Kristen
Tenía solo siete años.
El sudor me corría por la frente mientras me encontraba en medio de un torneo de karate. El ambiente olía a madera vieja y adrenalina. Fue entonces cuando sucedió: un mal movimiento de mi contrincante, un golpe seco y certero en la parte baja de mi abdomen. Sentí el aire escapar de mis pulmones y el cuerpo doblarse en dos. Quise caer, pero las miradas de mis padres desde las gradas me lo impidieron.
Eran frías. Amenazantes. Cargadas de una exigencia que no entendía, pero que temía.
Estaban a punto de descalificarme, lo escuché, lo supe. Pero ellos se adelantaron. Dijeron que yo podía seguir. Que debía seguir. No tenía otra opción más que tragarme el dolor, sellarlo bien dentro de mí y fingir que nada me dolía.
Gané. Primer lugar. Medalla de oro.
Por un segundo, creí que eso bastaría para que ellos me miraran con orgullo. Pero sus rostros seguían tan vacíos como siempre.
Entonces lo sentí. Una humedad tibia entre mis piernas. Bajé la mirada, temblando. Pensé que me había orinado. Pero no era eso. Era sangre.
Y fue ahí donde todo se volvió negro.
Desperté en una habitación de hospital. Tenía los labios partidos, la garganta seca, y una luz blanca que dolía más que mi cuerpo entero. Una enfermera entró sin mirarme realmente.
—Si te mueves vas a abrir la piel cosida que tienes —me dijo sin alma.
No entendí sus palabras en ese momento. Era una niña. Una niña rota.
Pasaron semanas. La herida cerró, pero lo que quedó era feo, monstruoso. Mamá nunca me dejó olvidarlo. Se encargó de recordármelo con cada comentario cruel, con cada mirada repulsiva. A veces incluso se reía. A veces me miraba como si fuera basura. No entendí lo que realmente significaba... no hasta que cumplí trece años.
Ese día supe que me habían arrancado la posibilidad de ser madre. Que una parte de mí se había perdido en aquella pelea, y que nunca volvería.
Entonces empezaron las memorias. Fragmentos que rompían la oscuridad en la que había vivido. Niños, peleas, sangre. Era como mirar dentro de un pozo sin fondo. Una película donde yo era la protagonista y el monstruo al mismo tiempo.
Recordé los rostros. Recordé las heridas. Recordé la satisfacción enferma de aquellos adultos ricos que organizaban los combates clandestinos con niños de distintas edades. Una mafia, un espectáculo sangriento. Y yo era parte del show. Mis padres también.
Cada noche terminaba igual: con sus manos sosteniéndome firme, clavando agujas en mis muslos. Ahora entiendo por qué las marcas. Ahora entiendo por qué nunca recordaba nada después de las peleas. No sé qué me inyectaban, pero sí sé lo que me convirtió.
En una asesina.
Más de cincuenta niños. Todos a quienes vencí, todos a quienes maté para sobrevivir.
Si esa mujer no hubiera lanzado aquel hechizo, nunca lo habría entendido.
Ahora lo recuerdo todo.
El atardecer se extendía como un incendio apagado sobre el cielo. Me senté en el césped húmedo, los dedos clavados en la tierra, los ojos fijos en el horizonte. El viento olía a hojas y a algo antiguo. Cerré los ojos, intentando calmar el torbellino de mi mente.
Pero ahí estaba de nuevo.
Su rostro.
Su voz.
Su beso.
Lancelot.
Si no fuera por él, posiblemente no hubiera salido viva de ahí.
De momento, recordé algo que ya había pasado.
La cita de Lancelot con esa niña.
Sabía que Ginebra ya había hablado con él. Pasaron parte del día juntos. Sabía que ella le contó lo que pasaria entre ellos. Su sonrisa limpia y sus ojos perfectos, le robaría toda su atención en un futuro no tan lejano.
Ella sería su enamorada.
Y entonces me escuché pensar, con rabia:
Qué estúpida eres, Kristen.
El dolor me invadía como una fiebre, cada recuerdo, cada decisión, cada parte de mí hecha pedazos.
Y justo cuando el silencio se estaba volviendo insoportable, una voz rompió la bruma.
—¿No te parece que te estás torturando demasiado con tus propios pensamientos?
Y ahí estaba él.
Lancelot.
♡
Fue algo pequeño este capitulo pero el siguiente será más largo porque viene lo mero bueno ♡
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Caí en tu mundo...
Fiksi Penggemar¿Te imaginas ser una chica de la era actual en que vivimos y fanática de los mangas y animes que por alguna extraña razón logras caer en el mundo de Nanatsu No Taiza y que los hijos de tus dos pecados favoritos se enamoren de ti creando una rivalida...
