Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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Reino Estrusco, Tierras de Heranae Residencia real de su majestad
Era de mañana, tan de mañana para León III.
Todo iba tranquilo para el anciano que ya no sufre por amores, de hecho, con los últimos acontecimientos sobre su reciente amante, comprendió que tal vez no era tiempo para tener mujeres a su alrededor a menos que domesticara a su hijo legítimo que estaba desesperado por tomar su trono.
Lo sabía bien, todas esas ratas ansiosas por tomar todo lo que le pertenecía.
«Malditos… Maldito seas tú, Alfonso.»
Pero las maldiciones matutinas de León III se vieron truncadas por una noticia de su secretario Delfinosa que le hizo incluso casi tener una especie de paro cardíaco.
──¡¿Qué ese tipo hizo qué?!.
Rápido León III se preparó y fue al salón de reuniones privado donde estaban las personas más entrañables como jamás para ser consideradas para animar una fiesta. La furiosa vizcondesa, la orgullosa Rubina, la también enojada Bianca Heranae, un nervioso secretario Delfionsa y finalmente los protagonistas de todo el escándalo: César de Pisano y Julia Helena de Manchike.
«No me lo creo… ¡¿Y todavía sonríes bastardo?!». León III acribilla con la mirada a su hijo fuera del matrimonio que estaba sentado como si nada en el cómodo sofá. «Bien lo dijo mi bella nuera, ¡Eres de lo peor!.»
──Buenos días a todos. ──León III carraspea, sin conseguir calmar el tenso ambiente──. Enterándome de la noticia, antes de hacerles saber mi posición al respecto, deseo conocer las versiones de los implicados.
La vizcondesa no creía lo que estaba escuchando, aún así, tomó por los hombros a la ahora desdichada princesa de Manchike que tenía los ojos medio en subtonos rojos de tanto llorar.
──Y-Yo…
──Nos hemos enamorado. ──César interrumpe sin cuidado a su amante──. Cuando miré por primera vez a su alteza Julia Helena, mi corazón explotó de tanto amor, por supuesto, no pude reprimir en cortejarla en secreto por las apariencias y la situación que no era favorable. Sin embargo, eso no nos impidió cultivar nuestro amor y terminar…
──Suficiente. ──León III ya no quería escuchar a pesar de solicitarlo antes, sobre todo por el descaro de su bastardo──. Lady Julia Helena, ¿Tiene algo que agregar?.
Julia Helena negó al instante, dando a entender de esa forma que estaba de acuerdo con la versión contada por César que evidentemente estaba blanqueando la descarada verdad, y esa fue el interminable vino que terminó en el pecado capital de la lujuria.
──Vizcondesa. ──León III ya estaba sudando frío──. Tiene que haber una forma de terminar este asunto de manera pacífica.
──La hay. ──Afirma la mujer──, que este hombre sinvergüenza se case con mi princesa.