Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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Augusta iba de un lugar a otro, leía con atención un trozo de papel bien vistoso entre sus manos.
──¿Ya puedo ver?. ──Pide la princesa Bianca, le seguía ligeramente el paso y con entusiasmo.
──Un momento. ──Sentencia la princesa mayor.── Ahora, toma.
Bianca toma el trozo de papel en sus manos y lee atentamente, aunque en principio no lo hace porque ese tipo de letra, trazo e idioma es el moro, un idioma que ella no sabe, pero que aún así le asombra porque es una carta escrita por un príncipe extranjero, el hermano de su amiga Augusta.
──Tiene unos buenos trazos.
──También me sorprende porque mi hermano podrá ser bueno empuñando espadas, pero no es bueno cuando se trata de escribir algún poema o carta familiar.
Las dos ríen, Augusta recordando a su hermano Calix rascar su cabeza por no entender una palabra y Bianca imaginando la infantil forma del príncipe heredero de Karras por las descripciones de su amiga.
──Debes extrañarlo mucho.
──Lo hago, pero nuestra madre nos enseñó la cura ante esos momentos tristes, ella era gitana antes de ser Reina.
──¡Increíble!. ──Exclama.──¿Cómo pudo ser aceptada?.
──Se ganó al pueblo, veía por los niños, viudas y los necesitados. ──Explica, tomando una tela sedosa entre las tantas que había reposando en los respaldos del sofá.──Era una Reina fuerte, de voluntad inquebrantable y con una gran sabiduría.
──Me recuerda a la tía Margarita.
Augusta parpadea sorprendida y deja la tela en manos de Kali que la preparaba para salir, mirando a la menor.
──¿Eran cercanas?.
──N-No mucho. ──Suspira.── Pero cuando la veía en retratos, en sus visitas a mi hogar o incluso en sus cartas, la sentía tan cercana, como una madre a la cual contarle todos mis problemas.
──Oh, la Reina Margarita podía provocar tal efecto.
──¿Tú también tienes algo de ella?.
──Yo solo soy una gran admiradora. ──Sonríe.── Pensar que vimos a figuras tan importantes cambiar al mundo, en especial una mujer.
Bianca parpadea y guarda la sorpresa admirando a la princesa extranjera que había dicho tales palabras, juntar sus manos, mantener su postura recta, una voz suave pero firme y sostiene su mirada ante el paisaje ofrecido por el gran ventanal de la habitación. De nuevo, no podía evitar comparar a la fallecida Margarita con la joven Augusta.
«Como si fuera una Reina.»
──En fin, ¿Qué chismes tienes para mi este día?. ──Augusta rompe el ambiente volteando a verla con una sonrisa.──Debo estar al tanto antes de salir.