Capitulo 3.5

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La vieja madera de la casa crujía con violencia durante la mañana y las gotas golpeaban las pequeñas ventanas de la casa. Había llovido toda la tarde luego del incidente, y Albus temía que en cualquier momento el techo temiendo que en cualquier momento el gastado techo se cayera sobre ellos, o quizá estaba pensando demasiado.

Las escaleras rechinaron a su paso, bajando del segundo piso con una bandeja y dos platos vacíos. Claramente había tenido que llevarles la cena a la cama tanto a Ariana como a Aberforth, que seguía debilitado por el ataque de la niña y la muerte de su madre. El pronóstico estaba tan horrible que dudaba que esa noche Gellert iría, algo que era comprensible.

Dumbledore parecía muy cansado, pero se negaba a cancelar la cita. Encendió un par de brazas de la chimenea para dar calor a la sala y luego se frotó las manos junto al fuego mientras meditaba viendo las formas que se dibujaban en las llamas. Los últimos tres días habían sido enloquecedores para un muchacho cuyos planes habían cambiado bruscamente de viajar a Grecia con su mejor amigo, a enterrar a su madre y hacerse cargo de sus hermanos menores. Pero aún le quedaba mucho por delante, considerando que Bathilda Bagshot parecía estar confabulada con su sobrino- nieto en que ambos se hicieran amigos. Por supuesto Albus no se había negado y estaba dispuesto a seguir conversando con él después de un par de encuentros, Gellert le había llamado mucho la atención su personalidad.

Tres golpes resonaron en la puerta y Albus advirtió por el vidrio empañado una silueta bajo una capucha y de inmediato sorprendido salió a su búsqueda a abrirle. Un muchacho de cabellos rubios sonrió bajo aquella capa e ingresó de inmediato con los pies salpicados en barro.

- Es una noche hermosa, espero no haberme tardado. -saludó, despojándose de la manta que le cubría para colgarla.

Albus le miró con sorpresa, pero a su vez estaba agradecido de compartir esa noche en tan buena compañía.
-Aquí tendremos algo de calor, espero que no te hayas expuesto en vano.-respondió apresurándose por servirle algo que alivianara el frío de afuera.

-No te preocupes. Debes saber que cuando digo algo lo cumplo, ni siquiera una simple lluvia me detiene. - se jactó riendo, ubicándose junto a la chimenea, observando unos cuadros colgados.

Albus le observó con intriga y por unos momentos se sintió importante al saber que siquiera la lluvia le había detenido, un pensamiento sentimental que cruzó por su mente y una vez más le reconfortó, sintiéndose considerado.

-¿Te molesta si te sirvo Whiskey?- con todo esto no me dio tiempo de comprar algo...
A lo que el contrario negó con la cabeza tranquilamente, algo que también le tranquilizó y sacó una polvorienta botella de whisky de fuego y dos copas.

-No quiero servirte demasiado -dijo con una sonrisa mientras vertía una cantidad menor de la bebida en el vaso de Gellert y luego se dirigió a la sala a hacerle compañía.-No sería apropiado que un mago adulto emborrache a un mago menor de edad, ¿cierto?

Grindelwald sonrió brevemente, la recibió, pero no dijo nada.

Era evidente que estaba ansioso por escuchar la historia de Dumbledore y conocer su lado más íntimo, pues antes había intentado conocer más de su familia. Dumbledore nunca había hablado con alguien de ellos, todo lo que le rodeaba requería ser tratado con sumo respeto, pues eran personas importantes y no cualquier ser humano podría entender lo que se vivía en esas cuatro paredes, pero esta vez en aquella intimidad se sentía en total confianza de abrir sus sentimientos.

-Hoy viste a mi hermana en uno de sus días malos, Gellert-comenzó a decir con suavemente, con sus manos en la copa-En sus días buenos es una niña encantadora, dulce y cariñosa. Pero, para ser sinceros, nunca es normal. Ni en sus días buenos ni en sus días malos. - dijo ladeando su cabeza para mirarle, a lo cual Gellert le escuchaba atentamente, sin una expresión que le alertara a detenerse.

Los Secretos de DumbledoreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora