CAPITULO 36 - SOPLONA

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Thomas salió de las oficinas aún lleno de rabia. No podía evitar sentirse celoso al saber que Carol había estado con Jonas y que, además, había vuelto a intimar con él. Caminó por las calles bajo el oscuro manto de la noche. Había oscurecido rápido, y la temperatura había caído en picado.

Sus sentimientos estaban descontrolados, y eso era algo que él odiaba profundamente. Le gustaba tenerlo todo bajo control y con Carol, eso no era así, lo cuál le enfadaba de sobremanera.

Respiró hondo, sabiendo que no había hecho bien al gritarle a Caroline en su despacho. ¿Y si pasaba a verla? No, ella no querría hablar con él... pero se moría de ganas de estrecharla entre sus brazos. La locura continuaba. Si tan sólo pudiera sacársela de la cabeza...

Continuó con su paseo y antes de darse cuenta estaba frente al apartamento de Caroline. Sin duda, su subconsciente había decidido por él. Dio una última calada al cigarro mientras levantaba la mirada para comprobar que había luz en el interior. Una tenue luz iluminaba el exterior a traves de los cristales de sus ventanas. Ella debía estar allí y aún seguiría despierta.

Se acercó a la puerta y tiró la colilla al suelo. Entró y subió las escaleras. Dudó antes de llamar a la puerta, pero sabía que debía hablar las cosas con Caroline con algo más de tranquilidad.

Golpeó con sus nudillos, pero no obtuvo respuesta.

-¿Caroline?-llamó acercando su boca a la puerta.

Arrimó el oído y no pareció escuchar nada. Era raro que ella no contestara. Por muy enfadada que estuviera, sabía que Caroline al menos respondería. Volvió a llamar, pero nada. Decidió forzar la puerta y entró buscando con la mirada a Caroline. Las luces estaban encendidas, pero no la veía por ninguna parte...ni en la mesa del frente, ni en la cocina, ni en la cama...

Tuvo que bajar la trayectoria de su mirada al verla tumbada en el suelo junto a la cama. Se aproximó con rapidez y se agachó junto a ella.

-¡Caroline!, ¡Caroline!-gritaba su nombre al tiempo que la zarandeaba un poco intentado despertarla.

Estaba en ropa interior así que las heridas de su torso llamaron su atención.  Pasó los dedos por algunas de las quemaduras y miró el rostro de Caroline, que lucía muy bella incluso en aquel estado. Sus mejillas estaban muy rojas, y estaba empapada de sudor. Comprobó su respiración, que parecía agitada y le tomó el pulso; lo tenía muy acelerado.

La cogió entre sus brazos y la posó sobre la cama. Su herida del brazo sangró levemente, y notó cierto dolor, pero lo que realmente le preocupaba era ella.

-Carol... Carol...-dijo. Ella movió la cabeza de lado a lado y arrugó la frente.
-No... no, por favor...-decía entre murmuros. Parecía estar soñando.

Thomas caminó hasta el baño y cogió una toalla pequeña. La humedeció en agua fría y la estrujó. Su mirada viajó hasta la mesita de patas largas junto a la bañera. Vio algo que ya había visto antes...

Se acercó y comprobó que la botella, ahora sin tapón, estaba completamente vacía. La cajita metálica estaba también abierta y también estaba del todo vacía. Ya había advertido a Carol de lo peligroso que podían llegar a ser esos productos, pero según parecía no le había hecho caso. Cerró la cajita metálica y se la metió en el bolsillo de la chaqueta.

Salió del baño, y acudió junto a Carol. Le pasó la toalla fría por la frente y por el lateral del rostro, así como por su cuello. La toalla no tardó en calentarse, pero había transmitido poco frío al cuerpo de Caroline, que comenzó a revolverse una vez más.

-No...no lo hagas, por favor...-murmuraba. Thomas no pudo evitar pensar que parecía estar sufriendo. Aquello no eran sueños, eran pesadillas. Lo sabía porque su experiencia propia le daba el rango necesario para identificarlo. No sabía qué podría estar soñando pero sintió compasión por ella, porque entendía aquella situación demasiado bien.

Un Amor NocivoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora