Capítulo 71

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Narradora

El silencio no era oscuro. Era cálido. Dulce. Inexplicable. Kristen no sabía si flotaba o caminaba, si dormía o simplemente había dejado de sentir. Lo único claro era que por primera vez, su alma no dolía. No lloraba. No temblaba. Solo reposaba.

El lugar era imposible de describir: no había un cielo sobre su cabeza ni suelo bajo sus pies, y aun así, todo era hermoso. Los colores no eran de este mundo. La paz no era solo una sensación: era una caricia.

Cerró los ojos. Sonrió con calma. Kristen ya no recordaba cuanto tiempo llevaba deambulando en este lugar. Y no le importaba saberlo.

—Tanto tiempo —dijo de pronto una voz familiar.

Kristen abrió los ojos de golpe. El corazón, que creía ya no tener, se estremeció.

—¿Percival?

Allí estaba él, de pie frente a ella. Más alto, más firme… pero con esa misma luz en la sonrisa. Una inocencia templada por madurez.

—Esto debe ser un sueño… —susurró ella.

—No lo es —respondió Percival, acercándose con pasos livianos—. No para ti.

Ella lo abrazó. No por impulso, sino porque su alma se lanzó primero. Un abrazo cálido, eterno, como si ambos hubiesen estado esperándolo.

—¿Estás…? —empezó a preguntar.

—No como tú —respondió él, apartándose un poco—. Soy el jinete de la muerte. Es extraño de entender, ¿verdad?

Kristen parpadeó, sin comprender.

—¿Cómo es posible?

—Cuando dejé mi cuerpo, no fue por desesperación. No fue huida. Sentía que solo traía problemas a quienes amaba. Pero más allá de eso… quería entrenarme. De otra forma. Espiritualmente. Era necesario. Para regresar mejor. Y lo haré —dijo, sonriendo—. Volveré.ñ pronto y supongo que eso lo sabes.

Ella no dijo nada. Solo lo observaba, asimilando lo imposible.

—Estoy feliz de saber que Nansies me cuida mientras tanto —añadió con una sonrisa cómplice.

Kristen soltó una pequeña risa, sorprendida.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque puedo oirlo u oirla. A pesar de que mi cuerpo descansa. Es especial… como tú.

Ella bajó la mirada, y sus dedos rozaron su rostro marcada. Su único ojo.

—Entonces sabes lo que me pasó…

Percival asintió con expresión serena.

—Lo sé. Y lo siento. Jamás quise que mi ausencia rompiera tu camino con Lancelot. Nunca imaginé que él… —calló—. Lo siento.

Kristen cerró los ojos, tragando la amargura con vergüenza.

—No fue tu culpa —dijo, aunque ambos sabían que esas heridas no eran tan simples.

—Aun así, puedo hacer algo —dijo Percival con ternura.

Se acercó y, con suavidad, le sostuvo el rostro. Sus dedos brillaron al contacto con la piel marcada. Un calor suave recorrió su ojo dañado… y de pronto, Kristen volvió a ver. Al principio borroso, luego nítido. Dos ojos. Dos visiones completas.

—¡Percival…! ¿Qué…?

—Un regalo. Un pedazo de paz que mereces.

Él notó que su cicatriz seguía allí. Se la señaló con gesto suave.

Caí en tu mundo...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora