Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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Horas antes del juicio
León III se había levantado con el pie izquierdo. Su secretario le avisa que alistaban todo para el juicio contra su amante, Isabella Contarini, a razón de que había intentado asesinar a la princesa Augusta al ahogarla con sus propias manos, un acto desenfrenado de ira no propia de una mujer.
──¿Cómo está Isabella?.
──Estable, intenté disuadir a su alteza y el príncipe Calix de que no le ejercieran torturas hasta hoy.
──Iré a verla. ──Anuncia, estaban a unas dos horas en lo que todo se preparaba, necesitaba tiempo para pensar fríamente qué hacer.
Antes de dejar sus aposentos, su secretario volvió a hablar.
──Su alteza, el príncipe Alfonso, me ordenó que le dijera que mañana a primera hora se dará el juicio de manera pública y que considere que no tomó justicia por cuenta propia y permitió que se haga de manera legal
León III frunce el ceño, enfurecido.
«¡Todos tomaron decisiones sin mi autoridad! ¡Yo soy el Rey!.» León III se estaba volviendo un viejo paranoico.
Pero de nuevo, respiro profundo. Repasa la situación.
Isabella es su amante, una Condesa que por alguna razón, estalló contra la princesa Augusta.
La princesa Augusta es la representación de su propio título, delicada y virtuosa, era imposible que ella atentara al juicio de otros.
No podría pedir clemencia por Isabella por dos motivos, Augusta era ya aceptada en los plebeyos por los regalos de la dote y se ganó considerable respeto de la nobleza que aún tenían sus dudas, pero ya comenzaban a bajar la guardia ante la devoción de Augusta por Alfonso. En segundo lugar, el príncipe heredero del Reino Karras estuvo en el momento de los hechos, vio a su hermana querida estar herida y que nadie asesinara a la mujer que tuvo la osadía de atacarla, por lo que escuchó de su secretario, está furioso y exige que se cobre la vida de Isabella, de perdonar la falta de Isabella, el príncipe Calix se podría enojar tanto que se llevaría a su hermana junto con toda la dote tan exquisita, todo ese poder que recibió en sus manos se esfumaría por la estupidez de una amante.
Augusta es una princesa legítima, mientras que Isabella… ¿Qué clase de mujer era ante la nobleza?.
Absolutamente nada.
──¡Su Majestad!.
León III había llegado a la decisión que le daría poder y sostenibilidad.
──¡Oh, majestad! .──Isabella llora, aferrada en los barrotes de la asquerosa celda.── ¡Sálvame! ¡Yo le amo!.