Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Continente central Ciudad de Trevero
Augusta admira todo levantando levemente la cortina de su ventana, el viaje había sido ameno y divertido en compañía de Ariadne de Mare y para su sorpresa del Cardenal, padre de Ariadne, quien por supuesto había sido convocado por el Papa Ludovico a la ciudad dorada del continente central aunque fuera por unos motivos mas oscuros que Ariadne no preciso bien en contar.
«Es emocionante conocer más lugares, Augusta de Gálico tenía razón cuando me contaba sus historias de Trevero.»
Unos golpecitos la obligan a despertar de su ensueño, topándose con la sonrisa de un risueño Alfonso galopando en su corcel blanco al ritmo de su carruaje.
──Buenos días. ──Saluda educada.
──Espero que su sueño haya sido agradable en mi carruaje.
«Cierto, Alfonso me dio escoltas, carruaje y todo lo que necesitaba para el viaje.»
Augusta asiente con una suave sonrisa, intentando no suspirar con los detalles del príncipe.
──Así fue, no hubo problema alguno.
──Primero vamos a desempacar y después llegaremos a la audiencia con el Papa, ¿Estás segura de acompañarme? No es tu obligación.
«Ariadne y su padre se adelantaron por protocolo al estar más relacionados con la iglesia, eso… me hace estar más intranquila por alguna razón.»
──Para nada, estoy bien, además, dije que te iba a seguir ¿No es así?.
Alfonso sonríe, sintiendo calidez y nostalgia al recordar ese paseo a caballo.
Augusta por otro lado, estaba tensa. «El Papa… Ninguna de las historias o rumores sobre él me calma, que ironía.»
La residencia del príncipe estrusco era el reconocido Palacio Delice, residencia de verano del Papa Ludovico, ahí todos se hospedaron, después de todo, eran trecientos cincuenta caballeros sumando sirvientes y damas de compañía que tambien requerían su espacio personal, era perfecto, además de estar algo lejos del corazón de la ciudad, un poco lejos de la pesada mirada del Papa.
Luego de terminar con la mudanza rápida, ya estaban listos para emprender camino a la iglesia de la ciudad, tan dorada y brillante que se empeñaba en demostrar el poder inconmensurable de la iglesia sobre los mismos gobernantes del continente.
Como es bien sabido, nadie se opone a los designios del mensajero mas cercano al Dios Celestial.
Augusta inhala y exhala sutilmente, avanza tras Alfonso junto con sus damas, custodiadas por el séquito real de estrusco por esos blancos pasillos.
──¡El representante del Reino Estrusco, su alteza, el Príncipe Alfonso de Carlo y su invitada de honor, Princesa del Reino Karras!.
──¡El representante del Reino Salamanta, el marqués Lorenzo de Variati!.