Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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Augusta ha despertado con cierta pesadez, las sábanas que rodean su cuerpo se deslizan cuando ella extiende su mano hacia la almohada vacía de la cama.
Amargura se llena en su garganta.
──¿Alteza?.
Augusta hace que pasen sus damas, deja que elijan su ropa y la joyería del día.
──¿Cúal es el cronograma?.
──Desayuno con su hermano, mencionó que quería discutir un tema con usted. ──Kali comienza a recitar, leyendo el papel diligentemente mientras las demás damas se ocupaban de preparar a su princesa para el día──. Al mediodía recibirá a la delegación de su majestad y su excelencia el Archiduque que llegan antes de lo previsto por la partida de su Alteza el príncipe.
──Y con toda una historia.
Augusta asiente en un breve suspiro, se había enterado del problema por una carta enviada de parte de Bianca. «Desde la perspectiva del marquesado Manchike, Estrusco habría traído a Julia Helena, una heredera, utilizando a Alfonso como un cebo, la habría secuestrado para obligarla a casarse con el Archiduque César.»
──Bien, he de suponer que habrá un banquete en el palacio principal.
──Justo como lo sospechaba usted, la zorra roja está demasiado orgullosa y su control en el palacio es más fuerte que nunca.
Augusta estaba al tanto porqué Bianca, en una carta que llegó justo después de la partida de Alfonso, le contó toda la situación a detalle, por supuesto que la quemó después para no dejar evidencia documentada.
«Apenas se ha ido Alfonso y estos buitres hacen sus movimientos sobre León III.»
──Yo también soy muy fuerte, mucho más fuerte que ella.
──Sí, mi princesa. ──Shezi murmura con cautela pero también admirada de la determinación que expulsa la noble con sólo hablar.
──¡Por supuesto! ──. Kali exclama con vivez y emoción──, ¡Usted es más hermosa y fuerte!.
Augusta sonríe, termina de acomodar el collar de zafiros y perlas adornando su cuello y cayendo hasta la mitad de su pecho a juego con su vestido largo con bordados y tela característicos de su país natal, esto porque su querido hermano le había traído telas nuevas y vestidos que tenía en su hogar.
Dejando su habitación ya tenía a su séquito siguiendo sus pasos.
──Sir. Bernardino.
──Saludos a su alteza, la princesa de Estrusco.
Augusta ve por un momento atrás suyo, estando a las puertas de su habitación, el pasillo estaba invadido por la formación de soldados, tanto estruscos como karrianos. Eran diez en total, en fila, esperando las órdenes, sus órdenes.