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Al Cuello (Parte 1)

──En el nombre del Padre Celestial, ¿Qué les pasó por la cabeza?

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──En el nombre del Padre Celestial, ¿Qué les pasó por la cabeza?.

Augusta se estaba ocupando de un problema inusual, la fiesta por su boda había comenzado y los regalos fueron predispuestos: los soldados recibieron su sueldo por adelantado, las doncellas estruscas recibieron pan dulce y un vino, los sirvientes más
preciados una pequeña bolsa de monedas de oro, por San Carlo y las ciudades más lejanas tuvieron asignaciones de monedas, telas preciosas y pan dulce.

En palacio era un asunto a parte, iniciando desde la noche anterior una fiesta al puro estilo de karras donde sólo eran risas, vino, música y bailes de hermosas mujeres karrianas.
Sin embargo, en medio de la madrugada, cuando la princesa Augusta se disponía a dormir, tiene que levantarse e ir al palacio principal porque le avisan de un problema.

Las hermanastras de Mare se habían peleado muy fuerte, casi como el combate a duelo entre hombres.

«¿Acaso Rubina no estaría feliz de tomar estos asuntos? Que fastidio.» Augusta cruza los brazos, aún con su ropa de dormir pero con una gran túnica dorada envolviendo todo su
cuerpo, ni tuvo tiempo para alistarse por la urgencia de la situación. «León III tuvo que irse a dormir primero, supongo que vieron oportuno avisarme a mí.»

──Hablen, ahora.

Estando en un salón privado del palacio, las Mare, se miran con odio.

Ariadne estaba de rodillas en reverencia a la princesa, su vestido  rasgado en ciertas partes, hilo de sangre salía de su nariz, su cabello negro ahora si que era un nido de cuervos. Por otro lado, Isabella estaba en cierta medida peor, tenía un moretón en la mejilla y ojo izquierdo,
de vez en cuando escupe sangre y el precioso peinado era un despropósito alborotado, con mechones de cabello arrancados.

──¡Alteza!. ──Isabella chilla, con angustia fingida.── ¡Fue culpa de esa mujer! ¡Ella es una sucia y mugrienta…

──¡Cierra la boca! ¡Mala hija! ¡Mala mujer! ¡Una puta para el Rey!.

──¡Zorra!.

Augusta ordena de nuevo a los guardias que las mantuvieran lejos.

──Condesa, deje de patear.

Ariadne hace caso, pero aún insultando mentalmente a Isabella.

──¡Estás acabada!. ──Isabella enfurece.── ¡Cuando le diga a su majestad te mandara a la horca!.

──No si yo lo evito. ──Augusta junta sus manos, fastidiada.── Porque ahora soy yo quien decide en este asunto, ¿Verdad?.

Ambas mujeres bajan la cabeza, cada una liberándose de los guardias para dar una reverencia ante la esposa de su príncipe.

❝𝐅𝐈𝐀𝐁𝐀❝ 𑁍╰─── • ⁽ ʸᵒ ˢᵒʸ ˡᵃ ʳᵉⁱⁿᵃ ᵉⁿ ᵉˢᵗᵃ ᵛⁱᵈᵃ ⁾Donde viven las historias. Descúbrelo ahora