Capítulo 34

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Era un día lluvioso, y las gotas caían incesantemente sobre la ciudad, creando charcos en las calles y llenando el aire de una frescura revitalizante. Cate se despertó sintiéndose renovada, pero sabía que necesitaba más que una noche de sueño para recuperarse por completo. Decidió que un cambio de escenario era necesario para aclarar su mente y encontrar algo de paz.

Primero, se dirigió al hospital para hablar con su jefe. Caminó por los pasillos, escuchando el murmullo de actividad a su alrededor, y finalmente llegó a la oficina.

— Buenos días, Cate — la saludó su jefe con una sonrisa.

— Buenos días — respondió Cate, entrando en la oficina y tomando asiento. — Necesito hablar contigo sobre tomarme unos días de descanso.

— ¿Todo está bien? — preguntó él, preocupado.

— Afortunadamente, no hay nada grave, solo la necesidad de descansar y desintoxicarme. He estado pasando por algunas circunstancias familiares muy estresantes y necesito tiempo para recuperarme — explicó Cate, sin entrar en detalles.

— Entiendo perfectamente. Tómate el tiempo que necesites. Tu salud es lo más importante — dijo su jefe, asintiendo con comprensión.

— Gracias, lo aprecio mucho — respondió Cate, sintiendo una ligera sensación de alivio.

De vuelta en su casa, Cate decidió que era hora de alejarse por un tiempo. Tenía una cabaña en las montañas, junto a un lago hermoso, donde solía ir para desconectar. Empacó ropa cómoda, como camisas y pantalones, y se preparó para el viaje. Antes de irse, llamó a su hija Chloe.

— Hola, mamá — respondió Chloe con su habitual tono alegre.

— Hola, cariño. ¿Cómo estás? — preguntó Cate, tratando de sonar casual.

— Bien, muy ocupada con la universidad y todo. ¿Y tú?

— También bien. De hecho, he decidido tomarme unas vacaciones para descansar un poco. — Cate intentó no sonar demasiado evasiva.

— Eso suena genial, mamá. ¿A dónde vas?

— No muy lejos. Solo necesito un poco de tiempo para mí. No te preocupes, estaré bien.

— Bueno, asegúrate de relajarte y disfrutar. Te llamaré para ver cómo estás, ¿de acuerdo?

— Claro, cariño. Hablamos pronto. Cuídate — respondió Cate, sintiendo un pequeño nudo en el estómago por no decirle exactamente a dónde iba.

Cate subió a su Jeep y comenzó el viaje hacia las montañas. El camino era largo pero hermoso, con paisajes que la ayudaban a despejar su mente poco a poco. Al llegar al pueblo cercano a su cabaña, se detuvo en una tienda para abastecerse de provisiones.

— Buenos días, ¿puedo ayudarte con algo? — preguntó el tendero, un hombre mayor con una sonrisa amable.

— Sí, por favor. Necesito provisiones para unas semanas. Comida, agua, y algunas cosas básicas — respondió Cate, sonriendo de vuelta.

— Claro, tenemos todo lo que necesitas. ¿Planeas quedarte mucho tiempo por aquí? — preguntó el tendero mientras llenaba una caja con los artículos.

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