CAPITULO 24 - AL ATARDECER

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-¡Suéltame!-gritaba Carol intentando zafarse del agarre de sus fuertes manos.

Jonas extendió sus brazos y la trincó del cuello, apretando con fuerza, sus ojos inyectados en ira.

-Me has engañado...y pagarás por ello...-decía con odio en su voz.
-No...-apenas pudo decir nada más, porque le comenzó a faltar el aire. Sólo podía emitir sonidos sin sentido a causa de su ahogo.
-Traidora, vas a morir...-dijo él , y Caroline notaba cómo su vida se desvanecía poco a poco.

Cerró los ojos, consumida. No tenía fuerzas para seguir luchando.

-Eres una traidora...-volvió a escuchar, pero en esta ocasión, le pareció que la voz era distinta. Abrió los ojos y en las penumbras de la habitación no alcanzaba a ver el rostro que tenía delante. Unos brazos seguían sujetándola del cuello, apretando con fuerza, y entonces una cara se aproximó a ella...y no era Jonas.

Con asombro y exalando su último aliento, observó el rostro de Thomas mientras éste la asfixiba con sus propias manos. Su rostro expresaba tanto odio y enfado que asustaría al mismísimo diablo.

-Tho-mas...-logró decir antes de quedar inconsciente.

Se incorporó en la cama, asustada, con la respiración agitada y se llevó las manos al cuello. Parecía tan real...
Tanto su camisón de dormir, como sus sábanas estaban empapadas en sudor. Había tenido otra pesadilla.

Sabía que el interés que Thomas pudiera tener en ella no era real, y que podía ser tan peligroso como Jonas si supiera la verdad. Su subconsciente estaba intentando hacerla ver que no se le pasara por alto a través de ese sueño. Poco pudo descansar esa noche después de aquella pesadilla, temía cerrar los ojos por miedo a volver a soñar algo parecido.

A la mañana siguiente, Caroline acudió a las oficinas Shelby como de costumbre. Tenía una extraña sensación en su interior, por la visita de Thomas del día anterior y por su aún vívida pesadilla. Estaba en cierto modo emocionada por acudir con él a las carreras de caballos...pero también sabía que estaba jugando con fuego. Y tendría que tener cuidado si no quería quemarse.

-¡Buenos días Arthur! ¿Ha llegado ya Tommy?-preguntó al entrar.
-No de momento.-contestó.
-Gracias Arthur, estaré en el despacho.-dijo con una sonrisa.

Caroline estuvo en el despacho por lo que le parecieron horas. No esperaba mirar el reloj tantas veces como lo hizo...y cada vez que escuchaba a Arthur, a Shane, a Paul, o a cualquier otro hombre de hablar, esperaba que Thomas atravesara el umbral de la puerta en cualquier momento. Pero aquello no llegó a suceder. Thomas no apareció, así que decidió ir al hipódromo sola...quizás lo encontraría allí. Cierto era, que no habían acordado un lugar de encuentro, así que a lo mejor había ido allí directamente.

Thomas estaba en su casa con el abrigo y la gorra puesta, dispuesto a salir para encontrarse con Carol. Ni podía explicarse a sí mismo, la emoción que sentía. No era nada especial, lo habían dejado claro desde un principio; y ya había estado a solas muchas otras veces con ella, pero de algún modo, se sentía diferente. Abrió la puerta dispuesto a salir. Notó la presencia de alguien en la entrada, y al levantar la mirada allí estaban...

-Lizzie... no os esperaba tan temprano...-dijo sorprendido de verlos allí.
-Perdona, pero no concretamos hora, ¿Ibas a salir?-preguntó Lizzie contrariada, al verlo con el abrigo puesto.
-No...claro que no...-mintió-. Bueno, en realidad iba al establo...-siguió mintiendo-.Eh, Charlie, ven con papá...-lo llamó con los brazos abiertos esperando alguna reacción por parte del pequeño.
-Venga, dale un abrazo a tu padre...-le instó Lizzie.
-No...-fue todo lo que dijo Charlie al tiempo que se escondía detrás de ella, buscando confort.
-No importa...-dijo Thomas como si realmente le diera igual, pero lo cierto era que estaba dolido-. Vamos, te enseñaré mi nuevo caballo...-le dijo, y salió de la casa rumbo a los establos. Y lo único en lo que pensó en ese momento era en que no podía dejar a su hijo para ir al hipódromo. No esta vez. Ni siquiera por Carol.

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