Capitulo 44

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Lancelot

La reunión que organizó mi tío había terminado, pero mi mente seguía atrapada en otro lugar. Algo no encajaba. Como una pieza suelta que se niega a formar parte del rompecabezas.

Apenas crucé las puertas del castillo, mis pasos me llevaron al pueblo. No sabía con certeza qué buscaba… pero en el fondo, lo sabía.

A ella.

A esa niña de ayer

Era extraño. No la conocía. Y sin embargo… actuaba como si me conociera desde siempre.

Caminé sin rumbo, dejando que mis pies eligieran el camino mientras mi mente se enredaba en dudas. Finalmente, me senté en unas escaleras de piedra, dejando caer sobre mis hombros el peso del día.

Mi mente volvió a recordarla.

A Kristen.

No la vi en toda la mañana.

Tampoco asistió a la reunión.

Mi tío mencionó que le había dado el día libre, que no estaría por aquí. Pero su explicación no calmaba el presentimiento que crecía dentro de mí como una espina enterrada.

Tenía el impulso de salir corriendo, de encontrarla sin importar nada más… pero unos brazos suaves se deslizaron por mi espalda, deteniéndome.

Era ella.

Ginebra.

Su repentina aparición solo alimentó mi desconcierto. Aunque su actitud me irritaba profundamente, tal vez escondía algo que aún no entendía. Me llevó hasta donde se hospedaba. La casa estaba vacía. Solo nosotros dos.

—Mi nana salió de compras, así que no vayas a pensar en hacer nada pervertido estando solos… aunque, si te soy sincera, a mí no me molestaría —dijo con una sonrisa atrevida.

Me congelé. Sus palabras me golpearon de frente. Era solo una niña.

Incluso con Kristen —a quien realmente apreciaba— jamás me había cruzado por la mente algo así.

—¡¿Qué demonios estás diciendo?! —respondí, visiblemente incómodo.

Volvió a aparecer en la sala con un vestido inadecuado para su edad. La tela rozaba lo provocativo, y su actitud… aún más. Caminó hacia mí alzando ligeramente la falda, como si intentara provocarme.

—Me veo hermosa, ¿verdad? —preguntó, esperando una reacción que no pensaba darle.

La ignoré. No iba a seguirle el juego.

Se sentó a mi lado e intentó abrazarme. Era incómodo… y perturbador.

Entonces su voz cambió.

Se volvió más serena, como si algo mayor habitara en ella.

Me habló de su poder: ver el futuro. Un oráculo, dijo. Y en ese futuro… estaba yo.

—Serás mi enamorado. Nos volveremos a ver en dos años. Tendremos una relación a escondidas, y estarás loco por mí —profetizó, con una sonrisa que me heló la sangre.

Qué estupidez.

Era solo una niña. Y sin embargo… había algo en sus ojos que no mentía.

No dije nada. Solo la escuché en silencio.

Al final, me levanté, sin saber bien qué pensar.

—Nos volveremos a ver —dije, aunque era lo que menos quería.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora