hay algún tipo de hechizo en la Piedra que te permita convocarla hasta tu casa si alguna vez hubiera sido usada o perdida para que no pueda conseguir el elixir.
Con una sonrisa irónica, Flamel negó. —No, Albus, no había tal protección en la piedra. Sin embargo, no debes preocuparte, estoy bastante seguro de mi hechizo. Voldemort no logrará hacer el elixir de la vida con la Piedra.
—Me sentiría más seguro si supiera la naturaleza de los hechizos que has puesto en ella —insistió Dumbledore.
—Me temo que no será posible, Dumbledore —respondió Flamel—. Los hechizos que posee la Piedra son extremadamente poderosos. Hechizos que, si el conocimiento de ellos cayera en las manos equivocadas, podría causar grandes catástrofes. Y a pesar de que no creo que harías mal uso de ellos—continuó, levantando una mano ante la protesta de Dumbledore—, no confío que esta información te acompañe. —Albus notó su molestia en silencio y se resignó a insistir sobre los hechizos —¿Cómo fue lo que pasó?— preguntó Flamel.
—Harry descubrió por su cuenta el plan de Voldemort para robar la piedra, y cuando no pudo contactarme, fue tras el ladrón, intentando evitar que la consiga. Pasó a través de todas mis trampas y obstáculos con la intención de no permitir que la Piedra cayera en manos equivocadas.
Los ojos de Nicolas Flamel se abrieron en estado de shock y miró a Dumbledore con una expresión impresionada. —¿Ese chico se las arregló pasar por todas tus trampas? Un niño con tan poca experiencia que haya sido capaz de superar las pruebas de Dumbledore sin duda es una gran hazaña, estoy impresionado.
—Sí, yo también estoy sorprendido, aunque no lo hizo solo. Dos de sus mejores amigos le ayudaron hasta que al final solo Harry llegó a la última etapa. —dijo Dumbledore. —Has vivido por tanto tiempo, Nicolas, que ya no eres tan bueno juzgando la edad en otras personas. Harry tiene una sola vez once años —corrigió Dumbledore suavemente.
—¿En su primer año de colegio? — Exclamó Flamel. —¡Sin duda ese niño debe ser un prodigio! ¡Un genio! —exclamó. Su rostro mostró un verdadero respeto mientras escuchaba cada detalle sobre Harry y luego dijo: —Comienza desde el principio. Quiero saber exactamente cómo es que logró descubrir que había una Piedra en primer lugar, y cómo descubrió dónde estaba. Luego dime sobre las pruebas que necesitaban enfrentar. Entonces Dumbledore le contó sobre el perro de tres cabezas, Fluffy custodiado la entrada sobre ella, que para poder avanzar era necesario dormirlo encantando un arpa para no alarmar a nadie. Luego, le comentó del Lazo del Diablo, las llaves voladoras y la escoba, el tablero del ajedrez magico que solo permitía el paso si ganaba la partida. El Troll; el acertijo de logica y; finalmente el espejo de Oesed que poseía un encantamiento de Albus y como la piedra finalmente apareció en el bolsillo de Harry.
—Había puesto un encantamiento ingenioso, si puedo decirlo yo mismo, en el espejo, donde solo le da la Piedra Filosofal a quien desea encontrarla. Encontrarla, pero no usarla para sus propios medios egoístas como usarla para poder vivir por la eternidad o ser rico. La persona que la deseaba con esos fines solo se vería bebiendo del elixir de la vida, o sentado en un montón de oro, en cambio quien la deseaba de manera pura y sin la intención de sacarle provecho, le permitiría conseguirla.
Dumbledore, que miró a Nicolás con una expresión inescrutable.
—Admito que no estaba seguro de dejar que retiraras la Piedra de Gringotts, pero estaba contento una vez me enteré del robo y su casi perdida. — confesó Nicolas— Lo que una vez vi como una confirmación de que eres confiable... bueno, ahora no sé qué pensar.
—Nicolas —imploró Dumbledore—confía en mi cuando digo que tenía mis razones para hacer lo que hice. No pondría en peligro tu piedra y tu vida sin razón. Siento mucho no poder explicarlo en este momento, pero confía en mi cuando digo que sabía lo que estaba haciendo.
Sin embargo, Nicolás permaneció inmóvil en su lugar. —Había olvidado eso. Ahora que la Piedra se ha ido, Perenelle y yo no tenemos nada que nos mantengamos en este mundo. Espero sinceramente que tengas una buena razón por la que hayas protegido tan descuidadamente mi Piedra, Dumbledore, aunque sé que no me lo dirás. Que nuestras muertes estarán en tu conciencia.
—Nicolas —había una pena infinita en los ojos de Dumbledore cuando vió a su amigo levantarse del asiento. —en verdad lo lamento.
Para su sorpresa, Flamel estaba sonriendo, pero aquella mueca tenía un filo amargo. — Tengo suficiente como para poner todos nuestros asuntos en orden, sin duda. Siento que te conozco lo suficiente como para saber que tus intenciones fueron buenas, Albus, pero no creo poder olvidar lo que he descubierto esta noche. Probablemente no me vuelvas a ver.
Dumbledore bajó los ojos. —Entiendo, viejo amigo, y no te culpo.
Nicolás inclinó su cabeza en respuesta. —Adiós Albus, espero por tu bien que sepas lo que estás haciendo. Debo regresar a casa y compartir las noticias con Perenelle. Buena suerte.
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Los Secretos de Dumbledore
FanfictionTodos los escritos son de mi propiedad. No copie o se inspire en ellos.
