CAPITULO 63 - EN CASA DE MOSLEY (PARTE II)

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Una vez estuvieron acomodados en las sillas, Margaret comenzó a servir la comida. La mesa era larga y robusta; y las sillas estaban acolchadas y forradas en una bonita tela roja. Resultaron bastante cómodas para la velada.

El primer plato era una sopa de marisco, con un olor fuerte y penetrante. El color estaba poco determinado, pero Caroline se atrevió a probarla a pesar de que no tenía nada de apetito. Se llevó la cuchara a la boca y tragó con dificultad. Levantó la mirada sólo para ver a Mosley sorbiendo la sopa de su cuchara con sus ojos puestos en ella. Aquello hizo que se le cerrara el estómago por completo, si es que aquello era aún posible.

Aún así, prosiguió comiendo poca cosa, hasta que dieron paso al plato principal. Lucía apetitoso, pero simplemente la compañía no ayudaba, y Caroline se limitó a probarlo y a juguetear con el tenedor en su plato.

-¿No tienes mucho apetito?-preguntó Oswald fijándose en ella.
-Eh...no demasiado, lo lamento muchísimo. Tiene un aspecto muy delicioso, pero me temo que ya no puedo comer más...-dijo con educación, intentando ser lo más sincera posible sin parecer descortés.
-No te preocupes, ahora nos tomaremos una copa de ginebra en el despacho si lo prefieres...y podemos charlar tranquilos...-le ofreció él como segunda opción.
-¿Nos pasamos a la ginebra?-preguntó ella intentando sonar divertida.
-Sí, he advertido que no has disfrutado del whisky...así que te puedo ofrecer otra cosa...-dijo poniéndose en pie y acercándose a ella. Le ofreció el brazo para que lo acompañara de vuelta a la biblioteca.
-Eres muy amable Oswald...-dijo ella con una fingida sonrisa colgándose de su brazo para volver a la habitación donde ya estuvieron con anterioridad.

Thomas y Arthur regresaron a sus antiguas posiciones y el primero no paraba de mascullar para sí, maldiciendo a Mosley sin parar.

-Relájate Tommy...no correrá ningún peligro, tranquilo...ya hemos revisado la casa desde fuera, no hay nadie, sólo la vieja cocinera...-lo intentó calmar Arthur, pero Thomas estaba sufriendo una tortura mientras observaba desde la distancia. No podía oír de qué hablaban, pero sabía por los gestos de Caroline que estaba aguantando comentarios fuera de lugar.

Oswald cogió una buena ginebra y vertió su contenido en los vasos. Le tendió una de las copas a Caroline, que la sostuvo con una sonrisa. Oswald agarró otro, y Caroline se quedó algo descolocada al ver que un vaso de ginebra más había quedado sobre la mesita. Lo miró con desconfianza sin entender por qué habría hecho algo así. Tomó un sorbo temerosa, por algún motivo le produjo una sensación desagradable en boca.

-Espero que no te importe...pero he invitado a alguien más...-dijo al notar su mirada hacia el tercer vaso.
-¿Alguien más?-preguntó ella sorprendida y algo asustada, era algo con lo que no contaba.

Oswald se acercó a la puerta de la biblioteca y la abrió para dar paso a otro hombre, bajo la atenta mirada de Caroline. Alguien que le resultó familiar entró en la sala.

-Buenas noches...-escuchó decir.

Lo miraba intentando recordar de qué lo conocía, y no fue hasta que lo tuvo más cerca que recordó dónde lo había visto antes. Se fijó en su rostro lleno de cortes y heridas. Algunos moratones que aún estaban sanando destacaban en su pálida piel. Era aquel hombre al que había golpeado en aquel club al que fue a buscar cocaína. En Caradonna. Era ese tal... Nigel Chapman, recordó haciendo memoria.

Mantuvo el aliento en su interior, congelada al darse cuenta de quién era.

-Buenas noches...-contestó ella después de un largo silencio.
-Este es el señor Chapman. Ha venido a la ciudad por negocios. Voy a ayudarlo a expandir su red de tráfico por el norte, ya que su sede está en Londres...-explicó Oswald.

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