Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Por poco creíble que fuera, el Papa Ludovico pedía misericordia para Larissa.
──Mi querido rey, debo apelar a su simpatía esta vez. ──Comienza el Papa.──Entiendo que ha cometido un grave pecado pero es una mujer enferma, aunque se la lleve y la castigue, no tendrá la capacidad de darse cuenta de lo que ha hecho mal. Augusta entendió, pero no le importaba.
──¿Va a permitir que se salga con la suya?. ──Augusta interviene entre Felipe IV y el Papa.──Usted lo vió, todos los presentes también son testigos, fui golpeada por su locura y esto no quedará impune para mi continente, para mi padre, el noble rey de mi reino.
Ludovico se contiene a torcer la boca por tal enfrentamiento.
Una princesa virtuosa contra el Papa del Continente Central.
──¿Podría apelar por su misericordia?.
«Claro, una princesa es la que apela por la mejor opción diplomática, pero yo… Realmente quiero que Larissa sufra.»
──Debería preguntarse a si mismo, como un padre, ¿Permitiría que su hija sea humillada en una corte lejos de su hogar sin respaldo alguno?.
──No hablamos de un padre, si no de una princesa.
──Entonces como princesa. ──Se señala a sí misma.──Representante de mi reino y de la dignidad de mi familia de sangre azul, no puedo perdonar la falta, porque yo soy un reino, el Reino de Karras.
Ludovico mantiene un silencio y cruza miradas rápidas con Felipe IV, Augusta tenía razón, ella era una princesa en un país extranjero desprotegida, lo mínimo que podrían hacer como gobernantes es darle hospitalidad y protección para evitar guerras, en el caso actual, la cruzada se adelantaría no por buenos motivos, porque ellos quedarían como los malos de la historia.
Ludovico tenía su reputación misma pendiendo de un hilo por la locura de una mujer.
──Comprendo, princesa, ¿Podría considerar como castigo el destierro a un convento bajo la vigilancia de la Santa Sede por el resto de sus días?.
──Princesa.──Felipe IV apoya.── Lo que usted decida se cumplirá, tiene mi palabra. Dejo en su juicio la condena de esta traidora a su patria.
Augusta no mira hacia ningún lado, su mirada recta hacia la luz que ilumina su ser parece para terceros una sed de sabiduría, ¿Qué decisión tomaría?.
Sin embargo, la mente de Augusta se maquinaban planes crueles.
──Se irá a gálico, el primer día recibirá azotes en sus manos, el segundo día azotes en su espalda, el tercer día serán azotes en sus pies, el cuarto día será arrastrada por su reino desnuda y el quinto día será lanzada al mar con una piedra amarrada a ella.