Caroline volvió al coche a toda velocidad, sus pies se movían ágiles y con decisión hacia su coche. No miró atrás. No podía. A pesar de escuchar que Thomas la estaba llamando repetidas veces.
¿Cómo podía haberle hecho algo así? Se sintió tan estúpida...casi había olvidado cómo eran los hombres. Ella había vivido tantas cosas, que no debería sorprenderse...sin embargo, jamás pudo imaginar algo así de Thomas. La imagen de él sentado en el sillón y aquella mujer frente a él sentada sobre el escritorio regresó a su mente mientras conducía de vuelta a la casa.
Detuvo el coche junto a la entrada y ni si quiera apagó el motor. Abrió la puerta y salió como disparada hacia la entrada, abrió la puerta y, sin cerrarla a sus espaldas, subió las escaleras a gran velocidad.
El ama de llaves se asomó desde la cocina, asustada por el estruendo de la puerta y pudo ver a Caroline terminando de subir los últimos escalones. Se quedó boquiabierta al ver la puerta de la casa abierta, y a su vez, sorprendida al ver el coche abierto y en marcha fuera. Regresó a la cocina donde estaba haciendo algunas cosas, sin querer entrometerse en lo que fuera que estuviera sucediendo.
En el dormitorio, Caroline abrió el armario y sacó un puñado de su ropa. De igual modo abrió unos cajones de la cómoda y sacó otro tanto de ropa que arrojó sobre la cama al tiempo que sus lágrimas se deslizaban por su rostro. Sacó su maleta, la abrió y trató de meter a presión todo lo que pudiera caber en ella. Le daba igual si iba hecho una bola, arrugado y agolpado, le daba igual que no cupiera todo. No se preocupó en seleccionar qué iría dentro y qué dejaba atrás; en el momento que estuvo llena la cerró y salió del dormitorio sin mirar atrás. Bajó las escaleras y salió de aquella casa, sin tan siquiera molestarse en cerrar la puerta tras de sí.
Volvió al coche, que continuaba en marcha y condujo hasta la estación de tren. No podía parar de llorar ¿Acaso no aprendía? Otra vez había acabada traicionada por el hombre al que amaba...la única diferencia era que esta vez lo amaba de verdad, y el golpe le impactó más fuerte de lo que hubiera imaginado.
Se apresuró al mostrador y adquirió un billete de ida y no retorno a Londres. Su aventura en Birmingham terminaba en ese momento. Se sentó a esperar el próximo tren, que llegaría a la estación en una hora.
Respiró hondo e intentó calmarse, sosteniendo con fuerza aquel billete entre sus manos. Le había golpeado la realidad, y dolía bastante: aquella locura había llegado a sus fin, y había sido una ilusa al pensar que aquello podría acabar de otra manera. Thomas Shelby sólo ama a una persona: Thomas Shelby.
Miró el gran reloj que colgaba en la estación impaciente, deseando que los minutos se consumiesen y su tren llegara rápido.
Mientras tanto, en las oficinas Shelby Thomas gritaba en su despacho desesperado. Golpeó algunas de las cosas que encontró a mano, y volvió a darle un trago a la botella de whisky.
-Tommy...¿Qué ha pasado?-escuchó una voz preocupada.
-Ya sabes qué ha pasado...-dijo-...que lo he echado todo a perder, como hago siempre, ¿No?-continuó dándole un trago más a la botella.
-Intenté detenerla para que no viera a la nueva contable, de verdad que lo intenté...-se excusó Arthur.
-Lo sé...no es culpa tuya...es sólo mía...-dijo Thomas muy apenado.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Estábais...?-Arthur no se atrevía a preguntar. De repente se volvió remilgado y no encontraba la forma de decirlo.
-¿Follando?-el propio implicado tuvo que terminar la pregunta-. Por Dios, no...sólo estábamos charlando, pero ella...me tenía ganas, la verdad... si por ella hubiera sido...-comenzó a relatar los hechos-. Yo sólo estaba divirtiéndome un poco, ni siquiera la he tocado...-admitió.
-¿Entonces? ¿Por qué no has ido tras Carol?-le preguntó esperanzado.
-¿Acaso importa lo que le diga? ¿Piensas que me creerá?-preguntó desplomándose sobre su sillón y dándole un trago más al whisky.
En ese momento la hermana de ambos cruzó el umbral de la puerta del despacho de Thomas.
