Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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──¿Está segura de hablar con ese esclavo?.
Augusta asiente a la pregunta hecha por Sir. Bernardino, ahora estaban en el calabozo personal del castillo del príncipe, ahora su castillo. Si bien cada habitación y el pasillo estaban limpios, el que hubiera mucha más oscuridad de la habitual le produce a Augusta un latido diferente en su corazón.
Aún con todo ello, espera a que la puerta de madera gruesa se abra para ella, avanza a un paso tranquilo.
──Saludos a la despierta.
Augusta alza una ceja, esperaba la reverencia de rodillas por parte del esclavo moro que obtuvo al tomar todas las posesiones de la muerta Isabella como una compensación añadida que su mismo esposo exigió a León III. Sin embargo, nunca esperó escuchar un título extravagante que no oyera de la misma anciana Ugat.
──Tus halagos son insignificantes, no pienses apuntar a una vida decente. Recibirás lo que es justo bajo tu condición de vida. ──Augusta elige ser dura con ese esclavo.
Porque no era cualquier esclavo, era el hombre que estaba relacionado a Ariadne de Mare, posiblemente el que ve la tela de juicio divino por el cual su amiga está envuelta sin escapatoria y que por lo tanto debe ayudarla. Por esa razón, no puede confiarse, siendo más arisca que un gato y lista para expulsar veneno cual serpiente.
──Extraño, es en cuánto extraño. Pues, ¿Acaso no fue usted, noble y real princesa, quién lamentó mi terrible destino en estás tierras como un moro despojado de su libertad? Un moro tirado aquí a su suerte. ──Habla el moro.
──No he olvidado, sigo lamentando el hecho de tu destino, mi sangre mora, aunque mezclada, es seguro que podría ser compatible con la tuya. Pero esclavo, apuntas a mucho más que ese papel, parece ser que posees más poder entre manos que sería sólo comparable con cierto grupo de despertados en este mundo, ¿Me equivoco?.
El esclavo moro, siendo un hombre alto y musculoso pero encadenado, sólo puede emitir un tenue parpadeo mezclado con sus ojos, donde uno de estos, es una piedra roja.
──Mi nombre es Agosto, noble princesa, a como usted me ve, mi posición no ha cambiado para nada durante este tiempo, lo único en lo que puedo sentir algo de júbilo es en estar bajo su dominio, sabiendo bien que no sufriré más miseria y abusos.
Augusta frunce el ceño.
──Agosto, esclavo moro, deja tus intentos lamentables de ablandar mi juicio y sólo revela ante mí tus conexiones con los Ojos Abiertos, tu verdadera forma.
El hombre es de inmediato que se levanta, con su sombra incluso cubre el cuerpo de la princesa, como un manto de oscuridad aterradora iluminada con ese ojo de rubí.
──Soy el que ve pasado, presente y futuro; soy el que ve tus pensamientos y deseos más oscuros imposibles de emitir por la voz; soy quien consideran iluminado; soy quien ve los mundos que rodean a este mismo; soy el que ve a través de las estrellas y los distintos cielos; Se bien que tú, noble princesa asustada de mi poder, fuiste una mujer común en otra existencia, gozabas de libre albedrío a comparación de aquí pero estando atada al hilo dorado que fue roto y ahora no puedes hacer más que escribir tu propio camino junto con un hombre que desea matarte.