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Regla de Oro

Han pasado tres años, ahora Augusta podía gatear como era normal en un bebé de su edad, ya había cumplido hace un mes oficialmente dos años de vida

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Han pasado tres años, ahora Augusta podía gatear como era normal en un bebé de su edad, ya había cumplido hace un mes oficialmente dos años de vida.

Conociendo más a su familia se sintió agradecida de que fuera amorosa y unida, su hermano mayor Calix tenía ahora trece años y su hermana mayor Mirana tenía doce años, ellos tenían discrepancias en ciertos momentos pero se unían cuando ella estaba en la situación, parecía que olvidaban sus diferencias por su bienestar al ser la más pequeña. Calix siempre buscaba mimarla y encontrar objetos exóticos para darselos como regalo mientras a Mirana le gustaba coserle uno que otro pañuelo, según ella, debía tener muchos porque así podría invitar a chicos a bailar sin problemas cuando aprendiera a caminar correctamente.

Caius, su querido padre, él hacía en todo lo posible por visitarla y organizar cenas familiares para verla, Augusta entendía que los deberes de un Rey eran demasiados y el pobre hombre no podía darse a vasto pero aún así lo hacía con gusto, según él, el deber de un Rey siempre es velar por el bienestar, salud y riqueza de su pueblo, todo en cuanto él tiene es por ellos y debe ser recíproco con ese sentimiento, un gran sentido noble del deber.

Su madre, Cornelia, algunas veces era estricta pero siempre dejaba ver el cariño y amor por sus hijos siendo en iguales proporciones. Augusta comprendía a su madre, era complicado estar al tanto de tres niños al mismo tiempo, ocuparse de gestiones internas del palacio y las obras de caridad que realizaba para la gente, pero aún así ella siempre sacaba tiempo para arruyarla, darle leche, cantarle e incluso algunas veces bailar con ella, según su madre que ella la viera bailar aumentaría más sus ganas por caminar y así enseñarle correctamente lo que una mujer del reino necesita para ser virtuosa.

«Gracias a las historias de padre y Calix entiendo la necesidad de que se de reproducción a temprana edad, la tasa de natalidad en el Reino es baja y en estos tiempos aceptar a cualquier extranjero no es muy recomendable, como dice padre, hay relaciones tensas entre muchos reinos extranjeros y varias familias han huido para evitar que sus hijos y esposos sean reclutados para la guerra.» Augusta comprendió que los tiempos no eran buenos y a pesar de que su padre había impedido una terrible invasión al Reino de Karras recientemente, aún no podían relajarse, debían estar preparados ante cualquier incidente.

──De nuevo nuestra Augusta esta pensativa.

──¿Qué tanto puede estar en esa pequeña cabeza?.

«Hermanos.» Augusta se molesta un poco por ser de la nada tocada por ellos, los amaba, pero a veces no conocían el espacio personal.

──Basta niños, dejen a su hermana comer. ──regaña Cornelia que pronto comienza a alimentarla con papilla.

«Gracias madre, te quiero.» Augusta acepta la papilla hasta con gusto al poder respirar.

──Niños deben cuidar de su hermana, no hostigarla.

❝𝐅𝐈𝐀𝐁𝐀❝ 𑁍╰─── • ⁽ ʸᵒ ˢᵒʸ ˡᵃ ʳᵉⁱⁿᵃ ᵉⁿ ᵉˢᵗᵃ ᵛⁱᵈᵃ ⁾Donde viven las historias. Descúbrelo ahora