CAPITULO 60 - MANZANA PODRIDA

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NOTA DE LA AUTORA: Aquí os dejo uno de los últimos capítulos, pues nos aproximamos al final. No sé si por falta de tiempo, inspiración o porque no quiero que se acabe...pero me está costando escribir los últimos capítulos. Siento la demora, pero os dejo aquí el nuevo capítulo. Espero que lo disfrutéis y que os guste, y que sigáis leyendo hasta el punto y final.
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Abrió de golpe sin preocuparse de qué podría encontrar en el interior. Unos cuantos gritos de las chicas se escuchó después de que se sobresaltaran con la puerta.

-Fuera...-dijo sin más. Todas lo miraron sin entender qué hacía allí-. ¡FUERA! ¡AHORA!-repitió esta vez gritando a pleno pulmón. Las chicas salieron corriendo de la habitación, algunas se cubrían con rapidez antes de salir de allí despaboridas.

Y entre todo aquel alboroto, una persona se mantuvo en pie inmóvil en mitad de la habitación.

-Tommy...-murmuró Caroline casi sin poder articular palabra después de aquella escena.

Caroline había decidido regresar al negocio de Duke aquella noche por dos motivos: primero porque estaba sintiendo una necesidad enorme de volver a sentir lo mismo que la noche anterior; necesitaba ese subidón de adrenalina, ansiaba volver a probar la cocaína y volver a experimentar lo que se sentía. Esa euforia momentánea. Y segundo, porque había intentado regresar al local de la noche anterior sin éxito. Rose, la madamme, no quería que volviera a entrar, y se negaba a darle o tan siquiera venderle nada. Que la hubieran relacionado con Thomas Shelby y los Peaky Blinders había sido un motivo de peso para evitarla.

El único lugar que conocía donde podría encontrar algo sin problemas era en el negocio de Duke. Sabía que el muchacho quizás no la ayudaría; pero entonces recordó que la noche anterior, cuando fue a la habitación de las chicas a buscar algo de ropa las oyó hablar de cómo a veces los clientes le daban algo de droga y que guardaban parte por si alguna vez necesitaban un empujoncito para animarse. Comentaban que de vez en cuando se metían alguna raya antes de trabajar, sobretodo, con ciertos clientes.

Caroline no se lo pensó dos veces y acudió a aquella habitación. Llevaba dinero encima, así que sabía que las chicas aceptarían sin rechistar, y de hecho, montaron su propia fiestecita en aquel dormitorio. Todo eran risas y diversión hasta que la puerta se abrió de forma abrupta y todas salieron despaboridas de allí como si hubieran visto al mismísimo diablo. Ni más, ni menos: Thomas Michael Shelby.

-¿Qué haces aquí?-fueron las primeras palabras que le vinieron a la mente.
-No. ¿Qué haces tú aquí?-preguntó Thomas enfadado. La simple idea de que Caroline realmente pudiera estar ofreciéndose a otros hombres le hacía hervir la sangre.

Dio unos pasos hacia ella, y entonces fue cuando vio sobre una de las camas un pequeño espejo de tocador, del tamaño de un plato de postre. Tenía un marco pintado en dorado, bastante bonito, y una empuñadura para sujetarlo. Entonces se percató de lo que había sobre el cristal. Había rastros de polvo blanco sobre él, y también un par de billetes enrollados tirados junto al espejo. Reconocería aquella sustancia en cualquier parte.

-¿Has tomado?-preguntó señalando el espejo sobre la cama. Caroline lo miró con temor a contestar. Aquel era el momento que temía afrontar, y sí, se había metido una raya de coca no hacía demasiado; y se estaba divirtiendo hasta ese momento. No fue capaz de decir nada.

Thomas se acercó a ella de forma brusca y la agarró por el cuello. Caroline apartó la mirada, aunque tenerlo cerca le provocó cierta excitación.

-Mírame...-le pidió, pero ella centró su mirada en otra parte-. ¡Que me mires!-le exigió tomándola del rostro y obligándola a hacerlo. Le sujetó la cara con ambas manos para poder mirarla de cerca, y en cuanto sus miradas coincidieron, él supo que no necesitaba una respuesta.

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