Augusta Belona Bianca
"La nacida en la guerra"
──── En esta vida nueva deseo protegerlo a él de todos los males existentes en este mundo que conozco sólo en los libros, así deba arrebatarle todo a la protagonista, ser cruel también es parte de ser...
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Alfonso y Ariadne estaban frente a frente con el Duque Eudes, el hombre estaba ansioso, parecía que perdía de a poco la cordura y no era para nada exagerado, tener a una hija desequilibrada caprichosa le quitaba los años de juventud y agregado a eso lidiar con un Rey sumergido en la demencia era aún peor de soportar.
Eudes, tan solo por ese momento, dependía de Alfonso de Carlo, que él aceptara su propuesta y haría todo lo que este a su alcance para conseguirlo.
Alfonso por otro lado poco le importaba, por eso, llevaba a Ariadne de Mare a su lado, sabía que eso haría enojar al Duque y disfrutó de la expresión ajena de molestia pura cambiada en segundos por una sonrisa falsa bien estudiada.
──¡Alteza! ¡Y pensar que nos encontramos de esta manera! ──. Exclama Eudes, manteniendo las apariencias.── Que hermosa coincidencia ¿Qué se siente tener el futuro del Continente Central sobre sus hombros? El Papa parecía estar sonriéndole todo el tiempo.
Era una conversación meticulosa para evitar mal entendidos, ya que la reunión se decidió en un lugar público, era difícil la presencia de la honestidad.
Era tan lamentable los intentos del hombre necesitado de una respuesta afirmativa en esos pasillos solitarios, faltaba mucho para que los invitados llegaran y no había séquito de por medio porque el paso al gran salón era únicamente para los distinguidos invitados.
Ariadne de Mare, siendo ella fría y meticulosa, no pudo evitar sentir su corazón ablandarse, por ello, reafirma el agarre de brazo que tiene con Alfonso, comprendiendo que era ignorada por el Duque tan solo para ahorrarse más humillación.
──Quiero acabar con esto de una vez. ──Sentencia Alfonso.
Ariadne contiene no temblar con la voz fría del príncipe.
──¡Su Alteza! ¡Esposo!.
Una puerta lateral en medio del pasillo se abrió de golpe y apareció una mujer portando un vestido opaco de azul marino, parecido al estilo de Ariadne.
──¡Ha pasado tanto tiempo!.
Se trataba de la Archiduquesa Larissa, pero, se veía extraña, de todo su cambio de look el más evidenciado era su cabello, pasando de castaño a un negro tinta.
──¡Amor mío! ──. Chillaba emocionada por Alfonso.──¡Mi marido!.
Eudes y Alfonso concordaban en una expresión por fin, una de sorpresa pura.
Larissa no paraba de hablar en estrusco, aunque seguía siendo un intento lamentable, era aceptable.
Nadie apartaba la vista de la mujer, no porque fuera bonita o porque luciera lamentable, si no porque además de ese feo cabello negro que se le caía con sus movimientos nada agraciados, estaba tan delgada que era un milagro del Padre Celestial que estuviera viva, rozando a la anorexia si no era que ya estaba en la etapa final. Indagando mas, su piel estaba seca, los huesos acentuaban por ese vestido vulgar estrusco y era más alta de lo que ya era por esos zapatos incomodos.