Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La mañana era fría, apenas la luna estaba dejando que el sol entrara de a poco al cielo para iluminar y despertar a todos.
Solo en un ambiente así, a la punta de una colina alejada de la civilización del Reino de Karras, donde el pasto era frío y las hojas de los árboles se agitaban con las ráfagas de viento, estaba la segunda princesa junto con su fiel sirvienta, considerada su mano derecha.
──Que frío. ──se queja Kali.
──Sólo a esa anciana se le ocurre citarme así. ──murmura Augusta, acomodando como puede la capa de lana.
Las dos se acercan a la casa pequeña, una cabaña.
«Originalmente debería estar acompañada de un caballero como mínimo, pero cuando se trata de la anciana, los protocolos se rompen.» Augusta da tres golpes a la puerta.
──Saludos y paz jovencitas.
──Saludos y paz. ──Augusta hace reverencia ante la anciana.
──Pasen rápido, puedo ver sus labios temblando. ──comenta entre risas pequeñas.
Ya adentro es acojedor y eso calma a las dos visitantes, la ayudante más fiel de la anciana Ugat, Liuta, es quien presenta respetos a la princesa y le ofrece una bebida caliente.
──Anciana Ugat. ──comienza Augusta.── Tengo entendido que es un asunto importante del que quiere hablar conmigo.
──Por eso me agradas niña, siempre directa. ──sonríe tomando asiento al frente de ella, en la mesa de la pequeña sala.── A diferencia de tus torpes hermanos, sobre todo el niño, temo por el futuro del Reino si llega a ser Rey.
──Mi hermano se a preparado para ser el Rey toda su vida, por favor no desmerite sus esfuerzos.
──Ahg, olvidaba ese amor inconmensurable que tu madre te inculcó sobre tu familia, debes saber que no todo es blanco y negro.
──Por supuesto que lo sé, pero por el bien de todos se ignoran tales detalles para el bienestar común.
──Uhm. ──Ugat ronronea como solo un gato perezoso y de temperamento furioso lo haría.── En fin, es momento de revelarte algunos secretos que debes saber.
──¿Algunos? ¿Por qué no todos?.
──Porque existen momentos para contarlos, por ahora deberás trabajar con lo que te diga.
Augusta suspira, cada vez que visitaba a la anciana siempre le iba con trabas y adivinanzas que debía a fuerza descifrar si quería saber algo. Aún recuerda la primera vez que hablo con ella para introducirse en la magia como lo dictaba la tradición en la familia real, Ugat no paraba en darle más de una adivinanza que con suerte lograba encontrar la respuesta y también cuando colocaba de la nada humo rojo en su cara que olía a especias.