EPILOGO

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El sol brillaba en el cielo después de la lluvia de la noche anterior. Las pequeñas gotas aún permanecían pendiendo en las hojas de los árboles, esperando a que los rayos del lorenzo calentaran lo suficiente como para hacerlas evaporar.

A lo lejos, la nueva mansión Shelby comenzaba a recibir también algo de luz. En sus enormes establos se escuchaban jadeos que bien pudieran ser de algún animal, pero eran humanos.

Thomas tenía a Caroline sujetada por sus muslos contra una de las paredes, con el vestido alzado para tener acceso a ella. La embestía una y otra vez disfrutando de cada movimiento. Ella lo agarraba por la cabeza y le exhalaba sus fuertes respiraciones al oído, acompañada de algún que otro bufido.

Thomas aceleró los movimientos y ella apenas podía continuar aguantando, ambos estaban al borde del orgasmo, cuando....

-¡Mamá!-se escuchó. Thomas se separó un poco de ella para mirarla, pero no se detuvo.

-¡Mamá! ¿Dónde estás?-se volvió a escuchar.

La pequeña y dulce voz de una niña buscando a su madre se colaba hasta los establos.

Caroline estuvo a punto de contestar, pero Thomas le puso la mano sobre la boca impidiéndoselo. La miró con una mirada juguetona y sonrió, mientras terminaba con lo que estaba haciendo.

Le quitó la mano de la boca sólo para poder volver a agarrarla mejor, al tiempo que eyaculaba en su interior. Aminoró el ritmo, conforme notaba cómo parte de él se introducía en ella...

Ella intentaba no gritar, e intentaba disfrutar de su orgasmo, sin hacer demasiado ruido...

-¿Mamá?-ahora la voz sonaba un poco más cercana, y Caroline parecía preocupada.
-Thomas, nos va a ver...-dijo con dificultad.

Thomas volvió a sonreír, mirándola a los ojos. Sentir cómo sus ojos conectaban era como volver a penetrarla a otro nivel. Salió de ella y se ajustó la ropa, dejando que el vestido de ella volviera a caer hasta el suelo.

Le dio un beso en los labios antes de separarse del todo y disimuló, al notar que una pequeña entraba al establo. Acudió a la entrada a interceptarla, mientras Caroline aún luchaba por recuperar su aliento. Aquello le daría algo de tiempo.

-Papá, ¿Sabes donde está mami?-le preguntó la pequeña.
-Sí, creo que estaba por aquí...-le contestó agachándose a su altura.

La pequeña Eve apenas tenía cuatro años, y no podía separarse de su madre por más de cinco minutos. Esta vez había sido algo más...

Tenía el pelo castaño, con reflejos dorados bajo la luz del sol, como su madre. Y unos penetrantes y fríos ojos azules, como los de su padre.

-¿Dónde está mami?-repitió ansiosa. Thomas rió al comprobar la poca paciencia de su hija.

En ese momento Caroline apareció junto a ellos, y la niña corrió a recibirla. Se agarró a sus piernas con fuerza, como si hubiera estado sin verla durante días. Caroline rió.

-¿Qué estabas haciendo mamá?-preguntó la niña con curiosidad.
-Mamá tenía ganas de montar un rato...-dijo Thomas con un doble sentido que sólo los adultos entendieron. Caroline le echó una mirada de desaprobación.
-Pensaba que no podías montar...-dijo la niña tocándole la barriga.
-No, no puedo...pero vine a visitar a los caballos...los echaba de menos...-le explicó ella con cariño, y se agarró la enorme barriga que tenía.

Estaba embarazada de ocho meses, y habían estado viviendo una vida de ensueño desde que Thomas había decidido marcharse de Birmingham y mudarse al campo.

Y aunque, en un principio Thomas no quería volver a tener descendencia...el amor desenfrenado que sentía por Caroline, le había hecho replanteárselo. La vida los trataba bien, había sido capaz de dejar los negocios a un lado, y había decidido que iba a permitirse ser feliz. Esta vez sí. Aquella era su última oportunidad, y no pensaba volver a desaprovecharla...

Había comprado una enorme casa, con establos para sus caballos...y durante el primer año allí, únicamente se dedicaron a ver atardeceres, montar a caballo y hacer el amor cada día...a todas horas...

Fruto de ello, habían tenido a una pequeña a la que llamaron Eve. Había llegado sin buscarla, pero sin duda, la deseaban. Y lo mejor de su llegada, fue que Thomas había podido estar allí para disfrutar de cada momento. Con su llegada empezó a entender la vida de otra manera.

-Quiero que me cojas en brazos...-le pidió la pequeña a su madre.
-Eve, sabes que no puede...-le recordó su padre.

Sin embargo, Caroline se agachó y la tomó entre sus brazos.

-No debes coger tanto peso...-le advirtió a ella.
-Será sólo un momento...-respondió Caroline quitándole importancia.

Thomas resopló y observó a las dos mujeres que ahora ocupaban su vida. Y a aquella barriga que le traía de camino a otro retoño más. Por fin entendía lo que era la felicidad, y pensaba exprimir aquellos momentos lo máximo que pudiera, durante el máximo de tiempo posible...iba a continuar siendo ambicioso, sólo que en otro aspecto de su vida...porque después de todo había aceptado que, incluso él, merecía ser feliz.

-FIN-

***Nota de autora: por fin he puesto el broche final a esta historia. El epílogo donde podéis saber qué ocurre en las vidas de Thomas Shelby y Caroline Smith cuando toda la acción termina. Llevaba mucho con la idea en mente pero no había llegado a escribirlo. Espero que lo disfrutéis y ahora sí, podré marcar esta historia como "completa".

Un Amor NocivoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora