CAPITULO 10 - ENFANGADO

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Se acercaba el mediodía y Thomas había quedado en encontrarse con los demás miembros de la banda para ver qué habían averiguado con respecto a la pelea.

-Debo irme. He quedado con Arthur...-dijo de forma repentina-. Era un hombre de pocas palabras, pero bastante oportunas y precisas.-¿Me acompañarás?-añadió Thomas mirándola.
-Sí, claro...¿Por qué no?-contestó sin saber bien qué decir.-¿Es seguro?-preguntó dudando por un momento.
-No creo que vuelvan...al menos, hoy, no...-dijo Thomas.
-Está bien, entonces iré...-sentenció ella poniéndose en pie y colocándose el abrigo.

Ambos salieron del apartamento, y Carol tropezó con la bolsa donde había traído la compra al salir.

-Oh, vaya, menudo desastre...-dijo agachándose y recogiendo las frutas y verduras del suelo. Volvió a colocarlas dentro de la bolsa y la dejó a un lado.
-Siento haberte asustado...-se disculpó Thomas.
-No me he asustado...-contestó ella rápidamente. Thomas sonrió levemente.
-No tienes que fingir que no te asusta nada...-le dijo casi burlándose de ella.
-Yo no finjo nada...-dijo quedándose perdida entre sus propias palabras.
-Claro...-contestó Thomas complaciente, pero tenía la sensación de que había mucho más de Carol que no veía que lo que realmente conocía de ella. Como si se tratase de un iceberg, y de momento sólo alcanzara a ver la punta. Y empezaba a darse cuenta que eso, en el fondo, le gustaba.

Salieron a la calle y caminaron hacia otro bar en el que solían reunirse. Esta vez se verían en el viejo Garrison, ya que el Red Goose estaba destrozado. Pasarían algunos días antes de que volvieran a pasar por allí.

Entraron y los demás miembros de la banda ya estaban allí. Caroline pudo reconocer a Arthur, a Paul, al joven Shane...y a otro tipo que también parecía haber estado implicado en la pelea juzgando por su aspecto.

Entonces cruzó la mirada con un joven al que no había visto nunca, la miraba de forma penetrante, y con cara de asco. Su mirada era siniestra, casi diabólica. Parecía disgustado de verla, pero estaba convencida de que no lo había visto jamás.
Al llegar a la mesa fue el primero en hablar...

-¿Esa quién es? ¿Qué coño hace aquí?-preguntó de mala manera.
-Nos acompañará en esta pequeña asamblea...-dijo Thomas sin más, no sin antes dirigirle una mirada de desaprobación.

Todos esperaron a que ambos se sentarán antes de atreverse a abrir la boca, y fue Thomas quien rompió el incómodo silencio.

-¿Y bien? ¿Habéis averiguado algo?-preguntó impaciente.
-Los putos italianos...Tommy, han sido los putos italianos...-dijo Arthur.
-¿Y por qué harían algo así? Las cosas están tranquilas con los italianos desde hace tiempo...-comentó Thomas.
-Dijeron algo sobre unas armas...-empezó a decir Paul.
-Sí, unas armas que nosotros le habíamos robado...-continuó Arthur.
-¿Qué? Nosotros no hemos hecho tal cosa...-dijo Thomas sonriendo como si se tratase de una broma.- ¿Verdad?-añadió tornándose serio para asegurarse. Por un segundo dirigió su mirada al joven de mirada penetrante.
-No, Tommy, lo juro...ya he preguntado a todos los nuestros, no saben nada...-dijo Arthur interviniendo.
-¿Y entonces? ¿Por qué nos culpan?-quiso saber Thomas.
-Por lo visto era una entrega que debían recoger. El pago ya estaba hecho y sólo tenían que recoger la mercancía...la entrega salió mal. Aparecieron un puñado de hombres y se llevaron las armas...-explicó Arthur.
-¿Y qué tenemos que ver nosotros en todo esto?-preguntó Thomas confuso.
-Dijeron que llevaban nuestras mismas gorras, Tommy...y que mencionaron algo sobre los Peaky Blinders...-explicó Paul.

Thomas se encendió un cigarro y quedó pensativo. Carol escuchaba en silencio, totalmente asombrada por todo aquello que acababa de escuchar.

-Primero lo de Londres y ahora esto...-dijo Thomas rascándose levemente la frente-.Parece que alguien está intentando jodernos...-dijo.
-¿El puto Mosley?-preguntó Arthur cabreado.
-No lo sé, Arthur...pero lo averiguaré...-dijo poniéndose en pie y caminando hacia la puerta.
-Te acompañaré...-dijo el joven desconocieo intentando seguirlo, pero Thomas lo detuvo.
-No, quédate aquí, es peligroso...-se limitó a decir; y el chico volvió a sentarse sin esconder su disconformidad.
-¿A dónde vas?-preguntó Arthur. Carol se giró en su asiento también con curiosidad, como si ella misma hubiera querido realizar aquella misma pregunta.
-Ya habéis hecho vuestra parte...ahora yo voy a hacer la mía...-dijo saliendo del local.

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