11- Sal y limón

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Un poco más allá de la una y media,
Chiara apareció en el mismo local. La
guarda de seguridad la había mirado
sorprendida e incrédula cuando
aquella sensual mujer le había dicho
que venía de parte de Violeta, pero en
cuanto le enseñó la tarjeta morada le
sonrió y la dejó pasar sin resistencia.

La entrada a aquel local era tan oscura, que Chiara tardó unos segundos en adaptar sus ojos a la escasez de luz. El olor a perfume de mujer inundó su pituitaria hasta marearla. El golpe de las ondas sonoras impactó en su cuerpo y aquel entorno de calor y olor femenino, le produjo un cosquilleo casi instantáneo. "Hacía mucho que
no salías de caza", le recordó su
conciencia y una sonrisa traviesa se
dibujó en su rostro.

Se acercó al vestidor y conoció a Ana, a la que le dejó su cazadora mientras le preguntaba si conocía a Violeta. La chica que no pudo quedarse indiferente ante aquellos dientes blancos que lucía la chica, le indicó cariñosamente que el local tenía un par de salas privadas para hablar y luego una pista de baile central con dos barras a los laterales, seguramente estaría en la pista.

- Gracias, un placer conocerte -le dijo la morena antes de adentrarse más en el local-.

- El placer ha sido mío, cariño -le
contestó Ana con ojos seductores y con una sonrisa que seguramente no se había borrado aun de su cara aunque Chiara ya le diera la espalda-.

Echó un vistazo a su alrededor. El
ambiente era agradable y estaba
cargado de mujeres de todo tipo.
Había llegado en la hora punta, de eso
no cabía duda, pues la pista estaba a
reventar. Se acercó más y entonces la
vio.

El corazón le empezó a latir con una
violencia despiadada. Jamás hubiera
imaginado que alguien pudiera bailar
así, pero allí en medio, a golpe de
reggaetón, Violeta bailaba con una mujer más o menos de su estatura, con el pelo moreno y perfectamente acoplada a los pasos de su acompañante. Durante un tiempo no tuvo más ojos que para ella, su cadera, sus piernas, sus brazos... todo su cuerpo era grácil y acompasado, volcánico y seductor.

Nada importaba, sólo esa visión
enfermiza de aquella mujer que había
tenido desnuda entre sus brazos. Por
desgracia su placer se convirtió en
un rugido indescifrable cuando una
mujer de pelo corto puso las manos
encima de la pelirroja, la volteó y recorrió su pecho, su vientre y sus caderas de un modo abiertamente sexual. Violeta sonreía y la mujer disfrutaba con ella, Chiara sintió como la alegría y la pasión inicial se transformaban lentamente en una ira contenida mientras veía como aquella mujer acariciaba zonas de la anatomía de la chica que ella quería para si.

Conciencia de Chiara: ¿Qué esperabas? Te presentas sin avisar, así
que ahora no te lamentes porque esté
trabajando, y no contigo precisamente.

Chiara: Me dijo que hoy no trabajaba,
sólo iba a venir a bailar con sus amigas.

Conciencia: joder pues como la toquen así sus amigas, no te quiero decir yo lo que es capaz de hacer con las clientas.

Chiara: ggggrrrrr.... ¡cállate!

Conciencia: Oye míralo por el lado
bueno, al menos hemos comprobado lo flexible que es... ¿Cómo coño ha hecho eso?

Ella quería salir corriendo, pero
estaba paralizada por la imagen de
Violeta. No hubiera podido correr ni
aunque el suelo estuviera ardiendo,
pues sólo podía ver como la mujer
de pelo corto hacía que arqueara la
espalda mientras sus piernas estaban
enlazadas en un movimiento de
confianza plena.

Chiara: ¡Creo que he tenido bastante!...- pensó, no pudiendo poner nombre a lo que sentía en ese momento.

Conciencia: ¡Ya te dije que no era buena idea! Sólo a ti se te ocurre
encapricharte de una prostituta.

SEX EDUCATION // KIVIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora