Los elfos domésticos estaban tan acostumbrados a dedicar su vida para servir fielmente a las antiguas familias de magos que cotizaban grandes riquezas, que jamás alguno soportaría la idea de ser libre, después de todo es lo único que conocen, el único estilo de vida que se les enseñó y para cualquiera era difícil romper esa tradición.
Sin embargo, no pensaba tan así, Dobby.
Tras dos años de perder su empleo y obtener la libertad, se unió con otra elfa domestica en las mismas condiciones que él. No obstante, el sentimiento de vergüenza era constante en ella en su día a día, después de haber servido a su familia de magos por tantos años, era imposible no tenerles admiración y cariño. Esta vez, guiados por Dobby, el elfo doméstico, ambos partieron en dirección al colegio. Era bien sabido que allí trabajaban muchos de ellos, y además era en ese lugar donde estaba su mejor amigo Harry Potter.
Sin ser vistos finalmente se enfrentaron con las gárgolas gigantes que custodiaban la entrada a la oficina de Dumbledore. Dobby claramente recordaba haber sido liberado en ese pasaje, por Harry Potter. El elfo escuchó pasos y le indicó a Winky que no hiciera ruido, ya que esta aun continuaba sollozando. La empujó hacia un hueco en las rocas y una capa negra y una mata de cabello negro grasiento pasaron junto a ellos. Recién ahora Dobby se dio cuenta de que ni siquiera sabía cómo entrar a la oficina del profesor Dumbledore.
—Disculpe, señor— habló la voz chillona del elfo, dirigiendose a Severus Snape que hasta el momento parecía haber ignorado que ellos estaban allí. — ¿Podría decirle a Dobby cómo llegar al profesor Dumbledore? —preguntó.
El hombre se detuvo y escudriñó el área, ¿quién podría haberlo llamado?
Entonces sintió un tirón en su túnica, miró hacia abajo y se encontró con los ojos grandes y vidriosos de Dobby:
—Por favor, señor, ¿puede ayudar a Dobby? —insistió Dobby, y con una mirada de disgusto, sacó su capa de la mano del elfo doméstico y retumbó:
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué podría hacer que un elfo doméstico quisiera hablar con el profesor? — inquirió inclinándose molesto hacia la criatura. —¡Elfo asqueroso, deja que te envíe nuevamente a tu lugar!
Estaba por empujarlo y llevarlo a golpes a su lugar de trabajo, cuando las gárgolas se deslizaron a un lado y Dumbledore salió de su oficina.
—Ah, Severus, creí escuchar tu voz— dijo Dumbledore.
—Profesor, este elfo doméstico aquí...— respondió Snape, pero Dumbledore lo interrumpió de inmediato.
— Quiere hablar conmigo, seguro — el anciano mago le extendió una cálida sonrisa con las manos bajo el vientre— Entonces, ven Dobby a mi oficina y trae a tu amiga también. — y diciendo esto los esperó de pie y ambos elfos corrieron, tirándose el uno del otro a hacer compañía al mago, para luego desaparecer detrás de las gárgolas sin mirar al profesor Snape.
Al llegar a la oficina, Dumbledore caminó hacia su escritorio mientras oía los sollozos de la elfa más anciana. — Díganme en qué puedo ayudarlos — les dijo, y se sentó finalmente en el asiento detrás de su escritorio, como había estado antes, con la intención de escucharlos.
—¡Profesor Dumbledore, señor! — comenzó a decir con la mirada cabizbaja— Dobby y Winky han venido a buscar trabajo
Albus lo miró sorprendido. Recordaba que hacia un par de años el elfo había conseguido su libertad de los Malfoy. Comprendía que esa vida no le había hecho nada feliz, sin embargo, ¿buscar nuevamente servir a alguien? Esperaba ansioso para saber lo que tenían que decirle.
—Ahh, Dobby —resopló, inclinándose para poder verlos bajo el escritorio. —¿Y por qué viniste a Hogwarts en busca de trabajo? ¿No te sientes feliz con tu libertad?
— ¡Oh, por supuesto que sí señor! — exclamó, y la elfa que le acompañaba chilló a un mas fuerte. — A Dobby le gusta su libertad, señor, pero Dobby quiere trabajar. Dobby extraña su trabajo — dijo, y por un momento Albus recordó a la Familia Malfoy. —Dobby ha oído que el profesor Dumbledore es un gran mago, y ahora Dobby quiere que le paguen por su trabajo. ¡Dobby también quiere que Winky tenga un trabajo!
Entonces el mago se giró hacia ella compasivo. — Winky — le llamó por su nombre—¿te gustaría pagar por tu trabajo también?— sin embargo, ella lloró desconsolada.
—Winky no se hundirá a ese nivel— respondió —Winky es un elfo doméstico y actuará como un elfo doméstico. Winky sería una vergüenza si pidiera dinero, ¡Winky es una vergüenza!
Dobby trataba de calmarla, pero solo parecía que empeoraba la situación. Entonces Dumbledore nuevamente habló:
—¿Cuánto te gustaría que te paguen, Dobby? —preguntó —Te pagaré diez galeones a la semana y te daré los fines de semana libres si eso es lo que deseas.
Sin embargo, Dobby no sabia cuanto dinero quería recibir y permaneció en silencio un momento juntando las manos.
—Señor, a Dobby le gustaría recibir un galeón a la semana y solo un día libre al mes— dijo esta vez.
Nuevamente la cantidad le sorprendió, pero suponía que el elfo sabia lo que hacia y eso le haría sentir mas feliz. —Esta bien, así será— aseguró Albus Dumbledore. — Y dime, ¿extrañas a la familia que servías, Dobby?— El profesor Dumbledore le preguntó a Dobby.
—Dobby no extraña a sus antiguos maestros, señor. Dobby no desea volver a ver a sus antiguos amos. Dobby fue tratado como alimañas. Por supuesto, a veces Dobby se lo merecía, pero los antiguos amos de Dobby eran magos desagradables. — terminó confesando, lo cual parecía lo mismo que Dumbledore imaginaba.
—Dobby no debería haber dicho eso— en ese momento el elfo doméstico golpeó su cabeza contra la mesa –¡Dobby malo!
—Dobby, no debes hablar de tus amos de esa manera —dijo ella mirándolo molesta.—Winky no sueña con hablar de sus amos de esa manera. ¡Winky desea ver a sus amos, pero Winky no puede verlos!— la elfa volvió a llorar, el grito de Winky era ahora nuevamente más fuerte.
—Dobby no tiene amo —se enalteció sorpresivamente, sin dando lugar a dudas— Dobby es un elfo libre y Dobby quiere trabajar para el profesor Dumbledore en las cocinas. ¡Winky debería estar feliz de tener al profesor Dumbledore como su nuevo amo.
—¡Winky no está feliz, Winky no quiere un nuevo amo! —chilló con las lagrimas en los ojos —Lo siento, profesor Dumbledore—se disculpó inmediato, cerrando los ojos— Winky no está acostumbrada a ser un elfo libre.
Dumbledore escuchaba pasivamente sin ofenderse. Pensando en cómo mediar la situación. —Está bien Dobby, no tienes que llamarme señor.
—Sí — aseguró Dobby— Dobby tiene que llamarlo señor. El profesor Dumbledore es el Señor de Dobby, y Dobby debe mostrarle respeto a su amo— dijo.
Dumbledore negó con la cabeza.
—Solo digo que, si tú también lo deseas, puedes llamarme viejo loco y no me ofenderé. —le dijo inclinándose hacia él. —Dobby, eres un elfo libre, por lo tanto, no estás obligado a tratarme como a tu amo, porque no pretendo serlo.
—Pero Dobby no quiere llamarte así señor. Dobby quiere llamarte, señor.
—Está bien, ¡pero la oferta siempre está ahí tanto para ti como para Winky— dijo Albus, y Dobby asintió —Ahora, tengo curiosidad, Dobby, ¿en qué gastarás tu salario?
—¡Dobby quiere ropa nueva! Dobby solo tiene un calcetín y Dobby quiere más. A Dobby le gusta su calcetín, pero Dobby quiere probarse ropa nueva.
—Dobby no debería querer ropa —respondió Winky horrorizada—Dobby debería avergonzarse de llevar ropa. Dobby fué despedido y Winky también. —Winky volvió a llorar, pero Dobby no estaba escuchando.
—Profesor Dumbledore, a Dobby le gustaría saber si Dobby puede visitar a su amigo en el castillo cuando Dobby esté trabajando. Dobby quiere ver a su amigo Harry Potter, pero Dobby quiere preguntar primero.
—Por supuesto que puedes hacerlo Dobby, las veces que quieras. — y estiró su mano para acariciarle la frente— Ahora, ¿por qué no llevas a la pobre Winky a las cocinas y conoces a tus nuevos compañeros de trabajo?
Y entonces el elfo doméstico asintió fervientemente y tomó la mano de Winky y salió de la oficina de inmediato, muy feliz con su nuevo empleo.
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Los Secretos de Dumbledore
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