CAPÍTULO 67 - ESTE ES NUESTRO FINAL

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Caroline estuvo sentada en un banco de la estación durante una hora. Fue el tiempo que tardaría el tren a Londres en llegar. Para ser exactos, estuvo sentada cincuenta minutos, pues el tren llegó a la plataforma algo antes para que los pasajeros fueran subiendo.

Fueron, con alta probabilidad, los cincuenta minutos más largos que había tenido que esperar por algo.

Miró a la pared donde había un gran reloj marcando la hora, moviendo su manecilla a cada tanto. No sabía cuántas veces lo había mirado, pero sí sabía que habían sido demasiadas. Miró también a la puerta de la estación, y analizaba el rostro de cada persona que llegaba a la plataforma. Ninguna de esas personas era Thomas. Suspiró, sintiéndose tan estúpida como cuando Robert le dijo que estaba prometido a otra persona. Resopló con una leve sonrisa; una sonrisa trágica y amargada.

Los revisores de los tickets llamaban a los pasajeros, y todas las personas de alrededor se agolpaban en las puertas del tren para poder emprender su viaje.

-¡Tren con destino a Londres, vayan subiendo!-escuchó, pero sin saber por qué continuaba inmóvil en aquel banco.

Volvió a mirar el reloj de la pared y echó un vistazo alrededor. Realmente tenía la esperanza de que Thomas fuera a llegar en cualquier momento. Había imaginado que vendría a por ella y la detendría, que no la dejaría marcharse...ni siquiera sabía por qué no la había alcanzado al salir de las oficinas Shelby.

Pero se engañaba a sí misma, pues sabía bien por qué. Porque Thomas había regresado al despacho y no le había seguido el rastro. Pensar que eso era lo que había pasado le dolía más que todos los golpes que hubiera recibido. ¿Realmente le importaba tan poco haberle hecho tanto daño? Le vino a la mente la imagen de aquella chica sentada de forma provocativa sobre el escritorio...sin duda no estaban hablando de negocios...

-¡Última llamada! ¡El tren a Londres está a punto de salir!-aquella voz la despertó de sus pensamientos.

Miró el billete de tren que sujetaba entre sus manos y se puso en pie. Tenía que hacerlo, tenía que marcharse de allí. Caminó hacia el tren al tiempo que éste tocaba el silbato...estaba a punto de salir. Se acercó al revisor y le entregó su billete.
Mientras éste lo revisaba no pudo evitar echar un vistazo atrás, pues aún pensaba que Thomas llegaría para detenerla. ¿Cómo podía seguir siendo tan ilusa? Una lágrima rodó por su rostro, al verse obligada a actuar de aquella manera.

-¿Se encuentra bien, señorita?-escuchó. El revisor la miraba perplejo.
-Sí...discúlpeme...-dijo sin saber qué otra cosa decir. El momento había llegado, se iría para probablemente no volver jamás.

Cuando Thomas al fin llegó a la estación, comprobó las salidas y corrió hasta la plataforma donde el tren estaba a punto de salir. Corrió cuanto pudo, pero una vez allí quedó totalmente inconsolable al observar cómo el tren a Londres partía y sólo dejaba un rastro de humo tras él. Era evidente que había llegado demasiado tarde...

Se llevó las manos a la cabeza y se agarró del pelo. Sus dedos se entrelazaron con sus cabellos, y gritó con desesperación. La había perdido...y sabía que era muy probable que no volviera a verla.

-¡¿POR QUEEEEÉ?!-gritó angustiado. Cayó de rodillas al suelo y unas lágrimas se agolparon en sus ojos. Las personas a su alrededor lo miraban como si fuera un demente. Lo cierto era que lo parecía.

-¡¿Qué coño estáis mirando?!-dijo al ponerse en pie y notar que la gente lo observaba. No se permitió derramar una lágrima...las retuvo en sus ojos todo lo que pudo, como si hubiera cubierto su superficie esférica con una película transparente de cristal fino que evitara que las lágrimas salieran de sus párpados.

Un Amor NocivoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora