Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
«Me dijeron que la habitación de Elco estaba por aquí.» Augusta camina con discreción por esos pasillos pulcros, actualmente estaba en el área de trabajadores. «Si me ven, sería el mayor escándalo.»
Las puertas que guían a cada habitación son iguales, madera oscura. La razón por la cual Augusta buscaba a Elco era por preocupación, después de haberlo presentado con Ariadne y que él haya salido corriendo, le comentaron que rara vez dejaba su habitación.
Sus pensamientos se disipan cuando escucha algunos crujidos y quejidos lastimeros en el gran silencio del lugar, eran las diez, todos trabajan, así que esos ruidos la guían a una las tantas puertas, antes de tocar, algo le dice que se asome a ver por su cuenta.
Manteniendo sus ojos bien abiertos, silencia incluso su respiración.
Elco estaba en su habitación, no para de gritar y chillar odio hacia la Condesa de Mare.
──¡Maldita zorra, ni me reconoció! Esa desgraciada bruja. ──Tira un objeto cualquiera que se encuentra en su humilde escritorio, entonces golpea este mismo con violencia con su único brazo──. ¡¿Cómo es que a logrado sobrevivir a los intentos de asesinato?! ¡La odio, ojalá muera!... A-Aunque... No sin antes... Tocarla...
Elco extiende su mano enguantada hacia el frente, como si tuviera en frente a la Condesa de Mare.
──Ari... Uh... Condesa... Míreme.
Augusta se sorprende ante lo que presencia y retrocede, incluso su tez palidece.
«¡¿Él estaba enamorado de Ariadne?! ¡No recuerdo eso de la novela!, bueno, es una gran sorpresa.»
Suspira por lo bajo, con postura recta es que toca la puerta suavemente.
──¿Sir. Elco? ¿Se encuentra ahí?.
Escucha cosas caer o ser recogidas, pasan segundos que los sintió largos antes de que Elco abriera la puerta.
──A-Alteza, n-no debería estar aquí.
──Bueno, es que quería verte.
Elco se remueve y baja su mirada.
──¿Q-Qué? ¿Por qué?.
Augusta le sonríe, inclinándose un poco para estar a su altura.
──Sólo necesito que me sigas.
Con la dulce insistencia de la princesa, Elco tan solo se deja llevar y después de un día entero sin salir al exterior, logra deslumbrarse con el sol mañanero y la vegetación floral en el jardín del príncipe, su amo.
──Gracias por acompañarme esta vez, Sir. Elco. ──Augusta sonríe con brillantez exquisita al escuálido quasimodo que simplemente asiente desde su propia sombra.── Oh vamos, acérquese, no entiendo su timidez repentina.