Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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──Cómo eres una retornada a medias, esa otra persona con la que compartes esta segunda vida es considerada como tu otra mitad. ──Explica Augusta a la Condesa de Mare, empujando la gran puerta de hierro oxidado──. No le tengas simpatía, no importa lo que te diga, es una mala persona.
Ariadne tiene su corazón latiendo, el picor en sus marcas plasmadas en su brazo donde recibe su karma comienza a intensificarse, nunca se había sentido con tanta incertidumbre e incluso miedo, ese miedo sólo lo sintió al borde de su primera vida.
Y de nuevo, volvía a estar envuelta en esa situación.
Cuando Augusta se mueve a un lado, lo ve.
Era un hombre, eso lo sabía por la princesa, pero jamas habia imaginado que fuera un hombre moro, su tez oscura, marcada por los golpes de la vida que lo llevaron a la esclavitud, le produjeron un dolor inexplicable. Seguido, sus ojos exóticos, uno del par brillaba tanto una un precioso rubí, fijándose mejor, se trataba de la joya auténtica aplastada en la cuenca por una cicatriz. Corpulento y alto, podría ser fácilmente pasado por un cautivo soldado de guerra ahora dominado por sus enemigos. Sin embargo, su sorpresa no acabó, porque vio en esas manos llenas de cicatrices que nunca mejorarán, mil marcas rojas del mal karma, las mismas que tiene ella, esto en la misma izquierda, mientras que en la derecha hay un brillo indescriptible.
──¿Ves las marcas?.
──Sí… Son las mismas que tengo. ──Ariadne avanza a explicarse con la princesa. Augusta da un paso adelante.── Bien Agosto, tu hora ha llegado, el hilo de tu destino será cortado.
──Su alteza, ¿De qué habla?.
Augusta encara a la Condesa de Mare, confundida por verla repentinamente alterada.
──Uno de los dos se tiene que sacrificar antes del día del Juicio, eso lo dijo la anciana mora, ¿Recuerdas?.
──Ella dijo los términos…
──Me tomé la libertad de preguntarle, él me dijo que era por medio de un sacrificio. Lo mejor es asesinarlo y así arreglamos este asunto.
Ariadne da una mirada fuerte hacia el esclavo moro.── ¿No piensas pelear?.
Agosto niega en silencio, aunque pronto abre la boca.
──Le pedí a la princesa que me dejara conocerte antes de morir, ya asumí mi muerte, eso no lo dudo porque mi futuro está escrito. Pero, no moriré ahora.
Augusta alza una ceja. ──¿Qué dices? Yo tengo tu vida en mi poder, le diré a mi marido cualquier excusa y te cortará la cabeza.
──Princesa asustadiza, ¿Acaso olvidaste la profecía?.
Ariadne está confundida mientras que Augusta intenta controlarse, intentando mantener el control a pesar de ese golpe verbal.