CAPITULO 53 - EL ACUERDO

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Caroline continuaba revisando las anotaciones anteriores. Se remontó varios meses atrás. Pasó unas cuantas páginas del libro de contabilidad B, y revisó unas cuantas hojas sueltas que tenía archivadas.

Había estado llevando la contabilidad, sí, pero no había prestado atención a aquellos detalles.

El trabajo era relativamente sencillo; todo se reducía a escribir las cantidades. Ingresos, gastos...y calcular el beneficio...lo que se considera llevar el libro de cuentas de cualquier negocio.

Llevaba el libro de los negocios legales y de los que no lo eran tanto. Y en éste último, se notaron demasiados cambios en poco tiempo. En los últimos meses, el negocio había vivido fluctuaciones debido a las actuaciones llevadas a cabo por los agentes policiales....como aquel "robo" de mercancía en Londres, que fue registrado como puras pérdidas.

A pesar de esas fluctuaciones en la contabilidad B, el negocio se mantenía a flote. Sin embargo, Caroline nunca había prestado demasiada atención a las anotaciones, pues llevando el registro de ingresos y gastos, y calculando los beneficios consideraba hecho su trabajo.

Por primera vez hasta la fecha, comenzó a fijarse en las entradas y salidas de mercancía. Y ahí fue cuando notó ciertas discrepancias. Una de las notas del mes de Noviembre, registraba una entrada de doscientos cincuenta kilos de opio directamente desde la familia Cheng.

Ventas producidas de ese alijo: cuarenta kilos para uno de los fumaderos más grandes y conocidos de la ciudad; cuarenta kilos más que fueron confiscados en una entrega fallida; cuatro ventas (de veinte kilos cada una) a distintos burdeles de Birmingham; un envío de treinta kilos a Liverpool que salió airoso; otro envío de quince kilos a Manchester; pequeñas ventas independientes...cinco, diez, siete kilos, otra venta de cinco, una más de diez....y ahí se terminaba. A continuación entraba nueva mercancía.

No hacía falta ser un lince matemático para percatarse de aquello. Pasó sus delicados dedos por aquellas líneas de salida, y con su otra mano fue anotando una por una las cantidades en un trozo de papel. Entre todas, las ventas sumaban un total de doscientos cuarenta y dos kilos...lo cual era ocho kilos menos que la cantidad de mercancía recibida para su posterior venta.

Revisó la siguiente entrada de mercancía, así como las cantidades vendidas. Volvía a haber una diferencia, aunque en esta ocasión solamente de cinco kilos.

Revisó todas las entradas y salidas de mercancía, y siempre parecía haber una discrepancia...en todas las ocasiones de menos, nunca de más ¿Se trataba de los chinos? ¿No entregaban la cantidad exacta acordada? ¿O quizás las ventas tampoco eran pesadas con exactitud y de ahí las discrepancias? O quizás...

Algo más vino a su mente, pero cerró los libros de golpe y enterró las anotaciones entre las facturas al escuchar cómo alguien golpeaba a la puerta.

-Adelante...-dijo sin más, sin ni siquiera preguntar de quién se trataba.

Se sobrecogió al ver a Thomas con ese porte solemne. Él cerró la puerta tras de sí y caminó hacia el escritorio. Observó la copa de vodka que reposaba sobre la mesa y después fijó su mirada en Caroline.

-Creo que deberíamos hablar...-dijo en un tono serio.
-No estoy segura de eso...-dijo poniéndose en pie e intentando desviar la atención de Thomas. Rodeó el escritorio, no quería que viera lo que estaba haciendo con todos aquellos papeles.

Estaba preparada para afrontar lo que fuera que Thomas quisiera decirle.

-¿Estás bien?-preguntó y extendió la mano para rozarle la mejilla con sus dedos. Parecía especialmente interesado.

Aquello estremeció a Caroline. Estaba preparada para afrontar cualquier cosa pero...no esperaba eso. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al notar el roce de Thomas en su rostro, y tardó unos segundos en reaccionar.

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