Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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«César sabe de la campaña del Sultán.»
Augusta mantiene su paso prudente mientras es escoltada por guardias reales hasta los aposentos de León III, ésto después de que al tercer día posterior al enfrentamiento con César le concedieron una audiencia privada con él.
«Ariadne posiblemente me ha traicionado y se fue al bando de César.»
Cuando los soldados detienen su paso, ella lo hace, uno de ellos abre la puerta que lleva a la habitación del monarca.
«Pero lo importante ahora es saber que tanto César le contó a León III como para que él cediera a su petición.»
Augusta estaba por descubrirlo.
Entra de a poco, da sus respetos debidos ante el hombre mayor que descansa en cama, escucha una breve tos seca e incluso un movimiento brusco del colchón.
«No parece haber mejorado, Sir. Delfinosa mencionó que León III lleva días así y que así mismo intentan mantener en secreto esta situación.»
──Saludos a su majestad.
Ese mayor parece haber reconocido la voz de la princesa, pues se removió un poco más de lo habitual e incluso alzó su mano derecha: regordeta, sudorosa y también con los músculos temblando como si estuviera en medio de la nieve.
──Augus... Augusta. ──León III hace todo el esfuerzo. ──Hija mía... Linda niña... Ven.
Augusta obedece, se acerca más y por cada paso que da cerca de esa cama donde convalece León III, contiene poner mala cara ante el hedor que expulsa.
«¿De verdad Sir. Delfinosa creyó que estaba bien? ¿Qué clase de médico está tratándolo?.»
Para Augusta las cosas se le van aclarando, como plasmar una imagen en un telar, va colocando cada tela de color poco a poco hasta dar con un resultado. Y para variar, el resultado que ella estaba obteniendo no le estaba gustando.
«Preguntar como se encuentra es inútil...»
──Su majestad, espero que se encuentre bien de semblante. ──Augusta es prudente, en vez de sentarse en el silla, se arrodilla de forma simple y busca quedar lo más cerca de la vista del mayor──. Mi presencia es por una inquietud que ha surgido a causa de su orden. ──Habla con calma, sin prisa, esperando que sus palabras lleguen.
De alguna forma, León III comprende lo que la princesa le dijo, ahora busca tomar asiento de a poco.
──La petición... ──León III impone fuerza en sus brazos para al menos tomar asiento, pero falla y es la princesa que le ayuda a esa simple acción──. Si, recuerdo eso.
──César dijo que era necesario.
──Temía por ti, hija... ──Habla tembloroso. ──Que fuera demasiada carga... Lo entiendo, eres joven... No podrías con tanto.