-¿Qué pasa aquí? ¿Dónde está Carol?-preguntó algo confusa, y no obtuvo respuesta. Sólo las tristes miradas de sus dos hermanos-. No me jodas, Thomas Michael Shelby, ¿Me vas a decir que Caroline tenía razón? ¿Tan malo es?-le soltó una reprimenda y se cruzó de brazos esperando una explicación.
-¿Tan malo es el qué?-preguntó éste sin seguirle el hilo a su hermana.
En ese momento estaba totalmente perdido. Ada soltó una leve sonrisa, sin poder creer que su hermano fuera capaz de actuar de aquella manera.
-¿Tan malo es tener otro hijo?-le preguntó sin pelos en la lengua-. Sé que no es tu sueño y ya tienes descendencia pero...-comenzó a argumentar algo que Thomas había dejado de escuchar hacía varios segundos.
-¿¡Qué has dicho!?-y se puso de pie de un salto, por instinto.
-No te enfades conmigo por entrometerme...pero creo que podríais ser una familia feliz. Es verdad que al principio no me gustaba demasiado pero...ella te ama, y quiere que tengáis a ese bebé juntos, tienes que dejar el negocio y priorizar otras cosas Tommy...esta vez creo que...-no pudo continuar. Su hermano la mandó a callar. Se acercó a Ada con desesperación en la mirada, la agarró por los brazos y prácticamente la zarandeó.
-¡¿Qué bebé Ada?! ¡¿De qué cojones estás hablando?!-le preguntó prácticamente ido.
-¿No...? ¿No te ha dicho Caroline que está embarazada?-preguntó sorprendida.
Thomas soltó a su hermana para poder llevarse ambas manos a su cara en desesperación. No podía ser, no podía creer que le estuviera pasando aquello. Tan cerca de tenerlo todo, y acaba de perderlo por mirar un estúpido escote. Soltó un grito seco que hizo retumbar las paredes. Un grito de desesperación. Realmente sentía que estaba destinado a ser un desgraciado y a vivir en soledad, que no merecía nada bueno que pudiera pasarle.
-Iba a ir a Londres. Me dijo que tú no querías tener más hijos...y que buscaría un médico para...-comenzó a relatar los planes de Caroline-...bueno, ya sabes...para no tener al bebé...-se apenó sólo de pensarlo.
-Ve a buscarla Tommy...-le animó su hermano mayor.
-No.-se limitó a contestar.
-Ve a buscarla...-insistió Arthur.
-Tanto si lo tiene como si no...estará mejor sin mí...-dijo volviendo a tomar la botella de whisky y dándole otro trago.
Fue entonces cuando Arthur sacó su lado protector de hermano mayor, y actuó conforme lo que consideraba más correcto. Le quitó de las manos la botella a Thomas y volvió a insitirle.
-Ve a buscarla, maldito hijo de puta, y no dejes que mi sobrino o sobrina desaparezca antes de siquiera haber conocido este mundo...-soltó Arthur indignado.
Thomas lo miró enmudecido, sin esperar tal proporción en la reacción de su hermano. Fue como recibir un soplo de aire fresco, como si le hubieran tirado un jarrón de agua por la cabeza, como si hubiera salido de un trance...
-Tienes razón Arthur...voy a buscarla...-murmuró lo suficientemente alto como para que su hermano lo escuchara.
Salió de allí a toda prisa y corrió a casa; sólo esperaba que no fuera demasiado tarde y aún estuviera allí.
Al llegar encontró la puerta abierta.
-¡Caroline!-gritó, pero no obtuvo respuesta.
Corrió escaleras arriba hasta el dormitorio. Al entrar se preocupó al ver parte de la ropa tirada por la cama y por el suelo.
-¡Caroline!-volvió a gritar al tiempo que comprobaba la sala del baño. Parecía que no estaba allí.
Volvió a bajar a toda velocidad ante la atónita mirada del ama de llaves que, ante tanto jaleo, había salido de la cocina para ver que ocurría. Thomas salió de la casa y condujo directo a la estación de tren.
Comprobó las salidas y corrió hasta la plataforma donde el tren estaba a punto de salir. Corrió cuanto pudo, pero una vez allí quedó totalmente inconsolable al observar cómo el tren a Londres partía y sólo dejaba un rastro de humo tras él. Era evidente que había llegado demasiado tarde...
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Un Amor Nocivo
RomanceUna historia inspirada en la serie de televisión "Peaky Blinders" Thomas Shelby cree haber tocado fondo. Su familia está rota y su futuro es incierto. Después de tantas pérdidas por el camino a su ascensión, después de tantas muertes, después de inc...
